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Sánchez adelanta las elecciones generales al 29 de noviembre tras el desgaste de su mayoría parlamentaria

hace 1 día
5 min de lectura

Pedro Sánchez acaba de pulsar el botón electoral. Tras tres años y dos meses de legislatura, el presidente del Gobierno ha anunciado este lunes desde Moncloa la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, fecha que llevaba rondando titulares y tertulias desde finales de la pasada semana. Esta decisión llega tras informar al rey Felipe VI y será formalizada mediante el correspondiente decreto electoral (La Moncloa, 2026).


Este anuncio llega en un momento delicado en el panorama nacional. Apenas unos días antes, el Congreso había tumbado los dos reales decretos con los que el Ejecutivo pretendía solventar la crisis de la vivienda que tiene a miles de personas protestando en muchas ciudades, tras el desahucio de Mari Carmen. Esta derrota fue tomada por el Ejecutivo como muy dura,a debido a que puso sobre la mesa algo que ha acompañado al Gobierno durante buena parte de la legislatura: la “coalición progresista” -definida así por el presidente- encuentra grandes dificultades cuando pretende convertir su mayoría de investidura en una mayoría parlamentaria estable, parcialmente debido al distinto pensamiento de los más de siete partidos que la avalaron (El Mundo, 2026).


Así, Sánchez se tomó el fin de semana para estudiar el escenario y este lunes desveló lo que ya era un secreto a voces. No habrá intento de estirar la legislatura hasta 2027 ni una nueva negociación para recomponer los apoyos. Directamente, habrá urnas. Como suele ocurrir en este tipo de decisiones, la comparecencia fue aprovechada para analizar lo realizado en esta etapa y cómo afrontar la siguiente. 


El discurso: balance de gestión y críticas a la oposición

Sánchez dedicó buena parte de su intervención a explicar el contexto en el que, según su punto de vista, ha tenido que gobernar. Citó las tensiones comerciales, crisis energéticas y el regreso de la guerra a Europa y Oriente Medio, aunque no fue el centro de su discurso. El presidente habló de un Congreso “muy bronco” en el que, según señaló, “muchos confunden pactar con renunciar y bloquear con vencer” (La Moncloa, 2026). 


La crítica fue bastante más lejos, asegurando que también su Ejecutivo ha tenido que enfrentarse a “élites económicas y sociales muy poderosas” que, pese a no presentarse a las elecciones, pretenden continuar controlando el país, señalando también los límites que incluso el propio gobierno ha tenido que enfrentar al mando. A ello añadió lo que calificó textualmente como la “peor oposición que ha conocido nuestra democracia” a la que acusó de cuestionar la legitimidad del sistema electoral, bloquear políticas y emplear sus gobiernos autonómicos para frenar medidas impulsadas desde Moncloa. Sin embargo, la autocrítica, aunque presente en el discurso, duró bastante menos tiempo y vino después, afirmando que “Nosotros mismos hemos cometido errores y no hemos logrado hacer todo lo que nos habíamos propuesto”, señalando especialmente la desigualdad, los servicios públicos y el acceso a la vivienda como problemas todavía pendientes (La Moncloa, 2026).


En el otro lado de la balanza, el presidente reivindicó que España se ha situado como una de las economías con mayor crecimiento y creación de empleo de la Unión Europea, defendió el aumento del poder adquisitivo y la reducción de la pobreza y la desigualdad, y recordó la ampliación de becas, permisos de maternidad y paternidad, ayudas a la dependencia o prestaciones sanitarias. También sacó pecho de la transición energética, la ejecución de los fondos Next Generation y de haberse negado a sacrificar el Estado del bienestar en el llamado “altar del 5%”, en referencia al incremento del gasto militar, requerido dentro de la OTAN recientemente. 


Una legislatura con avances, pero con demasiadas costuras

Más allá del discurso de esta mañana, el balance de estos tres años es mucho más complejo que reducir la cuestión a un avance o un retroceso como país. El Gobierno puede señalar a su favor el comportamiento de la economía y del empleo, el desarrollo de fondos europeos, la extensión de determinadas políticas sociales o el crecimiento de las energías renovables, cuestiones que Sánchez de hecho ha reivindicado a lo largo de su comparecencia (La Moncloa, 2026).


No obstante, también ha sido una legislatura en la que ha existido bastante dependencia de la negociación. Debido al peculiar escenario nacido a raíz de las elecciones de 2023, la mayoría que permitió a Sánchez ser investido reunía a fuerzas con intereses políticos muy distintos. Esa diversidad obligó al Ejecutivo a buscar acuerdos prácticamente medida a medida. Durante un tiempo funcionó, algo que el presidente ha agradecido este lunes, al ver que fuerzas parlamentarias habían sido capaces de “ver más allá de sus diferencias para construir acuerdos” (La Moncloa, 2026).


El problema ha llegado cuando esa fórmula ha dejado de dar los mismos resultados. La derrota de los decretos de vivienda fue quizá el último ejemplo, pero el desgaste venía de antes. El Gobierno ya había sufrido otras derrotas parlamentarias en materias sociales y económicas, como la derrota del decreto sobre el escudo social a inicios de año. Fuera del Congreso se acumulaban otros frentes: la crisis migratoria en Ceuta, el encarecimiento del coste de la vida o una situación política cada vez más difícil de sostener con una mayoría tan fragmentada (El Mundo, 2026). Al final, la imagen que deja este tramo de la legislatura es la de un Gobierno que seguía teniendo capacidad de iniciativa, pero cada vez encontraba más dificultades para convertirla en resultados. El adelanto electoral pone ahora punto final a esa dinámica (Europa Press, 2026).


Los partidos ya miran al 29 de noviembre

La respuesta de la oposición no tardó demasiado. Alberto Núñez Feijóo recibió el anuncio con un rotundo “Por fin” y aseguró que, si recibe la confianza de los españoles, “no le temblará el pulso” para afrontar lo que considera una necesaria reconstrucción del país. El líder popular cargó contra el coste de la vida, la situación institucional y la gestión de Sánchez, presentando las elecciones como la oportunidad definitiva de cerrar esta etapa política. Por otra parte, Santiago Abascal fue más prudente. Pese a que las encuestas sitúan actualmente a PP y Vox en una posición favorable, pidió no dar nada por hecho, recordando lo ocurrido en 2023, cuando los sondeos también anticiparon una mayoría de ambas formaciones (El Mundo, 2026).


En el espacio situado a la izquierda del PSOE, el adelanto obliga a acelerar movimientos que todavía quedaban en marcha. Sumar afrontará la campaña alrededor de su nuevo Frente Amplio, que aún tiene por decidir quién lo liderará, mientras Podemos ha propuesto unas primarias abiertas como condición para explorar una candidatura conjunta, con la eurodiputada Irene Montero dispuesta a concurrir en el proceso (El Mundo, 2026). 


No es la primera vez que Sánchez decide cortar una legislatura antes de tiempo cuando el escenario político se complica sensiblemente. Ya en las elecciones de 2023, apenas un día después de unas elecciones municipales y autonómicas especialmente negativas para el PSOE, anunció la disolución de las Cortes y convocó las generales para el mes de julio, cuando estaban programadas para diciembre. Entonces explicó que tomaba la decisión “a la vista de los resultados” de las urnas del día anterior (La Moncloa, 2023). 


Aquellas elecciones las ganó el Partido Popular, pero Feijóo no consiguió reunir una mayoría suficiente para ser investido. Sánchez sí lo hizo meses después, dando paso a la presente legislatura. Tres años más tarde, Sánchez vuelve a adelantar el calendario electoral. Las circunstancias son distintas y también lo es el escenario político, pero el desenlace vuelve a quedar en el mismo lugar: las urnas. El próximo 29 de noviembre serán los ciudadanos quienes decidan qué mayoría sale de ellas y quién tendrá capacidad para gobernar España durante la próxima legislatura.

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