La base de Diego García en el archipiélago de Chagos: el enclave estratégico de Estados Unidos ante una posible guerra con Irán
- Jordi Pascual Pérez

- 3 mar
- 7 Min. de lectura
Oriente Medio vuelve a situarse como una de las regiones más conflictivas en todo el mundo con el estallido de las tensiones entre Estados Unidos y la República Islámica de Irán. Todo parece indicar que la Casa Blanca ha iniciado su fase de negociaciones agresivas y está decidida a intimidar a Teherán con el envío, en palabras del presidente Trump, de una ‘preciosa armada flotante’ lista para actuar en caso de que no se llegue a un acuerdo y, de lo contrario, ‘cosas malas pasarán’, según el 47º presidente de los Estados Unidos.
Dicho y hecho, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos o el Pentágono ha autorizado la movilización del portaviones U.S.S. Gerald R. Ford y sus destructores escoltas—posicionados en Venezuela—que se unirán al grupo de ataque de portaviones del U.S.S. Abraham Lincoln en el Golfo Pérsico, a las decenas de aviones de combate y de asistencia y a las más de entre 30.000 y 40.000 tropas norteamericanas estacionadas en las 19 bases militares que los Estados Unidos tienen repartidas a lo largo de Oriente Medio conforme señala el think-tank estadounidense Council on Foreign Relations.
Con la mirada puesta en el tablero geopolítico de Oriente Medio, no es de extrañar que muchos se olviden de que, en geopolítica y en relaciones internacionales, hay que mirar más allá de lo que nos rodea y eso la Administración Trump lo sabe. Pese a contar con numerosos aliados en la región que proporcionan un lugar de estacionamiento para la capacidad militar estadounidense, ninguno de ellos se encuentra a salvo en caso de que la República Islámica de Irán decida responder con vehemencia—como ya hizo el 23 de junio de 2025—a posibles bombardeos quirúrgicos de la armada estadounidense al estilo de la Operación Martillo de Medianoche (Midnight Hammer Operation en inglés).
Es por ello por lo que la base más importante, estratégicamente hablando, de los Estados Unidos para golpear Oriente Medio es la base de Diego García en las Islas Chagos erigiéndose como el enclave estratégico y militar más importante debido a su posición privilegiada en el océano Índico que le permite proyectar fuerza en Oriente Medio, África Oriental y el Sur de Asia.
No obstante, la base no es de total propiedad estadounidense sino que pertenece al Territorio Británico de Ultramar del archipiélago de Chagos y, conforme a los acuerdos de larga duración entre Londres y Washington, son los británicos los que deben aceptar el uso de las bases para ejecutar cualquier operación militar. En el presente caso, el Gobierno Laborista de Sir Keir Starmer no ha autorizado su uso a los norteamericanos sosteniendo que un ataque preventivo contra el programa nuclear de Irán difícilmente se ajustaría al derecho internacional. Esto ha provocado la ira de Trump y su cúpula militar realizando fuertes críticas contra la decisión de Londres.
Las Islas Chagos y el Reino Unido: otro territorio pendiente de descolonización en el siglo XXI
La disputa por el archipiélago de Chagos y la base de Diego García constituye uno de los casos más complejos de la geopolítica contemporánea, donde el legado del colonialismo, el derecho internacional y la proyección militar en el Océano Índico convergen. Este enclave ha pasado de ser un territorio administrativo colonial a un nodo crítico para la seguridad global.
Históricamente, las islas Chagos fueron administradas por el Reino Unido como una dependencia de su colonia en Mauricio. Sin embargo, tres años antes de la independencia de Mauricio de 1968, en 1965 el Reino Unido separó las Chagos de Mauricio para crear el Territorio Británico del Océano Índico (BIOT) y pagó 3 millones de libras por la adquisición de las islas.

Esta “cesión” es denunciada por Mauricio como una ‘cesión territorial forzada e ilegal’, pero la situación no quedó ahí. Entre 1968 y 1973 los británicos expulsaron a 2.000 habitantes nativos de las islas y los reasentaron en Mauricio o en las islas Seychelles con el fin de despejar la isla de Diego García y permitir la construcción de una base militar conjunta con los estadounidenses libre de una población civil residente.
No obstante, la comunidad internacional no cesó en la denuncia de la descolonización definitiva de las islas y logró grandes victorias en 2019 y 2021. En primer lugar, la Corte Internacional de Justicia emitió una sentencia no vinculante en la que condenaba la ilegalidad y el incompleto proceso de descolonización de Mauricio del Reino Unido. Posteriormente, la Asamblea General de las Naciones Unidas votó una moción en la que se condenaba al Reino Unido por la ocupación de las Islas y respaldó la visión de la Corte Internacional de Justicia.
Finalmente, el Gobierno británico se vio obligado a entablar negociaciones con el Gobierno de Mauricio para la resolución de la disputa territorial datada de 1965. En mayo de 2025 ambos gobiernos anunciaron que habían llegado a un acuerdo en relación con la soberanía de las Islas Chagos incluyendo varios puntos fundamentales.
Por un lado, Mauricio asumirá el control formal sobre el archipiélago a cambio de la obtención de un contrato de arrendamiento por 99 años sobre la isla de Diego García para asegurar la permanencia de la base militar británica y norteamericana. Además, el Reino Unido deberá pagar aproximadamente 101 millones de libras anuales a Mauricio por el uso de Diego García, mientras que el Gobierno de Mauricio se comprometerá a no permitir que otras potencias extranjeras (véase la República Popular China) utilicen las islas cercanas a Diego García sin consentimiento británico.
El acuerdo, que todavía debe de ser aprobado por ambos parlamentos, ha sido blanco de ataques verbales y escritos del presidente estadounidense Donald Trump que no ha dudado en criticar el tratado de arrendamiento por 99 años con Mauricio sugiriendo que Londres debería de mantener el control total de la isla para ‘erradicar un ataque potencial de un régimen peligroso e inestable’ como el iraní y no quedar vulnerable al “wokeismo” promovido por entidades ‘nunca antes conocidas’ poniendo en peligro la estabilidad global ante una posible guerra con Irán.
La base de Diego García: la punta de lanza de los Estados Unidos en Oriente Medio, Asia y África Oriental
La relevancia del archipiélago de Chagos, y específicamente la isla Diego García, radica en su geografía privilegiada y sus capacidades tecnológicas únicas, convirtiéndola en un enclave central para la proyección de poder conjunta en todos los sentidos del Reino Unido y de los Estados Unidos.
Situado a unos 3.000 kilómetros tanto del estrecho de Bab el-Mandeb como del estrecho de Malaca, el archipiélago es vital para controlar las rutas comerciales y las cadenas de suministro globales. Por un lado, el estrecho que baña las costas de Yemen y Yibuti soporta el tránsito del 25% del comercio mundial junto con una gran cantidad de productos petrolíferos y gasísticos y conecta Europa, Asia y África. Por otro, el estrecho de Malaca resulta ser el paso marítimo comercial más transitado del mundo, concentrando el 25-40% del comercio mundial y el 60% del petróleo que consume Asia. Por tanto, la posición de Diego García sirve para garantizar la presencia norteamericana y británica en la región y velar por el buen funcionamiento y la seguridad de las rutas comerciales.
En cuanto a las capacidades de proyección militar, la base de Diego García cuenta con una pista capaz de albergar bombarderos de largo alcance (B-52, B-1B, B-2) y un puerto de aguas profundas apto para portaaviones y submarinos nucleares, permitiendo un reabastecimiento y mantenimiento rápido para las misiones desplegadas en la región. Históricamente, los Estados Unidos han utilizado la base como “punta de lanza” para los conflictos en la región haciendo valer su aislamiento geográfico y capacidad logística única.
Por ejemplo, Diego García fue un centro de lanzamiento de alto volumen para las operaciones aéreas durante la Guerra del Golfo (1991) y la Guerra de Irak (2003). Asimismo, tras los ataques del 11 de septiembre, proporcionó apoyo esencial—mediante el envío de suministros como tanques o contenedores—para los bombardeos en Afganistán contra las fuerzas de Al-Qaeda y el régimen de los talibanes. Recientemente, la base ha sido utilizada para lanzar ataques coordinados contra los hutíes en Yemen, respondiendo a las agresiones contra el comercio marítimo en el Mar Rojo.
Seguidamente, la isla reviste de una importancia tecnológica y espacial siendo una de las cinco ubicaciones en el mundo que operan antenas terrestres para el sistema GPS que resulta fundamental para la navegación civil y militar global. Además, alberga estaciones de vigilancia para monitorear pruebas nucleares y proteger satélites integrándose en la “columna vertebral digital” de la defensa occidental.
Por último, la base apoya misiones de vigilancia contra la piratería y ha servido para el despliegue de ayuda humanitaria dirigida hacia Gaza.
El uso de la base en un contexto de guerra con Irán: una apuesta arriesgada para el Reino Unido y un colchón de seguridad para la Casa Blanca
En el contexto de las tensiones con Teherán y una posible nueva guerra en el horizonte, Diego García se perfila como un componente central para aumentar la capacidad militar de Estados Unidos ante el estallido del conflicto en el caso de que la diplomacia agresiva de Washington fallara.
Como se ha indicado anteriormente, la base puede albergar una flota significativa de bombarderos pesados de tipo B-2 Spirit, utilizados por Washington durante la operación Martillo de Medianoche contra objetivos militares y nucleares en la propia Irán. Estos bombarderos podrían alcanzar objetivos en Irán y regresar a la base permaneciendo fuera del alcance de la mayoría de las capacidades de represalia del régimen iraní.
La cúpula militar del Pentágono y el propio Trump saben de la magnitud estratégica y militar que Diego García tiene para una situación de conflicto armado en la región pero, mientras que las misiones en Afganistán o Irak contaron con marcos de legalidad o justificaciones de defensa colectiva aceptadas por Londres en su momento, desde Downing Street nº10 no se considera que un ataque unilateral y preventivo contra Irán cumpla con los mismos estándares de justificación bajo el derecho internacional actual y convertiría al Reino Unido en cómplice de dicha violación del derecho internacional.
Volviendo a la situación del acuerdo entre Reino Unido y Mauricio, la insistencia del Primer Ministro Starmer de adherirse a la legalidad internacional ha paralizado políticamente el acuerdo con Mauricio que aún está pendiente de aprobación por el parlamento británico. Tal y como señala Politics Today, la retórica de Donald Trump ha transformado un “acuerdo técnico de defensa” entre las partes en una “prueba de lealtad política”, donde el acceso militar incondicional se prioriza sobre el respeto a la soberanía de los aliados o las normas internacionales.
En el caso en el que el Reino Unido retroceda en el acuerdo debido a las presiones de Trump, se enfrentaría a un alto coste de legitimidad internacional después de haber ignorado previamente los fallos de la Corte Internacional de Justicia emitidos en 2019. Si llegase a suceder, golpearía duramente al Gobierno laborista en el poder que, envuelto en una grave crisis interna de popularidad (menor de un 20%), castigaría una de las áreas en las que todavía Londres cuenta con algo de legitimidad: su política exterior.




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