China: ¿El dragón por el Pacífico Sur?
- nacionesenruinas
- 23 ago 2025
- 10 Min. de lectura
Durante los últimos quince años, el Pacífico insular se ha convertido en un nuevo escenario de competencia estratégica para ciertas potencias. Entre ellas, destaca China, quien ha multiplicado su presencia diplomática, económica y de seguridad en la región, mientras que Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y otros socios refuerzan sus compromisos con los países oceánicos. En este contexto, los gobiernos del Pacífico han buscado maximizar beneficios y preservar autonomía propia, recordando que para ellos la seguridad pasa, en gran parte, por los efectos del cambio climático y el futuro incierto de su propio desarrollo sostenible.
Un poco de historia
La presencia china en Oceanía no es totalmente novedosa, pero su expansión se ha acelerado desde los años 2000 y 2010. A través de créditos concesionales, becas, cooperación policial y proyectos de infraestructura, Pekín ha comenzado a posicionarse como un socio alternativo frente a los donantes tradicionales —Australia, Nueva Zelanda, Japón y Estados Unidos—.
De hecho, aunque se cree que navegantes chinos ya tuvieron contacto con pueblos insulares de la región durante los siglos XVI y XVII, el verdadero contacto entre culturas comenzó en el siglo XIX, cuando miles de chinos emigraron a Australia y Nueva Zelanda motivados por la fiebre del oro durante las décadas de 1850 y 1870. Asimismo, durante finales del siglo XIX y principios del siglo XX, comunidades chinas comenzaron a asentarse en Papúa, Tonga, Fiji y Samoa, generalmente como trabajadores contratados para plantaciones azucareras o de copra –fruto del coco seco–.
No obstante, pese a la presencia china en la región en términos históricos, el giro se consolidó en 2019, cuando el Foro de las Islas del Pacífico –PIF– adoptó la Declaración de Boe, que amplió el concepto de seguridad regional e identificó el cambio climático como “la mayor amenaza” para el bienestar y la supervivencia de los pueblos insulares. Esa declaración refleja dos realidades: la preocupación por las crisis climáticas y los efectos adversos de la meteorología e impactos ambientales, así como el reconocimiento de un espacio geopolítico “más complejo”, marcado por la entrada de actores con intereses en el control o manejo de la seguridad de la zona, sea por intereses, presiones o ambiciones futuras.
De tal forma, en 2019 se sumaron y produjeron dos movimientos diplomáticos decisivos: las Islas Salomón y Kiribati rompieron relaciones con Taiwán para reconocer a la República Popular China. Con ello, Pekín consolidó un nuevo avance clave en su objetivo de reducir el espacio internacional de Taipéi. Actualmente, tan solo tres Estados de Oceanía mantienen su reconocimiento a Taiwán: las Islas Marshall, Palaos y Tuvalu. Además, Nauru se sumó al reconocimiento de la RPC en 2024, sumando un nuevo hito diplomático para el gigante asiático.
Desde entonces, la competencia se ha intensificado. En 2022, Pekín y Honiara –Islas Salomón– firmaron un acuerdo de seguridad que abrió la puerta a la cooperación policial y la posibilidad de escalas navales chinas, así como de despliegue de personal militar y policía armada, generando recelos por parte de Canberra y Washington —Australia y EEUU—. Paralelamente, EEUU y otros aliados anunciaron nuevas estrategias, fondos y mecanismos de coordinación para no perder el terreno.
Si bien el acuerdo entre China y las Islas Salomón es improbable que se traduzca en una base militar china en la región, ha cobrado importancia, especialmente por la cercanía de las islas a las costas australianas –mayor competidor regional de China–.
Por su parte, pese a que las ambiciones chinas han de analizarse con cautela y de momento no presentan indicios inminentes de militarización de la zona, hemos de mencionar las bases estadounidenses en la zona. Washington mantiene bases militares por la zona en Guam –territorio estadounidense–, Australia, las Islas Marshall y Hawái –territorio estadounidense–. De hecho, el comando del Indopacífico ubicado en Hawái abarca la mayor extensión del planeta en cuanto a comandos militares se trata. Asimismo, en 2020 Palaos le presentó a EEUU la posibilidad de construir una base en su territorio, sumándose al ideario americano que también mira hacia los Estados Federados de Micronesia para sumar puntos militares estratégicos.
De igual forma, Australia trabaja estrechamente con EEUU en la modernización de la base militar de Lombrum, en Papúa Nueva Guinea. Mientras, Canberra se acerca a Washington y Londres, como dejó claro tras la formación del AUKUS en 2021, formación de ayuda para que Australia adquiera submarinos de propulsión nuclear o, o, cuando EEUU decidió desplegar seis B-52 en el norte del gigante oceánico.
Los objetivos de Pekín
De acuerdo con la evidencia de los últimos tiempos, la influencia de China en el Pacífico responde a varios objetivos interrelacionados entre sí:
Asegurar apoyos diplomáticos frente a Taiwán: “una sola China”.
Ganar acceso económico y estratégico mediante proyectos de infraestructura crítica.
Expandir la cooperación de seguridad y policial, con formación, equipos y acuerdos.
Consolidar una narrativa de “desarrollo compartido”.
Conseguir el fallido acuerdo multilateral regional perdido en 2022.
Disminuir la expansión militar australiana.
Evitar el retorno “duro” de EEUU en una región que tenía en segundo plano.
Fomentar la compra de deuda a países insulares en contra de otros socios.
Encontrar un espacio seguro para otros intereses comerciales y militares en el Índico.
Diversificar el número de “frentes” en caso de conflicto diplomático o bélico.
Casos por Estado
Islas Salomón: el ojito derecho de Pekín
El cambio diplomático de 2019 y el pacto de seguridad de 2022 con China plasman la nueva etapa de unas crecientes relaciones. Este acuerdo levantó preocupaciones por la posible presencia militar china a largo plazo en el Pacífico Sur. Además, la alianza con Pekín se convirtió en debate central y político interno en las elecciones de 2024 en el país insular.
Las Islas Salomón son probablemente el Estado con mayor peso geopolítico del momento. Sin embargo, pese a los ecos de la posible construcción de una base militar de Pekín en el país, todavía parece estar muy lejos esa consecución. Las Islas Salomón mantienen un 90% del país bajo tierra de propiedad consuetudinaria, por lo tanto, los derechos de la tierra no están titulados, siendo ilegal venderlos o arrendarlos a extranjeros. Asimismo, incluso las tierras bajo propiedad gubernamental, presentan grandes complejidades administrativas y burocráticas, manteniendo disputas territoriales internas constantes.
El borrador del acuerdo de seguridad estableció que “China podrá, según sus propias necesidades y con el consentimiento de las Islas Salomón, realizar visitas de barcos para llevar a cabo el reabastecimiento logístico, la escala y la transición en las Islas Salomón, y las fuerzas pertinentes de China podrán utilizarse para proteger la seguridad del personal chino y los principales proyectos en las Islas Salomón”. En consecuencia, queda plasmada la influencia china y su persuasión hacia gobiernos que precisan y observan en las inversiones chinas una oportunidad política.
No obstante, no se ha de subestimar a China, puesto que sus empresas están en expansión en la zona y algunas responden a sus intereses nacionales directamente. Por ejemplo, en 2019, China Sam Enterprise Group pretendió arrendar la isla de Tulagi —Islas Salomón– por setenta y cinco años. Aunque el acuerdo no contemplaba bases militares y fue declarado ilegal, los subsidiarios de China Sam tienen un cierto historial de actividades con participación en proyectos estratégicos internacionales chinos. De igual forma, la relación con las Islas Salomón también se tensó tras la filtración de una carta de la empresa AVIC-Intl Project Engineering Company a la provincia de Isabel, donde se mencionaba la disposición china a colaborar en infraestructura, deportes, educación y cooperación militar con China.
Además, China también ha colaborado ayudando a la Real Fuerza de Policía de las Islas Salomón, mediante formación y equipamiento. En 2021, frente a unos disturbios en Honiara, Pekín intensificó su ayuda. Al año siguiente, en 2022, Pekín donó vehículos, motocicletas y recibió policías de las Islas Salomón en China para formación. Esto último ocurrió tras la entrega por parte de Australia de unos rifles y vehículos enmarcados en el Programa de Asociación Policial de la Policía Federal Australiana.
Kiribati: giro de 180º
En 2019, Kiribati rompió sus relaciones con Taiwán y reconoció a Pekín tras la elección de Taneti Maamau. El giro fue aplaudido por el gobierno chino como un triunfo del principio de “una sola China”, y se acompañó de nuevas promesas de cooperación en infraestructuras y desarrollo, como el Betio Sports Complex o la apertura de la embajada china en el país en 2020.
Samoa: intenciones forzadas
La isla protagonizó un caso de “pragmatismo selectivo”. En 2021, la primera ministra Fiame Naomi Mata´afa canceló el proyecto de un puerto de gran escala en Vaio Bay, financiado por China, alegando que era excesivo para el país y que aumentaría la deuda. Un proyecto de ese calibre ya se había informado al anterior primer ministro samoano de que era inviable por el Banco Asiático de Desarrollo, por lo que tras la victoria de Fiame, la primera ministra tuvo que cancelar el puerto por valor de más de 100 millones de dólares de inversión china. Aun así, el gobierno mantuvo un tono constructivo hacia Pekín y dejó abierta la puerta a otras formas de cooperación. Si bien, la última reunión en noviembre de 2024 entre los mandatarios de ambos países puede haber abierto la posibilidad a que Samoa vea con mejores ojos un futuro acuerdo multilateral entre las islas del Pacífico y China.
Fiyi: ni contigo ni sin ti, Pekín.
Fiyi es un ejemplo en el terreno de la seguridad y de la búsqueda de un equilibrio neutral. En 2011, firmó un memorando de entendimiento policial con China. Durante más de una década, ese acuerdo permitió intercambios de formación y presencia de asesores chinos en Suva. Sin embargo, el actual primer ministro, Sitiveni Rabuka declaró que las ambiciones militares chinas no eran bien recibidas en el Pacífico. Rabuka se opone a la presencia china y afirmó que Fiyi no permitirá que eso suceda, afirmando que cree que China es totalmente consciente de ello, dejando clara la postura del país insular sin afectar directamente a las relaciones bilaterales con Pekín y otros socios como Canberra, Wellington o Washington.
Sin embargo, en enero de 2023, el nuevo primer ministro Sitiveni Rabuka anunció la suspensión de la cooperación, argumentando que su país debía priorizar sus socios con “sistemas similares” al fiyiano, en alusión a Australia y Nueva Zelanda. Tras una revisión, en 2024 Fiyi decidió mantener el memorando con China, pero con nuevas condiciones: ningún policía chino permanecería dentro de la fuerza local y los agentes enviados previamente debían abandonar el país. Solo se mantendría la formación de oficiales fiyianos en instituciones chinas. La decisión reflejó un equilibrio delicado entre la continuidad de la relación y la necesidad de proteger la autonomía institucional.
Geopolítica digital
El sector de telecomunicaciones también ha sido un terreno de gran competencia. El Coral Sea Cable System, que conecta Papúa Nueva Guinea e Islas Salomón con Australia, fue financiado en dos tercios por Canberra en 2018-2019, reemplazando una propuesta que involucraba a Huawei. Australia subrayó que el cable buscaba impulsar las economías digitales en la región, pero también fue interpretado como un movimiento para evitar la injerencia de empresas chinas en la gestión de la infraestructura.
Asimismo, las Islas Salomón recibieron en 2022, sesenta y seis millones de dólares por un préstamo chino, permitiendo construir 161 torres de comunicación en las islas a la empresa Huawei. Si bien, Canberra estuvo “rápida” y reemplazó la propuesta, mermando los objetivos chinos en cierta manera.
Declaraciones y agendas regionales: clima 1- potencias 0
La Declaración de Boe –2018– marcó un punto de inflexión en la visión regional. En ella, los líderes del PIF declararon: “El cambio climático sigue siendo la mayor amenaza para los medios de vida, la seguridad y el bienestar de los pueblos del Pacífico”. Además, ampliaron el concepto de seguridad a esferas como la cibernética, el crimen transnacional y la gestión ambiental.
Para algunos gobiernos oceánicos, esta declaración fue también una forma de recordarle al mundo que sus prioridades no se reducen a la rivalidad entre potencias, sino a la supervivencia frente al aumento del nivel del mar y la pérdida de recursos.
La respuesta de los de siempre
La entrada de China al tablero geopolítico aceleró la reacción de los socios tradicionales de la zona. En 2022, la Casa Blanca lanzó la Estrategia de EEUU para el Pacífico, la primera de alcance nacional para la región. Se abrieron nuevas misiones diplomáticas, se instaló una oficina de USAID en Fiyi y se anunciaron más de 810 millones de dólares en ayuda, con propuestas adicionales en 2023.
EEUU se apoya en alianzas regionales, su herencia y relaciones históricas con Canberra y Wellington, su influencia directa sobre Estados que fueron parte de su territorio administrativo o son de libre asociación y bajo el paraguas de alianzas como el QUAD –junto a India, Japón y Reino Unido— o los Socios del Pacífico Azul.
Ese mismo año, junto a Australia, Japón, Nueva Zelanda y Reino Unido, se presentó la iniciativa Partners in the Blue Pacific (PBP), un mecanismo informal para coordinar esfuerzos y alinearlos con la Estrategia 2050 del PIF. La idea era reforzar que el liderazgo debe estar en manos de los propios Estados insulares, mientras las potencias externas aportan recursos.
Australia, por su parte, continuó su papel de principal donante bilateral, con proyectos de infraestructura, educación y asistencia climática, así como de reforzar la cooperación en materia de seguridad y defensa regionales.
La visión de los países insulares: pragmatismo polinesio
Ante la creciente competencia, los gobiernos del Pacífico han mostrado un patrón de pragmatismo selectivo. Samoa canceló su puerto, Fiyi reformó su acuerdo policial y varios Estados, como Papúa Nueva Guinea, han diversificado sus relaciones. En todos los casos, la prioridad es obtener beneficios tangibles en desarrollo, conectividad y resiliencia climática, sin quedar atrapados en la lógica de bloques.
La Estrategia 2050 para el Continente Azul del Pacífico, adoptada por el PIF, refleja esta postura. Allí se prioriza la sostenibilidad ambiental, la seguridad marítima, el bienestar humano y la cooperación regional como ejes fundamentales.
Así pues, China parece también haber comprendido que una de las mejores opciones para legitimar su presencia es la ayuda y cooperación rápida en cuestiones relacionadas con catástrofes naturales y el despliegue de efectivos chinos de ayuda humanitaria ante tales eventos: como se plasmó en la última reunión en mayo de 2025 entre el Ministro de Asuntos Exteriores chino Wang Yi y el Príncipe Heredero de Tonga, Tupouto´a Ulukalala.
Conclusión: dragones, águilas, canguros y kiwis sin rumbo ni timón ante una nueva tormenta
El Pacífico Sur es hoy un espacio de gran relevancia geopolítica creciente para algunos países. Para China, representa oportunidades diplomáticas, estratégicas y económicas. Para EEUU y sus socios, constituye un frente prioritario de estabilidad regional. Pero para los gobiernos insulares, la prioridad sigue siendo más existencial: sobrevivir a los efectos del cambio climático, reforzar el desarrollo y garantizar la seguridad humana.
En esta tensión creciente se juega su futuro Oceanía: entre las potencias que proyectan su influencia y unos pueblos que, con pragmatismo y estrategía, incitan a marcar sus propias decisiones y prioridades.
Crédito foto portada: (Brasília - DF, 13/11/2019) Secretário-Geral do Partido Comunista da China, Xi Pinping. Foto: Alan Santos/PR/Roman Kubanskiy (Wikimedia Commons)







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