Elecciones Brasil: Flávio Bolsonaro y Lula da Silva se disputan la presidencia en segunda vuelta tras una primera ronda marcada por el giro a la derecha
Artículo escrito por: Yusara El Aitour Maslouhi y Jordi Pacual Pérez.
Brasil ha celebrado este domingo 4 de octubre de 2026 la primera vuelta de sus elecciones generales, la cita electoral más grande de América Latina y una de las más seguidas del año a nivel mundial. Se elegían presidente y vicepresidente, la totalidad de la Cámara de Diputados (513 escaños), dos tercios del Senado (54 de 81 bancas), 27 gobernadores y más de mil escaños en las asambleas estatales.
Aproximadamente, más de 158 millones de brasileños estaban habilitados para votar—una cifra ligeramente superior a la de 2022—, incluidos cerca de 900.000 desde el extranjero. No obstante, sería un error empezar por las cifras; para entender esta elección hay que empezar--inevitablemente-- por lo que sucedido hace poco más de un año en el Supremo Tribunal Federal de Brasilia, el más alto tribunal del poder judicial brasileño.
La condena que reordenó el tablero
Para poder introducir el contexto electoral de las elecciones brasileñas cabe responder una pregunta fundamental: ¿Cómo se llega a unas elecciones en las que el expresidente saliente de la oposición no puede presentarse?
La polémica alrededor de los comicios inició el pasado 11 de septiembre de 2025 cuando, el Supremo Tribunal Federal, condenó a Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión por planear un golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022. La sentencia no fue simbólica: cuatro de los cinco jueces del panel lo declararon culpable de cinco cargos, entre ellos liderar una organización criminal armada e intentar abolir por la fuerza el orden democrático del país.
Según la fiscalía, parte de la conspiración incluía un plan para asesinar al propio Lula, a su vicepresidente Geraldo Alckmin y al juez que instruyó el caso, Alexandre de Moraes. El detonante último fue el asalto a las sedes de los tres poderes del Estado en Brasilia el 8 de enero de 2023, protagonizado por partidarios bolsonaristas—seguidores del expresidente, Jair Bolsonaro— que se negaban a aceptar la victoria de Lula da Silva.
Tras la emisión de la sentencia, Bolsonaro cumple la pena en arresto domiciliario en Brasilia, con tobillera electrónica, tras acogerse a ese régimen por motivos de salud. Cabe destacar que ya estaba inhabilitado para ejercer cargos públicos desde 2023 (hasta 2030) por difundir información falsa sobre la seguridad del sistema electoral brasileño ante gobiernos extranjeros.
Por tanto, su condena por golpismo no cambió tanto el resultado—al seguir sin poder presentarse— sino que serviría para modificar el relato de la campaña: convirtió a la extrema derecha brasileña en un movimiento que se presenta a sí mismo como “perseguido judicialmente”, y no en una fuerza derrotada en las urnas.
¿Y quién ocupa entonces el lugar que deja Bolsonaro? Es aquí donde emerge una figura familiar que resulta clave para resolver la ecuación. En noviembre de 2025, el propio expresidente respaldó a su hijo mayor—el senador Flávio Bolsonaro— como candidato del Partido Liberal (PL).
En el proceso de selección de candidatos, se descartaron otras opciones que se habían barajado; desde la propia primera dama Michelle Bolsonaro hasta el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, considerado durante meses como el rival con más opciones reales frente a Lula, pero que finalmente prefirió no competir para aspirar a la reelección en su estado.
La elección de Flávio Bolsonaro (44 años) junto con Alfredo Gaspar como compañero de fórmula, se interpretó como una apuesta por movilizar a la base más dura del bolsonarismo no sin riesgo de alejar a un electorado conservador más moderado. Su promesa de campaña más repetida no ha sido económica ni social: Los candidatos del Partido Liberal han ofrecido indultar al expresidente, Jair Bolsonaro, en caso de alcanzar la presidencia.
Lula da Silva, a los 80 años, a por un cuarto mandato
Frente a él, Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), buscaba este domingo un cuarto mandato a sus 80 años—un hito sin precedentes en la historia electoral brasileña—, después de haber gobernado entre 2003 y 2011 y de nuevo desde 2023.
Lula ha sido, de los trece candidatos que finalmente formalizaron su candidatura el 15 de agosto siendo el único respaldado formalmente por una coalición de partidos, diferencia que no es menor. La hazaña del presidente brasileño se ejemplifica con el tiempo de propaganda gratuita en radio y televisión, pues este es repartido según la representación parlamentaria de los partidos, así que las alianzas electorales determinan directamente cuánta exposición mediática tiene cada candidatura durante la campaña.
¿Llegaba Lula, entonces, con la reelección prácticamente asegurada? Los datos económicos jugaban a su favor: indicadores estables y en mejora a pesar de que las encuestas más recientes hablaban de un empate técnico. Iniciando agosto, Nexus/BTG Pactual situaba a Lula en el 46% frente al 45% de Flávio Bolsonaro en un escenario de segunda vuelta.
La propia encuesta señalaba en primera vuelta que la distancia se había reducido a un 41% frente a un 37%, un margen mucho más estrecho que el que manejaba el propio oficialismo semanas antes. El llamado "antipetismo", es decir, el rechazo frontal al PT que ha marcado la política brasileña durante casi dos décadas, seguía dominando buena parte del debate y de las narrativas en redes sociales, incluso con las cuentas judiciales pendientes de la familia Bolsonaro de por medio.
Cómo se vota (y por qué el 25 de octubre puede volver a ser noticia)
El sistema electoral brasileño para la presidencia funciona a doble vuelta: si ningún candidato supera el 50% de los votos válidos este domingo, los dos más votados, previsiblemente Lula y Flávio Bolsonaro, se enfrentarán en un balotaje el 25 de octubre. El voto es obligatorio para los brasileños de entre 18 y 70 años, y voluntario para los mayores de 16 y menores de 18, o mayores de 70. Junto a la presidencia se decidían también los gobernadores de los 27 estados, bajo el mismo sistema de doble vuelta si es necesario, la Cámara de Diputados completa y parte del Senado, lo que convierte esta jornada en un examen simultáneo de fuerzas a todos los niveles del país, no solo del pulso entre Lula y el bolsonarismo.
Una campaña marcada por la polarización y la desinformación
Más allá del duelo Lula-Bolsonaro, la campaña ha contado con dinámicas propias de esta década: se han detectado en TikTok supuestos "votantes" generados con inteligencia artificial haciendo campaña a favor de distintos candidatos, un fenómeno que ha preocupado a analistas y autoridades electorales por su capacidad de simular consenso ciudadano donde no lo hay.
En el terreno internacional, el proceso no ha sido ajeno a la política exterior: el presidente argentino Javier Milei viajó en julio a São Paulo para respaldar públicamente la candidatura de Flávio Bolsonaro, mientras que Donald Trump se ha referido en varias ocasiones a la condena de Jair Bolsonaro trazando paralelismos con sus propios procesos judiciales en Estados Unidos, un gesto que tensó aún más la ya delicada relación bilateral entre Washington y Brasilia.
Junto a Lula y Flávio Bolsonaro, otros nombres han competido por hacerse un hueco en el debate: el exgobernador de Goiás, Ronaldo Caiado, por el centroderecha del Partido Social Demócrata (PSD); el gobernador de Minas Gerais, Romeu Zema, por el liberal NOVO; y candidaturas de partidos más pequeños que han apostado por estrategias digitales para ganar visibilidad.
A destacar, la del activista antiestablishment Renan Santos, con un apoyo creciente entre los jóvenes brasileños. Trece candidaturas en total, en un campo donde solo dos; el oficialismo y el bolsonarismo heredado concentraban de forma abrumadora la atención mediática y el voto.
Lo que estaba realmente en juego
¿Se puede resumir esta elección como un simple pulso entre dos apellidos? Sería reducirla en exceso. Detrás de Lula y Flávio Bolsonaro había una pregunta de fondo sobre el propio sistema democrático brasileño: si el país normaliza— a través del voto— la continuidad política de un movimiento cuyo líder ha sido condenado por intentar dar un golpe de Estado, o si esa condena termina teniendo un coste electoral real para sus herederos.
Asimismo, estaba en juego el futuro del propio PT sin Lula al frente, una incógnita que el partido ha ido postergando elección tras elección, y el papel de Brasil en un contexto regional donde gobiernos de distinto signo, de Milei en Argentina a la propia administración Trump en Washington, han mostrado un interés directo, y no siempre discreto, en el resultado.
Resultados primera vuelta 4 de octubre
Los comicios presidenciales celebrados en Brasil el 4 de octubre de 2026 comienzan a confirmar la reconfiguración del mapa político de la nación sudamericana al arrojar un resultado significativamente divergente de las proyecciones demoscópicas previas.
Con el escrutinio concluido, el senador ultraconservador Flávio Bolsonaro—del Partido Liberal (PL)—obtuvo el primer lugar con aproximadamente el 47,03%-47,31% de los votos válidos representando entre 55,5 y 56,1 millones de papeletas a su favor. Por su parte, el oficialismo encabezado por Luiz Inácio Lula da Silva—del Partido de los Trabajadores (PT)—alcanzó el 45,16% de los votos siendo los equivalentes a 53,8 millones de votantes.
Candidato/Fuerza Política | Porcentaje de votos válidos | Votos totales | Estatus electoral |
Flávio Bolsonaro (PL) | 47,03% | 55,104,503 | Clasificado a 2ª vuelta (1º fuerza) |
Luiz Inácio Lula da Silva (PT) | 45,16% | 53,879,538 | Clasificado a 2ª vuelta (2ª fuerza) |
Augusto Cury (Avante) | 2,89% | 3,448,569 | Eliminado. Neutral |
Renan Santos (Missão) | 2,24% | 2,675,887 | Eliminado. Neutral |
Ronaldo Caiado (Partido Social Democrático) | 2,18% | 2,605,148 | Eliminado (En consulta) |
Dado que ningún candidato cruzó el umbral constitucional del 50% más uno de los votos válidos, tal y como se adelantó anteriormente, el Tribunal Superior Electoral (TSE) ha acabado por confirmar oficialmente la celebración de una segunda vuelta programada para el 25 de octubre de 2026.
La ventaja lograda por Flávio Bolsonaro oscila entre los 2,4 y 3 millones de votos sobre el mandatario izquierdista, revirtiendo el patrón histórico de la primera vuelta de 2022, en la que Lula superó a Jair Bolsonaro alcanzando un 48,4% de los sufragios.
A pesar de que la participación electoral rozó el 80%—recordemos que, en el sistema brasileño, el voto es jurídicamente obligatorio—, se registró un nivel de abstención relevante del 21,08%, equivalente a más de 33 millones de electores ausentes.
Una mirada más allá de presidencia, ¿qué pasa con los comicios legislativos y regionales?
El triunfo parcial en la carrera presidencial fue acompañado por una oleada conservadora en los comicios legislativos y regionales, lo que asegura un escenario de gobernabilidad altamente adverso para el poder ejecutivo si Lula da Silva resultara electo, o un marco de hegemonía si gana Bolsonaro.
Por un lado, en la Cámara de Diputados, el Partido Liberal se consolidó como el partido mayoritario obteniendo 121 escaños de 513, además, se logró la elección de Jair Renan Bolsonaro (el hijo menor del ex-presidente). La fragmentación restante se distribuye principalmente entre las formaciones de centro y derecha, agrupadas en el denominado “centrão”.
Por otro lado, se registró todo un terremoto en la renovación de dos tercios (54 de los 81 escaños) de la Cámara Alta—el Senado Federal—donde las fuerzas de derecha y ultraderecha conquistaron hasta 34 bancas. El Partido Liberal de Bolsonaro obtuvo 19 de los asientos disputados que se sumarán a los 9 senadores con mandato vigente, sumando así 28 escaños a partir de febrero de 2027, controlando más de un tercio de la Cámara Alta. En contraste, el Partido de los Trabajadores queda relegado a una minoría de 9 senadores.
Los tentáculos del poder de la familia Bolsonaro también alcanzan el Senado Federal ya que, en esta elección, la dinastía familiar se ha legitimado con la elección como senadores a Michelle Bolsonaro (mujer del ex-presidente) por el Distrito Federal y Carlos Bolsonaro (hijo del ex-presidente) por Santa Catarina.
Esta correlación de fuerzas en el Senado es crucial: la Cámara Alta posee la competencia exclusiva para tramitar juicios políticos—véase, realizar un impeachment— contra magistrados del Tribunal Supremo Tribunal Federal (STF), siendo el objetivo prioritario del bolsonarismo, realizar un impeachment contra jueces como Alexandre de Moraes, que fue ponente del juicio que condenó a Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado de 2022.
Además, el próximo presidente deberá nombrar a los sustitutos de al menos tres jueces del STF que alcanzarán la edad límite de jubilación (75 años) —Luiz Fux, Cármen Lúcia y Gilmar Mendes—, sumados a una vacante previa no aprobada, lo que otorgaría a un gobierno de Flávio Bolsonaro la capacidad de configurar una mayoría absoluta conservadora en la máxima corte constitucional.
La proyección geopolítica de las elecciones y el posible alineamiento regional de Brasil
La victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta acelera el “giro a la derecha en América Latina” y repercute directamente en la arquitectura geopolítica continental pues, una eventual presidencia de Flávio Bolsonaro aceleraría el alineamiento de Brasilia a Washington con la formalización del ingreso de Brasil en la alianza del “Escudo de las Américas”, una coalición promovida por Washington centrada en la cooperación militar e inteligencia contra el narcotráfico.
Bajo este marco, el programa de Bolsonaro contempla la catalogación formal de las principales facciones criminales brasileñas como "organizaciones terroristas", replicando el encuadre legal estadounidense con el que la Administración Trump se apoya para bombardear supuestas “narcolanchas” en el Caribe y Pacífico.
Además, la plataforma bolsonarista priorizaría los acuerdos bilaterales de libre mercado, la flexibilización de regulaciones ambientales en sectores extractivos como minería y minerales críticos, y el alejamiento de la agenda global sobre cambio climático impulsada por organismos multilaterales.
El triunfo fue celebrado inmediatamente por líderes afines como el presidente de Argentina, Javier Milei, quien celebró públicamente el resultado como el avance de la libertad frente al "comunismo de Lula", manifestando su intención de estructurar un eje comercial, político y cultural bilateral (Mateos, 2026).
También, la dirigente venezolana María Corina Machado, el mandatario colombiano Abelardo de la Espriella y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, quienes interpretaron el resultado como una derrota estratégica del bloque de izquierdas y auguraron la mejora de las relaciones bilaterales entre Brasilia y Tel Aviv.
El camino hacia el 25 de octubre: ¿Qué podemos esperar de la segunda vuelta?
Flávio Bolsonaro inicia la carrera en una posición de ventaja relativa para capturar el voto de las candidaturas eliminadas, las cuales representan aproximadamente un 7% del electorado. No obstante, diversos analistas señalan que gran parte del “voto protesta” o anti-Lula se concentró de forma anticipada en la primera vuelta, acelerando la migración útil hacia Bolsonaro y reduciendo su margen de expansión estricta en el balotaje (Wells, 2026).
En cuanto a las fuerzas minoritarias, los candidatos que escoltaron a los punteros, Augusto Cury (Avante, 2,89%) y Renan Santos (Missão, 2,24%), declararon una postura de neutralidad formal e impidieron el uso de sus nombres para solicitar sufragios en segunda vuelta (Wells, 2026).
Para el presidente Lula da Silva, el escenario proyecta una complejidad inédita. Históricamente, bajo la vigencia de la Constitución de 1988, ningún candidato en Brasil ha logrado revertir una desventaja de primera vuelta en la segunda vuelta.
A esta dificultad se le suma el agotamiento de sus alianzas afines pues, al haber competido en la primera vuelta con el respaldo de la totalidad de la coalición de izquierdas y progresista, no dispone de reservas de votos de los sectores eliminados. Su única trayectoria matemáticamente viable exige activar la participación del 21,08% de votantes que se abstuvieron (más de 33 millones de ciudadanos), localizados en los estratos de menor renta del Nordeste de Brasil (Wells, 2026).
El periodo de tres semanas previo al 25 de octubre estará dominado por dos narrativas contrapuestas. En primer lugar, Flávio Bolsonaro articulará su mensaje en torno al descontento social generado por el costo de vida, la desaceleración de la actividad económica y el endeudamiento de los hogares.
Además, promoverá propuestas de mano dura: creación de complejos carcelarios de máxima seguridad inspirados en El Salvador, la castración química para agresores sexuales, la reducción de la edad de imputabilidad penal y el otorgamiento del indulto presidencial a su padre, Jair Bolsonaro.
Por su parte, Lula da Silva centrará su estrategia en encuadrar la elección como un dilema sistémico entre "democracia y barbarie". Buscará desgastar la imagen de su oponente mediante la denuncia de sus presuntos vínculos con milicias irregulares de Río de Janeiro . y los recientes escándalos de presunto financiamiento irregular y lavado de dinero vinculados al Banco Master y la producción de la película biográfica Dark Horse (Shankar & Reuters, 2026).
Paralelamente, enarbolará la defensa de los programas redistributivos (Bolsa Família) y la bandera de la "soberanía nacional" contra lo que denuncia como injerencia de la administración estadounidense.
Así pues, el desenlace de la segunda vuelta determinará el equilibrio de poderes para el ciclo político 2027-2030 y proveerá a Brasil de una nueva figura presidencial en un contexto de gran polarización política y social.





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