Argelia rompe relaciones diplomáticas con Emiratos Árabes Unidos en plena disputa por el equilibrio regional
Argelia ha anunciado hoy, 10 de septiembre de 2026, la ruptura de sus relaciones diplomáticas con los Emiratos Árabes Unidos –EAU–, después de considerar agotadas las vías para preservar los vínculos bilaterales. Argel ha acusado a Abu Dabi de desarrollar actuaciones “provocadoras u hostiles”, aunque no ha identificado públicamente el episodio concreto que ha precipitado la decisión final. El embajador emiratí en Argelia ha sido convocado y dispone de 48 horas para abandonar el Estado africano.
La ruptura, sin embargo, parece difícilmente interpretable como consecuencia de un único desacuerdo. Las relaciones entre ambos Estados ya habían experimentado un deterioro progresivo durante los últimos años, acompañado de acusaciones argelinas de injerencia y desestabilización regional. En febrero de 2026, Argelia inició además el procedimiento para cancelar el acuerdo bilateral de servicios aéreos firmado en 2013, evidenciando que la crisis diplomática ya había adquirido una dimensión institucional desde hace tiempo. Dos meses más tarde, en mayo, el presidente Abdelmayid Tebune restó importancia a la salida de los EAU de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), ensalzando la capacidad de Riad para liderar la organización.
Puntos de divergencia entre Argel y Abu Dabi
Uno de los principales puntos de divergencia es la cuestión sobre el Sáhara Occidental. Los EAU han respaldado la posición marroquí sobre el territorio y mantienen un consulado allí –ubicado en El Aaiún–, mientras Argelia continúa apoyando al Frente Polisario y defendiendo el derecho a la autodeterminación saharaui. Esta diferencia toma relevancia porque Argel y Rabat mantienen una bien sabida rivalidad estratégica que afecta a la seguridad y a la estabilidad del Magreb y sus respectivas políticas de alianzas.
Las discrepancias también se extienden a Oriente Medio. Argelia mantiene una posición contraria a la normalización de relaciones con Israel, mientras los EAU establecieron relaciones con Tel Aviv mediante los Acuerdos de Abraham en 2020 –meses después lo hizo Marruecos–. Aunque esta cuestión no permite explicar por sí sola la ruptura, forma parte de una divergencia más amplia sobre el equilibrio regional y las relaciones con las principales potencias de Oriente Medio. Además, Abu Dabi es un socio principal en los puertos y cadenas de logística marroquíes, como inversor; y un impulsor de corredores económicos y nodos industriales en el país, como el de Casablanca.
Asimismo, las relaciones de Argelia con Irán también han podido suponer un punto de inflexión en las relaciones con Abu Dabi. Desde los ataques perpetrados por Teherán a los aliados estadounidenses en el Golfo Pérsico y la Península arábiga, EAU ha mostrado una política exterior más contundente. Mientras, Argel ha consolidado coetáneamente unas relaciones más estrechas con Irán –marcadas por su oposición hacia Israel y en aspectos comunes sobre la estabilidad regional e internacional–. Además, la cercanía del país africano con Rusia y la ambigüedad de los Emiratos respecto a sus relaciones con Arabia, junto a su cercanía a socios occidentales –como Marruecos, Israel o EE.UU. —, han conformado dos políticas exteriores donde pueden presentarse disputas, debates y rupturas.
El Sahel constituye otro espacio de competencia. Ambos países, junto a otros actores –como EE.UU., Rusia, la UE, China o Arabia Saudí– han incrementado su implicación política y económica en una región caracterizada por golpes de Estado, retroceso de la influencia occidental y creciente presencia de actores externos. Sus intereses no son necesariamente incompatibles en todos los ámbitos, pero sus estrategias y redes de influencia han evolucionado de manera diferente.
Conclusiones
Por tanto, la ruptura ha de entenderse como la consecuencia de una acumulación de desacuerdos estratégicos más que como un enfrentamiento exclusivamente bilateral. Emiratos ha respondido subrayando la necesidad de que la diplomacia se base en comunicación, racionalidad y claridad de intereses, sin entrar públicamente en las acusaciones argelinas.
Las consecuencias dependerán de cómo evolucione la relación en los próximos meses. El deterioro podría reforzar la polarización existente en el Magreb y aumentar la competencia por influencia en el Sahel. Para Marruecos, supone una señal relevante de alineamiento de Emiratos con su posición regional. Para Argelia, representa una nueva confrontación diplomática en un entorno estratégico cada vez más complejo, donde las alianzas tradicionales se diluyen con posicionamientos ambiguos.
Más que inaugurar una nueva rivalidad, la ruptura formaliza una fractura que llevaba tiempo desarrollándose. Su importancia radica precisamente en que conecta varios escenarios –Magreb, Sáhara Occidental, Oriente Medio y el Sahel– dentro de una misma disputa por la influencia regional, en la cual, todavía caben nuevos actores de tamaño medio, como Arabia Saudí.





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