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Catar como pequeño Estado en el sistema internacional: poder energético, autonomía estratégica y proyección geopolítica en Oriente Medio

  • Foto del escritor: Rafael Loro Penella
    Rafael Loro Penella
  • 14 jun
  • 13 min de lectura

Catar es un “pequeño Estado”, situado en la península homónima que, a su vez, se extiende desde la costa oriental de la Península Arábiga hacia el norte del Golfo. Con tan solo 11,627 kilómetros cuadrados y una población cercana a los 3,1 millones, de los cuales únicamente un 12% disfrutan de su nacionalidad, este país árabe, que en 1971 logró su independencia del Imperio británico, se ha posicionado como un actor de una inmensa relevancia geoestratégica con una ambiciosa política exterior en apenas dos décadas, sorteando las dificultades y limitaciones que los pequeños Estados encuentran en el sistema internacional. 


Con anterioridad al descubrimiento de petróleo en 1938, y en línea con sus vecinos árabes, Catar se trataba de un jecato pobre dependiente de la pesca y la perlicultura, gobernado por la dinastía Al Thani desde finales de la década de los sesenta del siglo XIX. Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, la producción petrolera transformó el estilo de vida local, abandonando la categoría de “economía de subsistencia ligada a la pesca” para convertirse a día de hoy en uno de los estados con mayor renta per cápita del planeta gracias a sus abundantes recursos naturales, destacando el gas (Oficina de Información Diplomática, 2025). 


Su riqueza en recursos gasísticos –es importante recordar que Doha es el tercer productor de gas natural en el planeta y el tercero en Gas Natural Licuado– ha permitido impulsar su economía, gracias a la exportación de grandes cantidades de este hidrocarburo a países en diferentes continentes como China, Corea del Sur, Japón –sus principales clientes– además del Reino Unido, España o Bélgica, a los cuales suministra entre un 2,4 y un 5,6% de su demanda interna (Oficina de Información Diplomática, 2025). Fruto de su posición como uno de los pilares en el sistema energético internacional, ha visto cuadruplicado su PIB en únicamente dos décadas (González del Miño, 2023).


Las suculentas ganancias derivadas de la venta de carburantes han cimentado el establecimiento de un fuerte sistema de bienestar en el cual el Estado facilita una educación, sanidad, agua y electricidad gratuitas sin exigencia del pago de impuestos –resaltando la ausencia de un impuesto sobre la renta–(BTI 2024 Country Report. Catar), si bien y en sintonía con sus socios del CCG se está revisando el contrato social de cara a un futuro sin ¨oro negro”. Hasta ahora, la participación política de la sociedad catarí se ha visto determinada por el principio ¨no taxation, no representation”, por el cual el sistema de Estado clientelar distribuye a los ciudadanos las rentas procedentes de la explotación de las materias primas, compra la disidencia y logra mantener un sólido apoyo al modelo político actual.


Un "pequeño Estado" en búsqueda de autonomía y marca propia

Recién independizado, tras la salida del Reino Unido de la región en un contexto de decadencia del poder imperial británico, Catar fue testigo en el período de 1981 a 2003 de tres graves conflictos militares en Oriente Medio que confirmaron la necesidad de asegurar alianzas que garantizaran el respeto a su soberanía (Lawson, 2016). En 1981 se fundó el Consejo de Cooperación del Golfo –una organización internacional en busca de la integración política, económica y de seguridad de las monarquías hereditarias islámicas de la costa árabe del Golfo– (Saldaña, 2008), y siguiendo los pasos del resto de aliados, se robustecieron los lazos con actores externos como los Estados Unidos, quien tras la invasión de Kuwait se consolidó como el árbitro geopolítico en la zona. 


Tras dos décadas como Estado soberano bajo la influencia de Arabia Saudí, una potencia emergente con la que comparte la tradición wahabí (Roberts, 2014) y una frontera terrestre de 87 km, Doha se valió del paraguas militar norteamericano tras la firma del primer Acuerdo de Cooperación de Defensa de 1992, el cual supuso la construcción de la base Al Udeid, para desmarcarse de su anterior política de bandwagoning (Bordón, 2021), permitiéndole adoptar una mayor autonomía en sus decisiones respecto de Riad (Baabood, 2017). Fue precisamente a partir de 1995 cuando llegó al poder S.A. El Jeque Hamad Bin Jalifa Al Thani, conocido como ¨el arquitecto del Catar moderno¨ y padre del actual emir, quien desarrolló en la práctica su visión del país como un actor relevante internacionalmente y soberano en su política interior y exterior.


Por tanto, desde mediados de la última década del siglo pasado, los gobernantes de la familia Al Thani han desafiado con un éxito rotundo la premisa de que debido a su limitada extensión territorial, juventud y reducida población, Catar debía quedar subordinada a las grandes potencias, con un papel marginal en las relaciones internacionales (González del Miño, 2023). De hecho, a través de su alto valor estratégico como exportador de recursos energéticos y mediante el desarrollo de una fuerte marca-país, Al Adaam –el equivalente catarí al término “rojigualda” en España para la bandera nacional–, se encuentra presente en los más importantes foros internacionales y goza de una posición reconocida representando al país mediador en una multitud de espacios de negociación en contextos de conflicto.


En el aspecto doméstico, el Emir Hamad permitió elecciones municipales y promulgó una constitución permanente en abril de 2003 aprobada vía referéndum con el 96,6% de los votos. Destacaron sus inversiones en infraestructura, educación y el sistema sanitario. Tan solo un año después de tomar el poder, se creó de Al-Jazeera Satellite Channel network, que tuvo un profundo impacto –incluso revolucionario– en el acceso a la información en el mundo árabe (BTI 2024 Country Report. Catar; González del Miño, 2023; Congressional Research Service, 2025). 


El canal adquirió reconocimiento mundial por su cobertura en 2001 de la intervención estadounidense de Afganistán y debido a su crítica línea editorial con ciertos gobiernos de la región araboislámica así como la permisión de algunas posturas en sus espacios de debate, las relaciones exteriores del Estado de Catar se han visto periódicamente deterioradas con países como Marruecos, Túnez, Jordania, Egipto, Libia, Arabia Saudí o Yemen (Kawakibi, 2010)


Igualmente, con el objetivo de atraer las miradas sobre esta monarquía, elevando su estatus en el ámbito internacional, Doha ha albergado eventos de alcance global, ligados principalmente al deporte (Viramontes, 2019), tales como el Gran Premio de Fórmula 1, la Copa de Naciones del Golfo de 2019, el Mundial de Pádel de 2021, la Copa Mundial de Fútbol de 2022, la Copa Asia de Fútbol en 2011 y 2023, además del Campeonato Mundial de Natación FINA en 2024 entre otros.


Según el FMI los esfuerzos por reducir la dependencia de los ingresos asociados a fuentes de energía no renovables enmarcados dentro de la iniciativa `Catar Visión 2030´ presentada en 2008, han conseguido que la participación de los productos no derivados de los hidrocarburos en el PIB haya aumentado desde el 50% al 60% en la década de 2012-2022, fortaleciendo el sector financiero y de las telecomunicaciones, así como el turismo, que ha cogido impulso especialmente tras el Mundial de Fútbol de 2022 (House of Commons, 2025). 


Fondo soberano y diversificación global

La Qatar Investment Authority (QIA) con aproximadamente 20 mil millones de dólares en reservas, fue creada en 2005 gracias a los superávit presupuestarios del país ligados a los ingresos por hidrocarburos para inversiones ambiciosas a nivel nacional e internacional. Debido a ello, Catar ha accedido a la gestión de sectores estratégicos en todo el mundo, proyectando su imagen y engrosando sus activos financieros (Bahgat, 2016). Por ejemplo, tal es la presencia de las inversiones del Estado árabe en el Reino Unido que distintos medios tanto locales como extranjeros afirman que S.A. El Emir Tamim bin Hamad Al Thani, hijo del Emir Hamad y líder del país tras la abdicación de este en 2013, posee más de 1,8 millones de pies cuadrados en propiedades inmobiliarias solamente en Londres, superando al propio monarca británico (Vozpopuli, 2025).


El portafolio de los Al Thani en la capital de Inglaterra incluye el emblemático gran almacén Harrods, el 14.3% de la principal cadena de supermercados británica `Sainsbury's´ o el 20% del aeropuerto de Heathrow (The Economic Times, 2025). No menos importante, el gran número de propiedades adquiridas por la familia real en el distrito de Northwest Mayfair les ha valido incluso para imponer el sobrenombre de “Little Doha” (Britain's new channel, 2025).


Catar y la Hermandad Musulmana

La llamada “primavera árabe” a principios de la década de 2010 se expandió rápidamente por todo el mundo araboislámico desde Túnez, provocando la caída de su presidente Ben Ali, el inicio de largas guerras civiles en Libia, Yemen y Siria, al igual que la renuncia de Mubarak en Egipto (Fabani, 2013). 


En estos levantamientos populares tuvo una gran influencia la organización de origen egipcia, pero actualmente, está presente en todo el norte de África y los países árabes de Oriente Próximo conocida como la “Hermandad Musulmana” o los “Hermanos Musulmanes”. Fue fundada en 1928 por el profesor de educación elemental Hasan al-Bannā dentro del período denominado como “Egipto liberal”, una experiencia que Massimo Campanini en su libro “Historia de Oriente Medio: De 1798 a nuestros días” cataloga como un fracaso debido a la subordinación colonial de El Cairo respecto de Londres.


El contexto en el que apareció y se desarrolló la Hermandad se corresponde con la difusión del nacionalismo secularista y el retroceso del discurso islámico, la derrota de los países árabes frente al recién creado Estado de Israel en 1948, entre los que se incluía Egipto; la crisis económica tras la Segunda Guerra Mundial que fue el detonante de intensas protestas sociales; la corrupción política y el sometimiento a los intereses británicos (Campanini,2004).


Como contraposición a los espacios nacionalistas seculares de la época se presentaba el Islamismo, cuyo máximo exponente es dicha organización, que según Sergio Castaño Riaño en su artículo “La influencia de Catar en el desarrollo del Islam político en Europa y su impacto en España” se trata de una ideología que tiene como finalidad la instauración de una sociedad que esté regida por la ley islámica, regulando todos sus aspectos, desde la política hasta la economía. 


Desde su creación, la entidad ha despertado la desconfianza de varios gobiernos, convirtiendo a Catar en un refugio desde hace décadas para una multitud de clérigos vinculados a ella, principalmente originarios de Egipto, Siria, Libia o el resto de países del Golfo (Priego, 2015). 


Asimismo, y retomando la tesis de Sergio Castaño Riaño secundada por Paloma González del Miño, Catar habría establecido “una alianza estratégica” con este organismo islamista, motivado principalmente por su deseo de incrementar su presencia en la comunidad internacional mediante una táctica de distinción –ningún otro Estado confía en la Hermandad Musulmana–, y en un intento por librarse de la dependencia estadounidense que habría generado cierto malestar en algunos sectores de la población local (Roberts, 2014). Por lo tanto, resulta evidente que Catar busca promover bajo su liderazgo un modelo político basado en el Islam por todo el mundo árabe.


Desde esta premisa, la primavera árabe ha supuesto un momento único para Catar, abriendo oportunidades de expandir su área de influencia. Siendo así, se explica el por qué habría tratado de impulsar en Egipto, Yemen, Siria, Túnez o Libia partidos políticos vinculados a los Hermanos Musulmanes, de ahí que Doha y el eje Riad-Abu Dabi se hayan visto sosteniendo a dos facciones antagónicas, resultando en el Bloqueo de Catar (2017-2021).


A primera vista, una organización que se ofrece como alternativa política y promueve una islamización “desde abajo” (Campanini, 2004), haciendo partícipe a la población, conlleva un desafío para los regímenes monárquicos cuya legitimidad se asienta entre otros elementos, en la religión. Así lo han interpretado Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos quienes la declararon grupo terrorista en 2014 (Domínguez, 2018).


Una pregunta que podría surgirle al lector sería: ¿Cómo es que Catar, siendo una monarquía de base islámica podría apoyar a la Hermandad Musulmana, sin sentirse amenazada por las pretensiones políticas del grupo? 


La verdad es que durante el período de revueltas iniciado a finales de 2010 en toda la región, Catar no experimentó disturbios a diferencia de otros países vecinos del Golfo, en gran parte por la existencia de un fuerte sistema clientelar que asegura un sólido estado de bienestar en beneficio de su reducida población nativa (Roberts, 2014). Además, desde hacía ya tiempo el gobierno había integrado en sus instituciones a miembros del movimiento (Priego, 2015).


La crisis en el seno del CCG (2017-2021) y el Eje turco-catarí

Las relaciones bilaterales de las monarquías árabes del Golfo con Irán son complejas, especialmente por la retórica antioccidental, antimonárquica y la pugna directa con Riad por la hegemonía regional. Sin embargo, el factor energético explica la conveniencia para Doha de mantener una bilateralidad estable, ya que comparte con Teherán el yacimiento de gas natural más extenso del planeta. El South Pars-North Dome, descubierto en 1990 (Aali, 2005) contiene aproximadamente 1.800 millones de pies cúbicos de gas utilizable, con capacidad de abastecer las necesidades mundiales durante más de una década (National Geographic, 2026; CN, 2026)


La importancia de la cooperación en esta joya energética de titularidad conjunta ha traído resultados mixtos. Mientras ha servido como antesala para concertar espacios de diálogo sobre el programa nuclear de la República Islámica con los Estados Unidos, ha provocado fricciones con sus aliados en el CCG, especialmente Arabia Saudí, que ven en los ayatolás una amenaza latente para la región (Fromherz, 2017, citado por González del Miño, 2023)


La política de respaldo a los Hermanos Musulmanes y la distensión con Teherán provocaron una grave confrontación en el marco del Consejo de Cooperación del Golfo, con la ruptura unilateral de las relaciones diplomáticas y un embargo comercial por parte de Arabia, Emiratos Árabes, Baréin y Egipto (BBC Mundo, 2017). A este episodio reciente de la historia del CCG se le conoce como el Bloqueo de Catar, que durará desde 2017 hasta 2021, levantado con los acuerdos de Al Ula, que supondrá la retirada de las sanciones y el restablecimiento de la bilateralidad con los Al Thani.


Durante su aislamiento del resto de aliados árabes, Doha buscó nuevos socios comerciales para compensar el cierre de la frontera con los saudíes, de quienes importaban alrededor del 40% de sus alimentos. Irán, Turquía e India aumentaron entonces sus exportaciones al país, mientras este promovía una política de autosuficiencia con el programa Agriculture Company of Qatar (Ali, 2021).


En consecuencia, las relaciones con actores como Turquía, con los que el emirato refuerza su cooperación, han remodelado el balance de fuerzas en la región, un hecho representado por la aprobación en el Parlamento turco de una ley para el despliegue de tropas en Catar y el establecimiento del Comando de la Fuerza Conjunta Combinada Catar-Turquía en la base Tariq bin Ziyad (González del Miño, 2023), reforzando la presencia de Estambul en Oriente Medio y afianzando la diversificación estratégica catarí, vital para su autonomía.


Relaciones con EE.UU. y mediación en el conflicto palestino-israelí

Cuando se habla del constante intervencionismo de Estados Unidos en Oriente Medio, no puede obviarse su estrecha relación con Tel Aviv y su determinación a garantizar su seguridad. El compromiso de Washington con el Estado hebreo se resume en la definición de una posible normalización de las relaciones entre Riad y Beit Aghion como “un interés de seguridad nacional” en palabras del ex presidente Biden (Congressional Research Service, 2023).


El acercamiento con la Casa Blanca cristalizó con el ya mencionado Primer Acuerdo de Cooperación de Defensa de 1992, que dio pie a la creación de la Base Aérea de Al Udeid – al suroeste de Doha–. Inaugurada en 1996 y capaz de albergar a unos diez mil efectivos, destaca por su papel central dentro del dispositivo militar estadounidense en Oriente Medio, constituyendo uno de los principales centros de operaciones aéreas del US Central Command. A ello se suma la relevancia logística de Camp As Sayliyah, consolidando al país como un nodo estratégico prioritario.


De acuerdo con Alberto Priego Moreno en “Hamás: La franquicia palestina de los Hermanos Musulmanes”, el Movimiento de Resistencia Islámica, conocido internacionalmente como Hamás, es una organización vinculada a los Hermanos Musulmanes y por tanto suscrita al islamismo. Ha sido considerada como grupo terrorista por un gran número de países como Estados Unidos, Japón, Emiratos Árabes Unidos o Egipto.


Igualmente, Castaño Riaño afirma que el gobierno catarí ha establecido contactos con Hamás, Hezbollah y el presidente Omar al Bashir con el objetivo de consolidar su independencia como actor internacional, actuando además de mediador en conflictos como el de Doumeira entre Eritrea y Yibuti, la consecución de la Paz de Darfur en 2011 o Somalia. Por otro lado destaca su esfuerzo por reconciliar a Fatah y Hamás, las facciones políticas principales en el territorio palestino (Zweiri y Al Qawasmi, 2021).


Respecto al conflicto palestino-israelí, con sensibilidad por la causa de los primeros, Catar ha condicionado cualquier normalización de las relaciones con el Estado hebreo al establecimiento de un Estado palestino independiente y el respeto de las fronteras previas a 1967, en concordancia con la Iniciativa de Paz de la Liga Árabe impulsada en 2002 (House of Commons, 2025), rechazando adherirse a los Acuerdos de Abraham en 2020.


Desde 2012, Catar alberga una oficina política de Hamás como parte de un acuerdo con los EE.UU. del ex presidente Obama, bajo el pretexto de favorecer así que la comunicación se mantenga abierta para poner fin al conflicto (Al Jazeera, 2025).


Los ataques de Hamás contra Israel el 7 de octubre de 2023 y la posterior ofensiva militar hebrea motivaron la mediación catarí para tratar de conseguir, al igual que con la Guerra de los 11 Días en 2021, un alto al fuego. Desde entonces ha alzado la voz con firmeza en desaprobación de la conducta del ejército israelí, condenando ataques contra civiles y desde el inicio de la guerra en 2023, ha denunciado ¨los intentos de desplazar por la fuerza al hermano pueblo palestino de la Franja de Gaza¨, responsabilizando exclusivamente a Israel por la escalada del conflicto y exigiendo la flexibilización del bloqueo de la franja para proteger a los ciudadanos, haciendo referencia al derecho internacional y el derecho internacional humanitario (Congressional Research Service, 2025). La administración Biden agradeció la intermediación de Doha en dos ocasiones –2023 y 2024–.


Respecto al rol del Estado árabe del Golfo en el escenario internacional, el entonces ministro de Defensa del Reino Unido, James Heappey, afirmó en marzo de 2024 que Catar "ha sido un socio increíblemente útil en una gran cantidad de asuntos durante los últimos años" (House of Commons, 2025), como así lo evidencia la presencia de oficiales cataríes junto a Egipto y Estados Unidos en las fructíferas negociaciones de alto al fuego en noviembre de 2023 y principios de 2025, incluyendo la liberación de 250 presos israelíes (incluídos los cuerpos de los fallecidos) en manos del grupo islamista por 2.000 palestinos (Congressional Research Service, 2025).


Ante las acusaciones de financiación encubierta de Hamás, el gobierno de Catar negó tales afirmaciones, argumentando haber destinado fondos calculados en treinta millones de euros mensuales durante los años previos para apoyar económicamente a las familias palestinas y el pago de salarios en el sector público (House of Commons, 2025).


Conclusiones

Desde el ascenso del Emir Hamad al liderazgo de Catar a mediados de los años noventa, se ha producido un crecimiento económico constante apoyado en las exportaciones de gas natural y licuado, acompañado por la búsqueda de autonomía respecto de Arabia Saudí mediante el alineamiento con EE.UU. y el inicio de una política exterior pragmática y autónoma, apostando por el respaldo a grupos marginados por los demás Estados y con una nueva visión del Islam que extender a todos los ámbitos de la sociedad en el mundo araboislámico. Sus vínculos con la Hermandad Musulmana y el acercamiento con Teherán han creado fuertes fricciones con sus aliados del Golfo en el pasado reciente, enfrentando un bloqueo que aprovechó para fortalecer sus lazos con terceros actores como Turquía y avanzar hacia la autosuficiencia. 


El actual emir desde 2013, S.A. El Jeque Tamim Bin Hamad Al Thani ha continuado con las políticas de su padre y fortalecido la presencia internacional de Catar, ejerciendo como anfitrión de una infinidad de eventos deportivos de gran relevancia, entre los que destaca el Mundial de Fútbol de 2022. Asimismo, ha desempeñado un papel de mediador protagonista en el conflicto Hamás-Israel al mismo tiempo que ha defendido con firmeza la causa palestina.


Catar puede ser descrito como un ¨pequeño Estado¨en tamaño y población, pero ha demostrado que sabe codearse entre las grandes potencias, ganándose su respeto, y que puede hacer frente a los desafíos con éxito, por muy complejos que sean.

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