La Liga Árabe ante la escalada regional: una lectura de la situación para entender el nuevo orden en Medio Oriente
- Rocío Iglesias Cassinelli

- hace 2 días
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Medio Oriente, guerra, bombas, Trump, Irán… Estas son algunas de las palabras que más se han mencionado en las últimas semanas, y todo con un determinado propósito: definir qué está pasando en el mundo, a qué se enfrenta la comunidad internacional, y cuál es la reacción global ante los hechos.
Ante esto, no es poco normal que todos los ojos estén puestos en las altas autoridades, presidentes y sobre todo, las grandes organizaciones internacionales. Pero, como en la mayoría de conflictos, siempre se suele incurrir en un error: solo enfocarse en las más tradicionales, las mal llamadas “típicas”: las Naciones Unidas, la Unión Europea, la OTAN, entre otras. No obstante, la realidad dista mucho de eso. Existen infinidad de organizaciones, a veces poco conocidas, que tienen algo por decir, que tienen un rol importante, y que por ende, deben también escucharse. O al menos, debe también prestárseles atención.
En este drama teatral que parece surcar la realidad actual, el rol protagónico parecía que se lo llevaba la guerra entre Rusia y Ucrania. No obstante, Medio Oriente se ganó el estelar. Sobre todo ahora que, desde el bombardeo a Irán, cada vez son más los actores que se suman a la contienda. Frente a ello, una organización internacional cobra gran relevancia: la Liga de los Estados Árabes, o más conocida solamente por ser la “Liga Árabe”.
¿Qué es la Liga Árabe?
Se trata de una de las primeras organizaciones regionales fundada en 1945, cuyos miembros fundadores, Egipto, Irak, Jordania (entonces Transjordania), Líbano, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Yemen y Siria; se reunieron al término de la Segunda Guerra Mundial con el objetivo de fortalecerse mutuamente, colaborar para preservar su independencia y soberanía, y sobre todo, lograr una posición consolidada del mundo árabe que enfrentase los asuntos internacionales conjuntamente –resultado de la influencia de los movimientos panarabistas de la época–.
Con el tiempo, se fueron expandiendo, y pasaron de ser solo 6 a 22 países musulmanes de Oriente Próximo y África, especialmente en el área Magreb-Sahel. De tal forma, se incluyó a Argelia, Bahréin, Comoras, Yibuti, Kuwait, Libia, Marruecos, Mauritania, Omán, Palestina, Catar, Somalia y Túnez.
Así entonces, se configuró una organización árabe con capacidad vinculante para aquellos países que votasen a favor de las resoluciones y declaraciones que el foro proponga. De hecho, bajo este sistema, decretaron el primer acuerdo de la Liga sobre la intervención militar conjunta en Palestina en 1947, apoyando la resistencia árabe con hombres, armas y fondos, formando el “Ejército de Liberación Árabe” e invadiendo el territorio israelí el 15 de mayo de 1948 de forma conjunta –Guerra árabe-israelí de 1948–. Además, la Liga Árabe también fue una de las organizaciones pioneras en establecer un mercado único entre sus miembros en 1965, facilitando la integración económica de la región, la reducción de aranceles y el libre movimiento de capitales entre los países miembros.
Relaciones entre la Liga Árabe e Irán
Durante décadas, las relaciones entre la Liga Árabe y la República Islámica de Irán han sido un reflejo constante de las profundas divisiones geopolíticas, sectarias y estratégicas que aquejan a la región, manteniendo intercambios que oscilan entre la cautela diplomática, (como cuando se acogió con beneplácito el Acuerdo de Pekín del 2023 entre Arabia Saudí e Irán para restablecer relaciones diplomáticas); y la condena abierta hacia las acciones que Teherán toma.
Ejemplo de esto último fue la Cumbre Árabe de Darán en 2018, cuando se denunció explícitamente la flagrante interferencia iraní en los asuntos internos de los países árabes, y donde se acusó al gobierno iraní de promover la desestabilización de la seguridad nacional árabe (con el apoyo a los hutíes en Yemen y a Hezbolá en el Líbano). “Condenamos los hostiles intentos de desestabilizar la seguridad y promover la sedición sectaria, una amenaza a la seguridad nacional árabe y una violación a los principios del derecho internacional” dijo entonces el Rey Salman de Arabia Saudí.
Similar situación ocurrió en 2021, cuando el actual Secretario General de la Liga de los Estados Árabes, Ahmed Abu Al-Gheit, volvió a pronunciarse de forma similar. Durante una entrevista con el diario saudita en Londres: Al-Sharq Al-Awsat, el Secretario pronunció que uno de los mayores males de la región es la interferencia que Irán y Turquía imponen sobre la región: “Estoy hablando aquí, con franqueza y claridad, de Irán y Turquía, que en los últimos años han practicado una especie de ‘intimidación regional’ contra los países árabes, llegando al punto de imponer una presencia militar directa en el suelo nacional de una serie de estados. Esta situación necesita de una solución integral y firme, porque lo que hace es aumentar los riesgos de conflictos en nuestra región y hace más complicadas las ya existentes batallas libradas”.
La Liga Árabe y el conflicto en Medio Oriente
Era el último día de febrero cuando el mundo entero comprendió lo que sucedía, un bombardeo de Estados Unidos e Israel contra bases militares y edificios gubernamentales iraníes había abierto un nuevo conflicto en la región, una herida más en la historia de Medio Oriente. Dicho ataque, causó la muerte del líder supremo iraní, el Ayatolá Alí Jamenei, e inició una guerra abierta en el país que ya venía sufriendo de revueltas civiles y represión.
“Un movimiento preparado doctrinalmente pero ejecutado en debilidad extrema”, “un fallo de cálculo”, “una respuesta desesperada”, “una estrategia con visión a futuro”, estos fueron algunos de los calificativos que recibió la defensa de Irán, pues esta no fue menos polémica. Su respuesta no solo repercutió contra la ofensiva occidental, sino que misiles también cayeron contra otros catorce países de Medio Oriente.
"Todos los territorios ocupados y las bases criminales de Estados Unidos en la región han sido alcanzados por los potentes impactos de los misiles iraníes. Esta operación continuará sin descanso hasta que el enemigo sea derrotado de forma decisiva", dijo la Guardia Revolucionaria de Irán al lanzar misiles contra Catar, Omán, Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Jordania e Irak.
Ante esto, la condena internacional no tardó en enardecer. Entre ellos, uno de los posicionamientos más fuertes fue el de la Autoridad Palestina, que dictó un rechazo total a la violación de la soberanía y las agresiones contra los paises árabes ya que suponen una flagrante violación de la Carta de las Naciones Unidas; y prestó su solidaridad con las naciones árabes hermanas y sus gobiernos. Además, el presidente palestino Mahmud Abbas, pidió una reunión de emergencia de los ministros de Asuntos Exteriores de la Liga Árabe.
Ahí entró entonces la Liga de los Estados Árabes al juego. El 5 de marzo, la Secretaría General de la organización, por medio del secretario adjunto, Hossam Zaki, anunció la celebración de una reunión de emergencia por videoconferencia a nivel de ministros árabes de Relaciones Exteriores para el domingo 8, con tema: agresiones iraníes contra el territorio de algunos Estados árabes.
Así, se tuvo las primeras declaraciones de los países árabes como organización frente a lo sucedido. El Secretario General, por ejemplo, calificó los ataques de “imprudentes e injustificables”. Horas más tarde, la Liga finalmente publicó las ideas claves de la Resolución 9241 (debe aclararse que, por el momento, permanece como un documento interno de la organización). En ella, “el Consejo de la Liga de los Estados Árabes expresó su fuerte condena por los ataques iraníes contra el Estado de Catar, el Reino de Arabia Saudí, el Sultanato de Omán, el Estado de Kuwait, los Emiratos Árabes Unidos, el Reino de Bahréin, el Reino Hachemita de Jordania, y la República de Irán” como comentó la Agencia de Noticias de Catar. También se declaró estos actos como indiscriminados y una seria violación a la soberanía de los Estados, además de una amenaza grave a la paz y seguridad regional e internaciones.
También hizo mención a cómo los bombardeos fueron ataques deliberados contra objetivos civiles e infraestructura crítica de los Estados, y volvió a condenar el cierre del estrecho de Ormuz y las amenazas contra el derecho a libre navegación de aguas internacionales. Además, se señaló cómo ello había puesto en peligro la seguridad alimentaria y los servicios públicos regionales y logísticos. Por consiguiente, el Consejo no dejó de prestar su apoyo a todas las naciones afectadas. E incluso lo que resulta más importante, no dejó de reafirmar el derecho de los estados afectados a la legítima defensa, individual y colectiva.
No obstante, también se aprovechó este momento para hacer un llamado a todos los actores internacionales a presionar a Israel para terminar con la ocupación ilegal de Palestina y los territorios árabes ocupados desde 1967, así como también a solucionar el conflicto palestino mediante la solución de los dos Estados.
Pero la guerra sigue. Irán y Occidente siguen su contienda, y ¿los perjudicados? Los civiles y las economías de los Estados Árabes, y en suma, el mundo en su totalidad. El Secretario General de la Liga siguió condenando los ataques, pero poco puede hacer la organización si semana tras semana la situación cambia, si cada vez parece profundizarse más e incluso miembros clave de la Liga, como los EAU, juegan un rol importante en la contienda. Ahora, solo queda esperar los próximos movimientos en este juego de ajedrez que Irán, Israel y Estados Unidos están jugando, y la Liga deberá preparar su respuesta a sus acciones, incluyendo los cambios que esto puede generar entre países con proyección regional dentro de la Liga, como Arabia Saudí, los EAU o Catar.



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