El-Fasher: escenario de una catástrofe, a las puertas de un genocidio
- Javier Angulo Perojil

- 23 nov 2025
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 26 nov 2025
Octubre de 2025, fecha en la que el mundo se estremeció con sus ojos puestos en Sudán. La ciudad El-Fasher, capital de la región de Darfur del Norte, fue el punto neurálgico de una tragedia que muchos observadores equiparan a los peores crímenes del siglo XXI. La masacre en esta ciudad en el sudoeste de este país del África Austral no fue una casualidad, más bien fue la consecuencia de 18 meses de asedio, miseria y muerte, en el cual la unidad, la integridad territorial y la estabilidad en Sudán se encuentran gravemente ultrajadas debido al aumento de la fragmentación por motivos políticos y étnicos.
El presente artículo tiene como objetivo analizar la masacre de El-Fasher dentro del contexto de la Guerra Civil sudanesa, actualizando el artículo ya existente sobre Sudán en Naciones en Ruinas, enfatizando mucho más lo sucedido recientemente, y esclareciendo la denominación que debe darse desde la perspectiva del Derecho Internacional Humanitario – Derecho Internacional de los Conflictos Armados.
Contexto: la Guerra Civil Sudanesa
Realmente, Sudán ha sido un Estado que, desde su independencia de Egipto y Reino Unido en 1956, ha sufrido diversas tensiones internas y controversias derivadas de desigualdades políticas, económicas y étnicas entre el poder central (dominado usualmente por élites islámicas) y las regiones periféricas (habitadas usualmente por comunidades africanas no árabes), lo cual provocó que hubiera diversas guerras civiles (entre 1955 y 1972, y entre 1983 y 2005, en esta última se independizará Sudán del Sur, aunque su reconocimiento internacional llegaría en 2011 como Estado independiente).
Tras 30 años de régimen autoritario, Omar al-Bashir cayó en abril de 2019, lo que abría la puerta a una esperanza democratizadora, la cual se esfumó ya que la transición hacia un gobierno civil fue absolutamente inestable. Es más, los dos partidos que irían a las elecciones serán precisamente los dos frentes de guerra que se verán posteriormente en Sudán. Dicho gobierno duró hasta octubre de 2021, cuando fue derrocado en un Golpe Militar protagonizado por ambos líderes, Burhan y Hemedti, miembros de las Sudanese Armed Forces y de las Rapid Support Forces respectivamente.
El punto de fricción entre ambos se acentuó cuando en diciembre de 2022 se pretendió realizar una reforma en el sector de seguridad, en el cual las RSF fueran añadidas denro del ejército regular, lo cual causó grandes controversias ya que Hemedti pretendía conservar su autonomía y el poder adquisitivo de su fuerza paramilitar.
Será entonces el 15 de abril de 2023 cuando, tras varias semanas de tensión y despliegues militares en Jartum, estallaron enfrentamientos abiertos entre el SAF y el RSF, dando el comienzo oficial a la guerra. Las hostilidades, según el Consejo de Seguridad de la ONU, comenzaron en la capital y rápidamente se extendieron por todo el país, lo cual deja entrever que no es meramente una pugna militar, sino también una lucha por el control económico y político del Estado y sus recursos.
La difícil historia de la región de Darfur
La región de Darfur, situada en el sudoeste de Sudán y con una población de más de seis millones de habitantes, es el epicentro histórico de las tensiones étnicas, económicas y políticas que alimentan la guerra civil sudanesa. Pero su conflicto no comienza en 2023, sino que sus raíces se remontan entre 1980 y 1990, momento en el cual, bajo el gobierno islamista de Jaafar Nimeiri, y posteriormente bajo la dictadura de Omar El-Bashir, el propio gobierno sudanés promovió la formación de milicias locales para controlar la región, realizando un armamento selectivo documentado en el informe Panel of Experts on Sudan, del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
El conflicto contemporáneo y previo al actual estalló en Darfur en 2003, cuando dos grupos rebeldes se levantaron en armas contra el gobierno en Jartum, acusándolos de discriminación étnica, marginación económica y falta de representación política. El conflicto finalizó con el gobierno de Al-Bashir apoyando y armando a las milicias árabes Janjaweed, que lanzaron ataques sistemáticos que terminaron con la vida de más de 300.000 personas al final del conflicto, así como el desplazamiento de 2’7 millones de personas, según el OCHA. Este conflicto incluso precisó de ayuda internacional desplegando diversas misiones de paz entre 2004 y 2020, con intentos de terminar la guerra desde fuera (El Acuerdo de Paz en Abuya, o el Documento de Doha para la paz en Darfur) sin éxito.
Posteriormente, el territorio estaría militarizado, y las milicias Janjaweed, por decreto de al-Bashir (quien además tiene diversas órdenes de arresto por crímenes de guerra, de lesa humanidad y un delito de genocidio), se convertirían en una fuerza regularizada, las Rapid Support Forces. De ahí la pertinencia de explicar el contexto de la región, puesto a que todo se encuentra interrelacionado, y así como la guerra civil sudanesa no puede entenderse sin Darfur, Darfur no puede ser explicado sin todo lo que se ha vivido en este territorio, desde 2003 de forma directa, y desde hace más de 45 años de forma indirecta. Fue en esta región donde se formaron las redes, liderazgos, estructuras paramilitares y dinámicas tensionadas que a día de hoy estallan diariamente.
La caída de El-Fasher y una catástrofe en ciernes
La movilización de las RSF se endureció en agosto, cuando construyeron una enorme barrera de arena elevada para bloquear cualquier ayuda humanitaria. A principios de octubre, el bloqueo era total, con ataques menores previos, como la muerte de 78 personas en un ataque contra una mezquita el pasado 19 de septiembre, o en un ataque de drones contra un campamento de desplazados a inicios de octubre. Se cortaron totalmente carreteras y accesos, y se pretendía realizar un bloqueo total que doblegara a las SAF y a la población civil, lo cual es una violación del Derecho Internacional de los Conflictos Armados y del Derecho Internacional Humanitario de forma flagrante, que fue denunciada por diversas organizaciones internacionales.
El 26 de octubre, tras 18 meses de asedio, Al-Fashir cayó en manos de la RSF. La ciudad se trataba del último bastión de las Sudanese Armed Forces, y había resistido gracias a la ayuda de grupos locales y comunidades desplazadas. La ofensiva final fue devastadora, con combates que duraban días y una población civil desprotegida una vez se retiraron las SAF. Entonces, comenzó el verdadero terror: soldados riendo mientras recorrían cuarteles abandonados, grabando filas de cadáveres, bombardeos al hospital civil de El-Fasher, detenciones arbitrarias de médicos locales denunciadas por Médecins Sans Frontières, ejecuciones explícitas y una amplia lista de crímenes contra los derechos humanos , generalmente contra comunidades no árabes, en particular masalit y fur, incluso uno de ellos en un vídeo difundido por la BBC se enorgullecía del genocidio que estaban provocando. El vacío de poder se transformó en un campo de muerte el cual, si bien antes era hermético y poco se conocía, a partir de esa mañana del 26 de octubre todo el mundo pudo ver lo que estaba ocurriendo en Sudán.
Las consecuencias humanitarias no tardaron en ocurrir: según Amy Pope, Directora General de la Organización Internacional de Migraciones, quien estuvo de visita cinco días en Sudán, desde que fuera capturada la ciudad por las RSF, más de 100.000 personas han huido de la ciudad, verificado por la ACNUR a 14/11/2025, de las cuales un 79% se refugiaron en aldeas ubicadas al oeste y norte de la ciudad, unas 38.990 personas han huido al estado de Kordofán del Norte y otro 7% han huido a Tawila, quien ya acoge a más de 650.000 desplazados del conflicto de 2003, y otros tantos se han movido a campamentos improvisados en Chad, mientras que otros miles quedaron atrapados en la ciudad, sin agua potable ni refugio. Además, copan la cifra de 13 millones de desplazados, la mayoría internos, un aumento según la ONU de un 83% de violencia sexual infantil y más de 17 millones de niños sin escolarizar.
Con la retirada de las SAF, las Naciones Unidas describieron la situación como una “zona sin ley dominada por actores armados irregulares” (informe ONU Sudán), ante lo cual las RSF están intentando limpiar su imagen, subiendo vídeos a sus redes sociales de arrestos a miembros de sus propias fuerzas que hayan cometido violaciones, aunque se trata más de un mero trámite de limpieza de imagen más que de una regularización de sus actos.
La masacre a punta de satélite
A día de hoy, ningún organismo internacional ha podido verificar los muertos que ha habido en Sudán durante la guerra, a pesar de que se estiman unos 40.000 desde el inicio del conflicto. De forma más acentuada ocurre este suceso si nos referimos a la caída de El-Fasher, pues no ha sido posible realizar una verificación independiente en este ámbito. Del mismo modo, no se conocían imágenes de la brutalidad de los hechos ocurridos en las inmediaciones y en el núcleo urbano de la ciudad hasta su propia caída.


Si bien sólo he podido recopilar la comparativa realizada en Google Maps y en el satélite de libre uso OpenArialMap sobre las imágenes tomadas de una aldea al norte de Al-Fashir, donde se puede observar la destrucción de la aldea totalmente y de su mezquita, de la cual no quedan más que restos, diversas imágenes publicadas por RTVE en este artículo y otras analizadas por Amnesty International Crisis Evidence Lab, se muestra la destrucción total de barrios, carreteras, ejecuciones masivas, cadáveres… las cuales han sido analizadas y verificadas por el Laboratorio de Investigación Humanitaria de Yale.
Estas imágenes sustentan la hipótesis de una campaña sistemática de limpieza étnica flagrante en una ofensiva de la cual no se estiman cifras exactas ni estimadas de fallecidos, debido a la imposibilidad de verificación independiente. Sin embargo, sí se estiman unas 2000 muertes (France 24), de las cuales más de 460 fueron en un hospital de maternidad.
Reacciones internacionales y diplomáticas
Las reacciones internacionales a la caída de Al-Fashir y a la violencia utilizada de forma arbitraria por parte de las RSF no tardaron en llegar, teniendo en cuenta la gravedad de los hechos y la urgencia en una respuesta internacional unitaria.
En primer lugar, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU (UNHRC) convocó en noviembre de 2025 una sesión especial sobre Sudán, destacando que existen “razonables indicios de crímenes bajo el derecho internacional” incluyendo ejecuciones sumarias, limpieza étnica y violencia sexual generalizada.
También la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos emitió una declaración denunciando las condiciones en El-Fashir, destacando que podrían constituir castigo colectivo, lo cual es una práctica contraria al Derecho Internacional Humanitario, así como la nula distinción entre objetivos civiles y militares.
En siguiente lugar, se sumaron recientemente la Comisión Europea, quien ha pedido el cese inmediato al fuego, unas negociaciones para el cese de las hostilidades, la posibilidad de entrada de ayuda humanitaria, un respeto estricto al Derecho Internacional Humanitario, y la creación de comités que faciliten una gobernancia cívica inclusiva, representativa e independiente, destacando que la propia UE ha sido la principal donante de ayuda económica a Sudán en este conflicto, y remarcando la declaración conjunta firmada entre todas las partes para el cese al fuego. De la misma forma, tanto la UE como Reino Unido y Estados Unidos han propuesto un embargo de armas a Sudán para que cesen las hostilidades.
Por último, el pasado 14 de noviembre diversos representantes de la ONU y de la Unión Africana mostraron su preocupación ante una alerta de genocidio es “real y aumenta cada día” ante el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. En este caso, hablaron diversas autoridades de Sudán que mostraron su preocupación por los hechos acaecidos en su Estado, instando a la ONU a que reconozca el genocidio y pidiendo presión contra la milicia rebelde y contra Emiratos Árabes Unidos, quien realmente les provee de ayuda militar y equipamiento estratégico.
Pese a la indignación considerable de la comunidad internacional, así como de diversas asociaciones como Amnistía Internacional, la acción internacional se ha visto considerablemente limitada por diversos obstáculos, como el bloqueo hacia la ciudad realizado por las milicias rebeldes, que ha impedido la llegada de ayuda humanitaria, con convoyes detenidos y atacados, así como la falta de verificación de los hechos debido al control de la RSF en la zona circundante a la ciudad, la ausencia de fuerzas internacionales de protección, dado que la UNAMID fue retirada en 2020- cuando finalizó la anterior guerra civil sudanesa de facto- , el apoyo logístico y financiero de actores externos a la RSF, como Libia o EUA, y la fatiga política evidente de la comunidad internacional, sumida en otras crisis globales (Gaza, Ucrania, Sahel…) lo cual está provocando una respuesta algo más tardía y menos centralizada en el objetivo común, que es el cese de las hostilidades y ataques.
¿Se trata de un genocidio?
Ésta es una cuestión bastante común cuando se habla de la crisis humanitaria que está asolando Sudán en los últimos años y, específicamente, en las semanas recientes. Pues bien. De acuerdo con la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio (1948), el genocidio se define en su artículo II como la intención de destruir total o parcialmente a un grupo nacional, étnico, racial o religioso mediante actos como:
Matar a miembros del grupo
Causarles daño físico o mental grave
Someterles intencionadamente a condiciones destinadas a su destrucción física
Impedir nacimientos
Trasladar a la fuerza a niños de un grupo a otro.
Según los actus reus de este conflicto, específicamente de la ofensiva en Al-Fashir, los hechos cumplen bastantes de estos criterios, como el asesinato masivo de civiles no combatientes, la realización de un bloqueo prolongado intencional, ataques deliberados a hospitales y campos de refugiados, desplazamientos forzosos masivos y ejecuciones selectivas por motivos étnicos.
Si bien, donde se encuentra el matiz para definir si es o no un genocidio es en el mens rea, esto es, en la determinación judicial que confirme la intencionalidad de exterminio hacia otras comunidades por parte de las RSF. Los patrones observados son bastante consistentes, pues incluso testigos aseguraron que los atacantes separaban a las víctimas por su grupo étnico antes de ejecutarlas (Human Rights Watch, 2025). Sin embargo, aunque desde una perspectiva jurídica existan indicios evidentes de la confirmación de esta hipótesis, serán las investigaciones internacionales en curso quienes determinen la calificación formal de estos hechos.
No obstante, el pasado sudanés es bastante propenso a pensar que se esté cometiendo un genocidio, teniendo en cuenta el cometido en Darfur entre los años 2003 a 2005, cuyos protagonistas pertenecían a los mismos grupos étnicos que los combatientes actuales. La impunidad del pasado y la falta de ejecución de la orden de arresto por genocidio a Al-Bashir en 2009 han servido de incentivo para la repetición de los crímenes.
A día de hoy, la prioridad inmediata debe ser la protección de los civiles, la llegada de ayuda humanitaria, el despliegue de observadores independientes y su protección, y superar la impunidad procesal para que Sudán pueda finalizar el ciclo de violencia en el que lleva décadas inmerso.
La masacre de Al-Fashir representa no sólo un episodio de violencia extrema, sino una barbarie anunciada y justificada por la marginación de esta situación, la impunidad y la militarización étnica en Sudán. Los hechos de octubre de 2025 no pueden entenderse aislados, sino que siguen un patrón de destrucción que requiere una investigación sobre su calificación legal y formal, pues la evidencia disponible sugiere que en Al-Fashir se perpetraron actos que violan de forma directa la Convención de 1948. Sin embargo, tal y como ha anunciado en su declaración reciente el Ministro de Finanzas de Sudán “Es más honorable para nosotros morir que coexistir con quienes cometen asesinatos contra mujeres, hombres, niños y enfermos" , el conflicto parece no tener un final cercano.
Desde Naciones en Ruinas nuevamente te animamos a que firmes el embargo de armas propuesto por Amnistía Internacional a Sudán, para evitar que las partes sigan extendiendo el conflicto y para poder aportar, por simple que sea a este ignorado y cruel conflicto.







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