GRAPO y el secuestro de Publio Cordón: impacto social, memoria y terrorismo en la España contemporánea
- Marta Herrera Macías

- 11 jul
- 6 min de lectura
La memoria de Publio Cordón y el relato de su secuestro a manos del grupo terrorista GRAPO ejemplifican el impacto que tienen estos tipos de grupos criminales en la sociedad. Además, corroboran que no es un efecto pasajero que corresponde a la época en la cual se enmarca, en este caso a la sociedad española de finales del siglo XX, sino que su recuerdo persiste y atemoriza a aquellos que lo vivieron y a sus familias.
El nombre GRAPO proviene de las siglas Grupo Antifascista Primero de Octubre, y pertenece a una gran organización terrorista de extrema izquierda española vinculada al Partido Comunista Español (Reconstituido) que atemorizó a la población desde la época de la transición hasta años posteriores a la democracia, es decir, fue creada en 1975 y cesó en 2006.
Formaron parte de un movimiento marxista-leninista-maoísta europeo de los años setenta que basaba su ideología en la visión revolucionaria de supresión de estructuras económicas del Estado, el capitalismo, siguiendo la estrategia de “guerra popular prolongada”, la cual estaba inspirada en los modelos maoístas. El grupo estaba fuertemente estructurado, con una cultura interna extremadamente disciplinada, rígida y doctrinal, la cual tenía una organización centralizada dividida en diversos organismos como eran: Comité Ejecutivo, Comité Central, Comisión Política, Comisión de Organización, Comisión de Propaganda, Comisión Técnica (militar).
En general se trataba un grupo clandestino, ajeno al aparato estatal, que recurrió de forma deliberada a la violencia para provocar un fuerte impacto psicológico en la sociedad y perseguir objetivos políticos concretos, entre ellos la destrucción del sistema surgido tras el franquismo, al que consideraban heredero del mismo, la implantación de un régimen comunista y la eliminación del capitalismo. Para lograr sus objetivos, la organización se encargaba de seleccionar de forma cuidadosa qué objetivos atacar, como hacerlo y cuando. Así se aseguraban del daño que provocan en la sociedad, es decir, sus actuaciones eran premeditadas por lo que cuando ejercían un gran daño o, en contraposición, cometían un ataque sin apenas víctimas era parte de un proceso intencional.
Al hacer uso de esa intencionalidad lo que buscaban era simpatizar con algunos sectores de la clase trabajadora, siguiendo la narrativa difundida por la organización que presentaba la violencia como una forma de defensa frente a la represión del Estado y justificaba el uso de las armas como una respuesta necesaria ante un sistema que consideraban ilegítimo. Es por ello, que la estrategia comunicativa intentaba reforzar en gran medida la legitimidad de la organización entre aquellos que compartían sus ideales, así diferenciaban su actuación de la violencia indiscriminada, que podría generar rechazo social al conjunto de la población española.
Esta organización permaneció en España por más de tres décadas ya que lograron mantener una actividad continuada, una fuerte identidad grupal reforzada por un intenso proceso de adoctrinamiento político, el cual era fortalecido por la clandestinidad que los caracterizaba, que también originan una polarización grupal, convirtiéndose así para los miembros en el principal referente afectivo y social. En adición, sostenían una intensa narrativa sobre el sacrificio personal y el compromiso revolucionario que reforzaba la motivación colectiva y convertía el sufrimiento de los miembros en un elemento legítimo de la lucha armada.
Por todo ello, el impacto que tuvo el grupo terrorista en la sociedad española fue notorio, debido a que crearon un clima de miedo e inseguridad constante con sus atentados, secuestros y asesinatos, lo que generó un clima de incertidumbre. Cabe destacar que producían en la población sensación de indefensión, miedo continuo a ser un objetivo y pérdida de seguridad en la vida cotidiana, además de ayudar a consolidar la percepción del terrorismo como una amenaza a la democracia del país.
Asimismo, los terroristas con sus actuaciones tenían como objetivo tener un gran impacto psicológico, ya que con sus atentados buscaban publicidad política, propaganda, atraer a los medios para propagar su ideología y demostrar al mundo su actividad y la vulnerabilidad del Estado.
"El empleo de la violencia política obedece a forzar una respuesta enérgica por parte de los poderes del Estado. Respuesta que sea interpretada por un sector de la sociedad como desproporcionada, de tal forma que esta se polarice, lo que se conoce como la estrategia de acción-reacción-acción." (Cuadrado Mora, 2023).
Con esta propaganda conseguían dividir a la población con sus ideales entre el pueblo revolucionario, el estado fascista y la oligarquía. Por otro lado, el impacto no fue únicamente social sino que consigo también llevaron cambios en la parte económica y política debido a que después de las experiencias vividas hubo diversos daños materiales, pérdida de sensación de estabilidad, incremento en el gasto en seguridad y un impacto negativo sobre la imagen del país, que repercutió en la inversión internacional que se ejercía sobre España, en los tratos internacionales con otros Estados, en el comercio y en el turismo.
Es importante señalar que sus actuaciones tuvieron grandes consecuencias que llegaron a condicionar parte del desarrollo de la Transición.
"A lo largo de los últimos treinta y cinco años, el nombre de los GRAPO, Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre, aparece de forma recurrente como responsable de una larga serie de acciones terroristas que acompañan puntualmente los momentos más significativos en la evolución del proceso político que se desarrolla en España desde la muerte del general Franco hasta nuestros días." (Castro Moral, 2010).
Como ejemplo del impacto social que tuvo GRAPO, está presente el caso del secuestro de Publio Cordón, el cual su hija Carmen Cordón se ha encargado de que no pase al olvido y de que 30 años después siga siendo un símbolo de la historia de España en relación con el terror sembrado por GRAPO. Publio Cordón era un empresario y padre de familia que fue secuestrado por el grupo terrorista el 27 de junio de 1995 tras salir a correr, su caso ha sido muy sonado debido a que sus hijas reclaman que se haga justicia, ya que el cuerpo de su padre sigue en paradero desconocido después del calvario que vivieron.
La banda terrorista tras pasar tres días del secuestro le pidió un rescate a la familia de 400 millones de pesetas. Carmen Cordón, hija de Publio, se encargó de liderar lo que pensaba que iba a ser el rescate, sin saber que su padre ya se hallaba sin vida y que jamás lo volverían a ver. Estando embarazada y sin ayuda policial al inicio debido a que pensaban que la familia no debía ceder ante el chantaje, recolectaron el dinero que pudieron de forma clandestina y se reunieron con otra víctima de GRAPO para poder llevar a cabo un plan de acción para salvarlo, aunque al final sí requirieron ayuda policial para el resto de dinero.
"La policía no quería que pagáramos, pero nosotros nos pusimos a reunir el dinero sin que la policía se enterase para salvar a mi padre" (Carmen Cordón, 2026).
Tras ponerse en contacto con los terroristas, Carmen que estaba embarazada, junto a su marido se tuvo que trasladar hasta Francia y hacer una especie de gincana en la cual GRAPO les puso a prueba siguiéndoles, observándoles, para corroborar si la policía estaba al tanto del intercambio que se estaba produciendo. Esta valiente mujer se reunió cara a cara con los secuestradores de su padre, con los cabecillas del dolor que su familia pasaba para darles el dinero a cambio de la libertad, los secuestradores les afirmaron que su padre sería liberado y fue a celebrarlo con su familia, sin esperar que jamás volverían a verlo y que nunca hallarían su cuerpo.
Según las declaraciones que dio el miembro GRAPO, Silva Sande, en el juicio donde la familia se enteró de que su querido Publio estaba muerto antes siquiera de entregar el dinero, lo enterraron en Mont Ventoux, aunque las familias no creen esas palabras y piensan que el cadáver puede estar en Lyon puesto que fue donde falleció.
En el documental “Publio, el secuestro sin fin", es visible cómo y hasta qué punto sufren y las consecuencias que siguen acarreando a día de hoy la familia.
Este es solo uno de los muchos casos que esclarecen el daño que sembraron en la sociedad, el terror que marcaron estos años y las consecuencias que dejaron a un pueblo marcado por el dolor y la incertidumbre, parte de la historia de España que está manchada por el terrorismo.




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