Trump y las Malvinas: ¿un giro de Estados Unidos en la disputa entre Argentina y Reino Unido?
- Javier Angulo Perojil

- hace 2 días
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Las Malvinas han vuelto a ser portada en la agenda internacional, aunque en este caso no tiene su razón de ser en el enésimo choque entre Buenos Aires y Londres. El protagonista ha sido Donald Trump que, preguntado directamente por la BBC sobre si Estados Unidos estaba reconsiderando su posición respecto al archipiélago, ha respondido lo siguiente: “Siempre reviso todas las posturas. Esa es solo una de muchas” (BBC News Mundo, 2026).
La frase puede parecer imprecisa, de hecho probablemente lo sea intencionalmente, pero la Casa Blanca no se da una puntada sin hilo. Estados Unidos ha reconocido históricamente la administración británica de facto de las islas sin posicionarse oficialmente sobre la cuestión de la soberanía de forma firme. Eso sí, Trump tampoco ha dicho que Washington vaya a respaldar la reclamación argentina, ni mucho menos que las Malvinas pasen a ser territorio argentino, pero sí ha vuelto a abrir públicamente la puerta a revisar una posición que durante décadas no había variado apenas.
Estas declaraciones llegan en plena tensión entre Washington y Londres sobre el gasto militar británico y por las exigencias de Trump hacia sus aliados. De hecho, informaciones previas ya apuntaban a que en el Pentágono se barajaba la posibilidad de revisar la postura de las Malvinas como medida de presión contra Reino Unido (BBC News Mundo, 2026).
En Buenos Aires, como es natural, estas palabras cayeron como una bomba de optimismo. Javier Milei habló de “algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada que tenemos los argentinos”. Días después fue todavía más lejos: “Trump declaró que los Estados Unidos están reevaluando su posición histórica con relación a Malvinas”, vinculando ese posible giro al hecho de que Argentina se haya convertido, según él, en “un socio confiable, alineado con los valores occidentales” (El Mundo, 2026). Aunque no haya habido un cambio oficial de postura estadounidense, solo con abrir esa puerta, Trump ha sacudido una disputa que parecía enquistada.
Mucho más que una cuestión de soberanía
La historia de las Malvinas, sus distintos episodios de ocupación y el origen de la disputa entre Argentina y Reino Unido -que incluso tuvo episodios de rivalidad deportiva en este contexto como lo sucedido en las semifinales de la Copa del Mundo de 2026-, ya han sido tratados de forma mucho más extensa en Naciones en Ruinas por el redactor Jordi Pascual Pérez, por lo que contar nuevamente los dos siglos de historia de esta cuestión no procedería. Sí conviene detenerse en algo fundamental para entender la dimensión de lo que acaba de ocurrir: qué representan las Malvinas para Argentina y por qué cualquier movimiento internacional en torno a su soberanía tiene una importancia especial.
La reclamación argentina se remonta al siglo XIX. Buenos Aires ejerció presencia sobre el archipiélago antes de que Reino Unido se hiciera con su control en 1833, dando comienzo a un contencioso que terminaría trasladándose también a Naciones Unidas y que alcanzaría su momento más traumático con la guerra de 1982 (Hernández Sánchez-Barba, 2012). Desde entonces, Malvinas permanece como una cuestión muy sensible dentro de la política y de la propia sociedad argentina, por eso no extraña que Milei se haya referido recientemente a ellas como la causa más importante y sagrada de Argentina.(BBC News Mundo, 2026).
También su posición en el Atlántico Sur le otorga un gran valor estratégico, vinculado a la presencia naval, el acceso a recursos naturales y la proyección de la soberanía argentina hacia los espacios australes. De hecho, la literatura histórica sobre el tema señala que detrás del contencioso han existido, junto a las cuestiones de soberanía y nacionalidad, intereses estratégicos difíciles de conciliar (Hernández Sánchez-Barba, 2012). La respuesta de Milei refleja precisamente esa lectura. Buenos Aires anunció recientemente una ampliación de los recursos del Ministerio de Defensa para levantar una base naval en Tierra del Fuego, uno de los puntos continentales más próximos al archipiélago, asegurando que esta instalación se convertirá en “el polo logístico más importante del Atlántico sur” y será “fundamental para la proyección geopolítica” del país (El Mundo, 2026).
A ello se le suma el frente de los recursos. El Ejecutivo argentino quiere endurecer las sanciones contra empresas que operen en las islas sin autorización de Buenos Aires, especialmente ante el avance del proyecto petrolero Sea Lion, impulsado por empresas israelíes y británicas, bajo la premisa expuesta por Milei “si hoy no actuamos con firmeza y celeridad, en pocos meses tendrán la capacidad material de apropiarse de las reservas de petróleo que yacen bajo nuestro mar” (El Mundo, 2026). Por eso las palabras de Trump son tan poderosas: tocan una cuestión sensible para la soberanía, estrategia de defensa, los recursos y la capacidad de proyección de Argentina.
Una oportunidad no es una garantía
Para el presidente argentino, el episodio refuerza una apuesta exterior marcada por un claro acercamiento a la Casa Blanca. El hecho de que se contemple siquiera revisar un tema tan sensible puede servir para presentar esa relación como algo útil y con resultados concretos, especialmente si se combina con una mayor cooperación en defensa. El canciller Pablo Quirno, afirmando que “la amplificación del tema claramente nos beneficia”, deja clara esta postura (EFE, 2026). Pero una cosa es ganar visibilidad y otra que se modifique de forma estable su posición.
Ahí está quizá el límite más tangible de la cuestión. La relación entre Milei y Trump empieza a ofrecer oportunidades a Buenos Aires que hace unos años eran difíciles de imaginar, pero también es en cierta parte arriesgada. La política exterior del presidente norteamericano ha demostrado con creces ser personalista y cambiante, propia de su política transaccional, por lo que las Malvinas podrían acabar funcionando como un peón más en la partida de Trump con Londres, y no necesariamente como el inicio de un giro estable hacia la posición argentina. De ahí que la advertencia de la Confederación de Combatientes de Malvinas cobre especial sentido: “las grandes potencias definen sus posiciones de acuerdo con sus propios intereses”. El tiempo dirá si esta vez las palabras de Trump terminan moviendo realmente el tablero o si todo queda en una advertencia útil para Argentina.




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