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Guerra híbrida: qué es, cómo se diferencia de las amenazas y conflictos híbridos y por qué importa en Europa

hace 2 días
5 min de lectura

“Quiero ser muy clara respecto a lo que ocurrió. Esto fue un ataque utilizando herramientas militares, llevado a cabo por operativos rusos en suelo europeo. Y no lo vamos a tolerar. Nos solidarizamos plenamente con Alemania. Y si la intención fue hacernos pensar dos veces el apoyo a Ucrania, puedo decirle, solo ha hecho que esté más segura. La intimidación no va a funcionar. Y por eso es que hoy me reúno con el Secretario de la OTAN. Estamos Unidos. Europa y la OTAN no solo van a mantener la presión sobre Rusia, sino que van a incrementarla, y no pararemos. No pararemos hasta que Rusia termine con los bombardeos y asesinatos de niños, hombres y mujeres inocentes en Ucrania” fueron las palabras con las que, días atrás, la Presidenta de la Comisión Europea encabezaba su declaración  junto a Mark Rutter, Secretario General de la OTAN (Press and Information Team of the Delegation to UKRAINE, 2026).

 

Una declaración que, más allá de sus razones políticas, también pareció estar describiendo una nueva realidad para Europa: la de la guerra híbrida, o al menos la de amenaza. Si bien en ella no se hizo referencia directa a este concepto, quedó muy claro cómo las repetidas incursiones en el espacio aéreo, el uso de drones para paralizar aeropuertos y las interferencias en infraestructura crítica son acciones percibidas como tales por parte de las altas autoridades de la OTAN y la Unión Europea. Pero dicho esto, ¿qué es una guerra híbrida?

 

La realidad es que hoy en día, el término “híbrido” es utilizado como un concepto comodín capaz de describir cualquier cosa (Colom Piella, 2019), principalmente (pero no solo) por la presencia del ciberespacio, una arena que puede ser  tanto un campo de batalla como un arma y que por ello mismo se distingue de las dimensiones convencionales de tierra, aire y agua. Pero suponer que todo es un conflicto o una guerra híbrida supone un grave error, y obliga a la necesidad de conocer su concepto y características y a realizar un análisis particular para cada caso.

 
Diferencia entre amenaza, conflicto y guerra híbrida

Para poder definir aquello a lo que se considera híbrido, primero es necesario diferenciar dos conceptos base: convencional y no convencional. El primero de ellos comprende todo aquello que hace al mundo militar y estratégico, teniendo al Estado como principal protagonista (Hoffman, 2007). En oposición, lo no convencional es, sencillamente, todo aquello que no entra en la definición anterior, y tiende a agrupar a lo relacionado con la subversión, la guerrilla, el terrorismo, la guerra informática y la guerra psicológica (Yuichiro, 2013).

 

De esta forma, cuando un conflicto integra ambos elementos y los límites entre quién actúa y las tecnologías que se usan son difusos, entonces puede catalogarse como una situación híbrida (Hoffman, 2007). De allí entonces, se pueden catalogar esos sucesos de tres maneras: amenazas, conflictos y guerras híbridas.

 

Comenzando por el más general, las amenazas híbridas son fenómenos más complejos y multidimensionales que los convencionales, en los que se afecta al enemigo sin recurrir al uso de la fuerza (Galán, 2018). Por ejemplo, una fake news que ejerce presión económica sobre otro. Posteriormente, estarían los conflictos híbridos, definidos como una situación en la cual las partes se abstienen del uso abierto de la fuerza (armada) y actúan combinando la intimidación militar (sin llegar a un ataque convencional) y la explotación de vulnerabilidades económicas, políticas, tecnológicas y diplomáticas (Galán, 2018, p.4).


De tal forma, la guerra híbrida se distingue especialmente porque supone el uso abierto de la fuerza armada contra otro país o actor no estatal al mismo tiempo en el que se utilizan medios diplomáticos, políticos, económicos e informáticos (entre otros) para afectar al contrario (Campus Stellae, s.f.).

 

Comprender la guerra híbrida

Habiendo comprendido entonces la diferencia con las otras formas híbridas en las que se puede clasificar un determinado acontecimiento, y visto el panorama internacional donde todo parece caer en la burbuja de la guerra híbrida, conviene comprender más a fondo sus características a fin de evitar caer en un mal análisis.

 

En ese sentido, así como el término híbrido implicaba la combinación de métodos convencionales y no convencionales, la guerra híbrida también supone otra combinación: la de la guerra convencional, donde las partes en conflicto son los Estados, o coaliciones de ellos, que pretenden imponer la voluntad de una nación sobre otra (o defenderse de quien lo intente) mediante el uso de fuerzas convencionales, y la de la guerra asimétrica, aquella librada entre un Estado y otro actor no estatal (Luque Juárez, 2019).

 

Ergo, es aquella donde existe una disparidad muy notoria entre las partes, por lo que los ataques que se realizan son mucho más creativos, frecuentes y dañinos, aprovechando ventajas estratégicas en campos distintos al militar (políticos, económicos, sociales, etc.). Además, el objetivo principal de las operaciones no solo será el Estado adversario y sus fuerzas militares, sino también su población e infraestructuras críticas, buscando generar el mayor daño posible.


En resumen, se trata justamente de una forma de actuación donde, si bien un lado es tecnológicamente superior, puede haber igualdad entre los contendientes en otras áreas al aprovechar otras oportunidades estratégicas, logrando inclinar la balanza a favor del más débil (García Guindo y Martínez Valera González, 2015). Por ejemplo, mediante el uso de relatos y narraciones que favorezcan a una parte junto con el uso extendido de los medios de comunicación y propaganda destinados tanto a la población local como a la del adversario, con el fin de ganar legitimidad y apoyo en una y desmoralizar a la otra. 


Un mundo más híbrido

En definitiva, el concepto híbrido se ha convertido en una herramienta fundamental para comprender las nuevas dinámicas de seguridad y conflicto que enfrenta el mundo actual. La guerra entre Israel y Hamás. El conflicto entre Rusia y Ucrania. Los ciberataques y ataques de drones rusos en la Unión Europea. Todos son casos que podrían bien ser catalogados como híbridos, o al menos, son casos que permiten un debate en esos términos. 


Sin embargo, la creciente utilización del término de forma liviana y sin su respectivo análisis, también ha generado el riesgo de convertir un concepto útil en uno demasiado amplio, capaz de englobar fenómenos muy diferentes entre sí. Por ello mismo, resulta fundamental conocer las diferentes formas en las que “lo híbrido” aparece en los acontecimientos internacionales, atendiendo al grado de violencia empleado, a los actores involucrados y a la combinación de medios convencionales y no convencionales. 


El desafío de hoy no está en entender cómo es la guerra, sino en desarrollar una capacidad de análisis tal que permita reconocer cómo se combinan distintas herramientas de presión y confrontación; no solo para interpretar la realidad internacional, sino para diseñar respuestas adecuadas frente a amenazas cada vez más diversas y difíciles de delimitar.

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