La evolución del modelo socialista en Cuba: crisis económica, reformas y supervivencia política de la Revolución (1959-2026)
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- 23 jun
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Artículo escrito por: Rafael Loro Penella.
En la clausura de la tercera sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular acontecida el pasado viernes 19 de junio, el presidente de la República de Cuba Miguel Díaz-Canel pronunció un discurso en el que afirmó que: “Y cuando la vida del pueblo se vuelve tan dura, el primer deber del Partido, del Gobierno revolucionario y de este Parlamento nacido del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es cambiar todo lo que haya que cambiar para salir adelante”. Las palabras del mandatario se producen varios días después de celebrarse un pleno extraordinario del Comité Central del Partido Comunista para el análisis de propuestas para la transformación económica y social del país, que citando textualmente al líder castrista de nuevo, “vive las horas más difíciles de este siglo”.
La operación militar norteamericana sobre Caracas a principios de enero que resultó en la captura de Nicolás Maduro y la gestión y control de facto del crudo venezolano, vital para la supervivencia del régimen, las amenazas de Trump de derrocar al gobierno para finales de año y el embargo petrolero han agravado la crisis económica y energética en la isla a niveles extremos.
Cuba solamente produce el 40% de su demanda interna de energía, y desde enero, sus principales proveedores –Venezuela y México, este segundo debido a las presiones arancelarias de EE.UU, a cuya economía está fuertemente vinculada– han cortado sus cadenas de suministro (Deutsche Welle, 2026). Sumado a ello, la falta de inversión ha provocado que gran parte de su infraestructura e industria se encuentren obsoletas, siendo un claro ejemplo de ello el apagón nacional sufrido octubre de 2024 por más de tres días (BTI, 2026).
En mayo del presente año se reportaron apagones de hasta 22 horas en la capital e incluso dos días completos en otras provincias, sumiendo al 70% de la isla en la oscuridad (RTVE,2026)
Igualmente, el transporte público difícilmente funciona, la basura se acumula en las calles ante la suspensión de los servicios de limpieza, la comida escasea y se pudre al no haber corriente eléctrica la mayor parte de la jornada y los medicamentos no llegan (NBC News, 2026). Además el sector turístico experimenta una caída en tan solo un año del 60% (BBC,2026), complicando la rúbrica aún más si puede.
Ante esta situación, el primer ministro Manuel Marrero Cruz ha expuesto ante los diputados los objetos de reforma, entre los que se enumeran el modelo de gestión de los actores económicos, el sistema de planificación de la economía, las relaciones de propiedad, el sector público, la autonomía de los municipios, la inversión extranjera en Cuba, el sistema tributario, bancario y financiero, la recuperación agrícola y la política de precios, entre otros.
El paquete de 176 medidas aprobadas por el gobierno supone la mayor apertura económica y acercamiento al capitalismo de la historia de la República desde el inicio de la Revolución Cubana y ascenso del comunismo.
Distintos altos cargos del régimen se han manifestado para calmar cualquier síntoma de nerviosismo entre las bases más ortodoxas del partido y asegurar que no se trata de una desviación del proyecto socialista sino que corresponde a la lógica de su propio desarrollo, así como un paso necesario para preservar la Revolución y las “conquistas del socialismo”.
Los orígenes: imperialismo, nacionalismo y revolución
Tras el final de la Guerra hispano-estadounidense, provocada por la injerencia de Washington en el conflicto entre España y los insurgentes independentistas cubanos, el 1 de enero de 1899 el general John R. Brooke instaló un gobierno militar en la isla dando comienzo así a la ocupación norteamericana de Cuba, que duraría hasta 1902, año en el que se aprobaba la Enmienda Platt, que otorgaba al archipiélago una independencia limitada en forma de República y bajo la influencia de los EE.UU. (Foreign Area Studies of The American University, 1985)
Sin embargo, el gobierno yanqui ocupó de facto el país de nuevo durante el período de 1906 a 1909 tras la crisis interna a raíz de la reelección fraudulenta del presidente Tomás Estrada Palma.
Posteriormente, en 1933 una sucesión de huelgas, insurrecciones y atentados obligaron al entonces mandatario Gerardo Machado a exiliarse en la conocida como “Revolución del Treinta”, enmarcada en un contexto de lucha antiimperialista y contra la corrupción, con gran actividad política estudiantil.
En 1952, Fulgencio Batista, militar que había participado en el derrocamiento de Machado y ejercido como presidente entre 1940 y 1944, a tres meses de unas elecciones que sabía que no ganaría, dio un golpe de estado con apoyo de una parte del ejército, suspendiendo el proceso electoral y proclamándose “presidente provisional".
En los años 50, Cuba era considerada una de las naciones más prósperas de Latinoamérica, principal estado exportador de azúcar a nivel mundial desde comienzos de la década de 1900 y destino de un octavo de las inversiones norteamericanas en la región. A pesar de ello, se considera que el desarrollo dependiente respecto de Washington tuvo ¨consecuencias dramáticas¨ en términos de desigualdad, con estimaciones que apuntan a que el veinte por ciento de la población más pobre tan solo recibía entre un 2 y 6% de las rentas, mientras que el veinte por ciento más rico recibía el 55% (Foran, 2009).
La represión, el recorte de libertades, la profunda brecha social, la dependencia de Estados Unidos y los antecedentes nacionalistas en José Martí y la generación de 1895, así como el radicalismo de la Revolución del Treinta fueron caldo de cultivo para la conformación de una resistencia liderada por el guerrillero Fidel Castro.
El líder de la Revolución Cubana se destacó por su activismo político temprano en la universidad mientras estudiaba derecho, participando en un intento de derrocar al dictador dominicano Rafael Trujillo en 1947 y presentándose como diputado por el Partido Ortodoxo a las elecciones de 1952 que Batista cancelaría. Castro denunciaría al dictador ante los tribunales por vulnerar la constitución, y la desestimación de la demanda por la justicia marcó un punto de inflexión en su carrera, convenciéndole de que la vía legal era inútil y debía abrazar la lucha armada (Prevost, 2007).
Más tarde, el 26 de julio de 1953, el joven abogado lideró a 165 hombres y mujeres durante el asalto al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba junto a su hermano Raúl Castro, un episodio que daría lugar al Movimiento 26-J, que constituida como fuerza más significativa de la Revolución, se fusionó con el Movimiento Nacional Revolucionario y la mayor parte de las Juventudes Ortodoxas (Bilbao, 2017)
Tras una guerra de guerrillas focalizada en la Sierra Maestra, las fuerzas insurgentes derrotaron al ejército fiel a Batista en Santa Clara a finales de diciembre de 1959 y Fidel proclamó el triunfo de la Revolución Cubana el 1 de enero de 1959.
Según Tzvi Medin en “Ideología y conciencia social en la Revolución Cubana”, se aprecian cambios sustanciales en la ideología del movimiento desde el reformismo democrático en sus inicios hasta la declaración del carácter socialista de la revolución en 1961.
Respecto a ello, son muchas las conjeturas acerca de la adhesión ideológica de Castro al marxismo-leninismo por convicción o como un “mal menor necesario” para asegurar la supervivencia del nuevo sistema político respaldado por la URSS ante la hostilidad estadounidense. De hecho, el Partido Comunista Cubano (antes de 1959 Partido Socialista Popular) no se unió a la lucha armada hasta su recta final, principalmente por su rechazo a movimientos como el M-26-J que reivindicaban la nación (Cancino, 2010).
En el análisis del discurso revolucionario original, se denotaría una vocación de retomar la construcción del estado nacional cubano, influenciado por el legado de José Martí y pudiendo ser catalogado como nacionalista, liberal y democrático (Cancino, 2010), con ausencia de tesis marxistas.
Sobre la posibilidad de que verdaderamente fuera un hombre de convicciones socialistas se ha propuesto que durante el alzamiento contra Batista este ocultó parte de su ideario para no despertar una reacción de Washington contra su movimiento antes de poder tomar el poder y forzar un cambio. No obstante, entrevistas suyas grabadas antes de asumir el gobierno lo muestran negando ser comunista y afirmando que “nuestra filosofía política es la democracia representativa”, con referencias a la justicia social y la economía planificada, así como al deseo de celebrar elecciones y al rechazo a expropiar bienes extranjeros. Ahora bien, no se celebraron comicios durante sus casi cinco décadas de mandato, confiscó propiedades estadounidenses desde el principio y convirtió el comunismo en la doctrina de Estado, haciendo difícil distinguir entre sus palabras, qué respondía a un propósito de supervivencia política y qué a su verdadera ideología.
Tensiones con Estados Unidos, acercamiento a la URSS y oficialización del socialismo
Inmediatamente tras su llegada al poder, Fidel Castro inició una reforma económica radical centrada en la distribución de la riqueza, otorgando tierras a trabajadores rurales y desarticulando las sociedades azucareras de capital estadounidense. Asimismo, la nacionalización de refinerías, la expropiación de bancos extranjeros y de empresas (Prevost, 2007) provocó la ruptura de relaciones con Estados Unidos a finales de 1960 y la imposición de un embargo comercial sobre la isla que para 2010 alcanzó un coste valorado en 100 mil millones de dólares desde 1961 (Domínguez, 2010).
La hostilidad entre Washington y La Habana era tal que a finales de abril de 1961 Kennedy aprobó la invasión de Cuba por el suroeste en la Bahía de Cochinos, resultando en la victoria de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba y acelerando el acercamiento definitivo con la Unión Soviética. Previo a la operación militar, Fidel había proclamado el carácter socialista de la Revolución durante los funerales por los fallecidos en los bombardeos estadounidenses contra aeropuertos del país el 15 de abril (Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, 2020).
Otro episodio de alta tensión se produjo en 1962, convirtiendo a Cuba en el epicentro de la Guerra fría durante la Crisis de los Misiles, cuando en octubre de dicho año se instalaron misiles soviéticos de alcance medio en la isla, es decir, frente a las costas de Estados Unidos, y que finalmente fueron retirados tras las negociaciones entre Kennedy y Jrushchov.
Legado y desafíos de la Revolución Cubana
En una valoración de los resultados económicos y sociales de los cincuenta años de comunismo en Cuba, Carmelo Mesa-Lago concluyó en 2009 que en los indicadores económicos estudiados –veintinueve de economía doméstica y diecinueve del sector externo– se muestra un rendimiento “abrumadoramente negativo”, empeorando la posición de Cuba respecto a sus vecinos en el 87% de ellos durante 1957 y 2008.
Por otra parte, los indicadores sociales reflejan una evolución más favorable, ya que el 43% de ellos mejoró, el 36% mantuvo igual y el 21% empeoró la posición de Cuba en la región.
El régimen logró sobrevivir al embargo auspiciado por Estados Unidos gracias a la URSS, que se convirtió en su principal aliado y socio comercial, representando el 85% de su comercio exterior y posicionándose como su mayor proveedor de bienes de consumo y crudo (BBC, 2021). La ayuda de Moscú favoreció un período de apogeo entre 1985 y 1989 en el crecimiento, producción y los servicios sociales (Mesa-Lago, 2009).No es de extrañar que el colapso del bloque soviético arrastrara a Cuba consigo, que de por sí enfrenta problemas estructurales en su economía.
La desintegración de la Unión Soviética aisló aún más al estado caribeño, que sufrió una caída del PIB del 40% entre 1989 y 1993 y una reducción de su capacidad de importaciones en un 80% (CIA World Factbook Archive, consultado en 2026)
La crisis económica, la hambruna y escasez de recursos obligó al gobierno a introducir medidas de flexibilización a su modelo planificado en el conocido como “Período Especial en Tiempos de Paz” a partir de 1992, con la aprobación de una enmienda que reconocía los derechos de propiedad para los inversores extranjeros y la introducción de un sistema monetario dual peso-dólar al año siguiente (BTI, 2003)
Las decisiones ejecutivas lograron resultados mixtos, aunque insuficientes para evitar el éxodo de más de 30 mil ciudadanos y el estallido de graves protestas sociales en La Habana contra el gobierno en 1994 y que se conocen como “El Maleconazo”.
Las reformas anunciadas esta pasada semana no constituyen una excepción única en los últimos setenta años de historia de Cuba, sino parte de una política de “ciclos ideológicos y pragmáticos” que la alejan o acercan del capitalismo (Mesa-Lago, 2009), según la situación interna y el apoyo que recibe de otros actores simpatizantes.
La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela en 1999 representó un respiro para un país debilitado y aislado, ya que por ejemplo desde finales de la década de los 2000 el régimen afín de Caracas había proveído cerca de cien mil barriles de petróleo diarios al archipiélago, pagados mayormente con servicios de personal cubano en sectores como el sanitario (CIA World Factbook Archive, consultado en 2026), y no menos importante, su respaldo masivo en créditos, subsidios e inversión valorado en 9.405 millones de dólares durante la crisis financiera en 2008 (Mesa-Lago, 2009).
En vista del nuevo panorama regional favorable, Fidel Castro impulsó el año 2003 la “Batalla de Ideas”, una campaña de carácter ideológico que buscaba restituir el control absoluto del Estado en lo económico en detrimento del reformismo que se había visto forzado a aceptar para mantener a flote el gobierno durante los noventa y que había dado lugar a la configuración de dos facciones con distintas visiones para el futuro –ortodoxos y reformistas– en la cúpula del poder (Domínguez, 2010).
Cuba después de Fidel
En 2008 a la edad de 81 años, Fidel Castro, conocido por sus seguidores como “El Comandante”, anunció que no optaría a un nuevo mandato tras cinco décadas: “Traicionaría por tanto mi conciencia ocupar una responsabilidad que requiere movilidad y entrega total que no estoy en condiciones físicas de ofrecer”. Siendo elegido su hermano Raúl presidente de Cuba en la Asamblea Nacional del Poder Popular se ponía fin así al periodo presidencial más longevo de la historia de América.
Años más tarde, concretamente en abril de 2011, el histórico líder culminó su salida de la vida política al ceder a su hermano la secretaría primera del Partido Comunista en su VI Congreso, primero en trece años y en el cual se aprobaron reformas graduales y pausadas que reducirían la intervención estatal en sectores como la agricultura, el transporte o la construcción, además de los servicios minoristas (restauración, talleres, tiendas), suprimiendo más de un millón de puestos de trabajo estatales (Al Jazeera, 2011).
La llegada de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos trajo consigo el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales con La Habana, suavizando las sanciones y procediéndose a la reapertura mútua de embajadas en 2015. No menos simbólico, en marzo de 2016 el expresidente se convirtió en el primer jefe de estado norteamericano en pisar la isla en 88 años (Vásquez. s.f.)
Varios meses después, concretamente el 25 de noviembre, Fidel Castro Ruz fallecía a los 90 años de edad. Raúl fue el encargado de comunicar el deceso: "Con profundo dolor comparezco para informarle a nuestro pueblo, a los amigos de nuestra América y del mundo que hoy 25 de noviembre del 2016, a las 22.29 horas de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución cubana Fidel Castro Ruz". Se apagaba para siempre una figura que había controlado con puño de hierro una nación insular en el corazón del Caribe sin que nadie pudiese detenerlo, forjando un sistema que le sobrevive casi diez años después.
Trump, el fin de la “era de los Castro”, las protestas de 2021 y Trump 2.0
Siguiendo con el análisis de las relaciones bilaterales entre el archipiélago y la primera potencia mundial, se aprecia una dinámica muy diferente con la primera administración Trump, redoblándose la presión y las sanciones mientras Cuba avanzaba a un relevo generacional con Miguel Díaz-Canel al frente tras el paso a un lado del dirigente Raúl Castro en 2019, dando fin al monopolio ejecutivo de los hermanos Castro desde los años sesenta. El nuevo presidente pertenece a una generación de hombres y mujeres nacidos después del triunfo de la Revolución y con su designación se quería dar continuidad a un proyecto político que Fidel pedía en su último discurso en vida que se perpetuase tras su muerte: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos como prueba de que en este planeta, si se trabaja con fervor y dignidad, se pueden producir los bienes materiales y culturales que los seres humanos necesitan, y debemos luchar sin tregua para obtenerlos”.
En 2021, la reforma monetaria nacional provocó un efecto inflacionario que devaluó los salarios, que unido a la crisis sanitaria y de abastecimiento impulsó las mayores manifestaciones en todo el país desde los años noventa bajo el lema “Patria y Vida” y que resultaron fuertemente reprimidas (El País, 2021).
Las dificultades que enfrenta la población han llevado a más de un millón de personas a dejar Cuba desde 2022 en la mayor oleada migratoria jamás vista (BTI, 2026).
Si bien la derrota de los republicanos en 2020 jugó a favor del régimen y Biden, vicepresidente del gabinete de Obama, como era de esperar procedió a una práctica de distensión controlada con La Habana que se enmarcaba en un punto medio entre la política exterior de su predecesor demócrata y las restricciones de Trump (Bertot, 2022), sacando al archipiélago de la lista de Estados Patrocinadores del Terrorismo al final de su mandato, la llegada de Donald Trump en 2025 a la Casa Blanca por un nuevo periodo de cuatro años ha recrudecido la retórica anticomunista y los mensajes de hostilidad contra el gobierno cubano, aumentando la percepción de inseguridad en el corazón del mar Caribe que lleva preparándose desde enero para una posible intervención militar estadounidense.
Raúl Castro, de 95 años, ha sido imputado por el derribo de dos avionetas en 1996 a finales de este mes de mayo a la vez que la cúpula muestra su apoyo inquebrantable: “Raúl es Cuba y Cuba no se toca” (La Sexta, 2026). Todo ello mientras la crisis energética asola al país y Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos, dirige la política exterior de los Estados Unidos y declara abiertamente: “creo que nos encantaría ver un cambio de régimen allí” (CNN, 2026).
Conclusiones
Es pronto para conocer si las medidas anunciadas por Díaz-Canel pretenden formalizar la renuncia al socialismo económico para así salvar el socialismo político, como parcialmente ha ocurrido en ocasiones anteriores. Lo cierto es que la situación se ha vuelto insostenible desde la captura de Maduro y claudicación del gobierno venezolano, sumiendo a los comunistas cubanos en un estado de máxima tensión mientras enfrentan el descontento interno por la crisis energética, el desabastecimiento y la falta de libertad, sumado al carácter imprevisible de Donald Trump y sus ambiciones porque su segundo y último mandato cambie el escenario regional en favor de los EE.UU. eliminando a sus principales enemigos ideológicos y consolidando un legado que deje una huella tangible.
La Cuba de los Castro ha hecho de la lucha contra los efectos económicos y sociales del bloqueo de Washington una parte de su identidad, interpretándose como una analogía actual de las aspiraciones imperialistas del pasado que pretenden subyugar al pueblo cubano de nuevo y que deben ser enfrentadas sin ceder. Cuba no es Venezuela, Cuba tiene experiencia de sobra sorteando situaciones críticas tanto a nivel interno como externo durante décadas, y el ADN de la Revolución guarda gran hostilidad hacia la costa norte del Golfo de México. Una operación similar a la de enero en suelo cubano debería enfrentarse a un socialismo profundamente nacionalista y mesiánico que otorga a los líderes de la Revolución el papel de continuadores de la obra política de José Martí “en defensa de la soberanía nacional y la supervivencia del pueblo”. No parece que Cuba vaya a correr al menos por ahora la misma suerte que Venezuela, pero si bien el poder militar del archipiélago no puede ser comparado al de la República Islámica, la determinación mostrada por los ayatolás puede ser un indicador de lo puede pasar si Washington se decide por una escalada directa contra una estructura de poder que nació con una retórica antiestadounidense basada en el principio de vencer o morir.



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