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Madagascar: la isla rebelde

  • Foto del escritor: José Manuel Jiménez Vidal
    José Manuel Jiménez Vidal
  • 3 oct 2025
  • 4 Min. de lectura

Las calles de Antananarivo y otras ciudades de Madagascar han sido testigos de un levantamiento juvenil que vuelve a poner en boca de todos la fragilidad de un Estado históricamente ineficiente y corroído por la corrupción. En una semana, las protestas por cortes de agua y electricidad han dejado al menos 22 muertos y más de 100 heridos, según la ONU, aunque el gobierno cuestiona las cifras.


Raíces del conflicto

Aunque los apagones –7 de cada 10 malgaches no tiene acceso a electricidad– y la escasez de agua –el 45,6% de la población carece de acceso a agua potable segura– fueron el detonante inmediato, la crisis refleja una serie de problemas estructurales que ya estaban presentes en la vida cotidiana del malgache promedio:


  • Corrupción endémica: Madagascar ocupa uno de los peores puestos en el ranking mundial de percepción de corrupción. El país ocupaba el puesto 145 de 180 en el Índice de Corrupción global presentado en 2023.

  • Pobreza generalizada: casi el 90,44% de la población vivía por debajo del umbral de la pobreza para el año 2023. Es decir, 27 de los 30 millones de habitantes de la isla africana. 

  • Incapacidad institucional: la riqueza natural del país no se ha traducido en servicios públicos eficientes, una economía competitiva o en infraestructuras adecuadas. La economía malgache se ubica en el puesto 134, con un PIB nominal anual de 15,763 millones de dólares. En términos per cápita –nominal–, el malgache promedio no superaba los 538 dólares anuales en 2024.


A ellos, se suman la inestabilidad política, las crisis sanitarias y la falta de atención y cobertura médica –alta incidencia de malaria, tuberculosis e infecciones respiratorias–, la baja calidad educativa, la degradación ambiental y deforestativa acelerada, el impacto del cambio climático y la erosión del suelo en sectores primarios y el desempleo y la falta de oportunidades económicas para los jóvenes –el 70% está actualmente desempleado entre el rango de 15 a 30 años de edad–.

Estas condiciones han generado un descontento generalizado, que la “Generación Z” ha logrado canalizar mediante movilizaciones organizadas digitalmente y con símbolos culturales reconocibles, como la bandera de “One Piece”.


La reacción del poder

El presidente Andry Rajoelina, consciente de la magnitud de la protesta, disolvió el gobierno y cesó al primer ministro y su gabinete, quienes permanecen como interinos. Acciones anteriores, como la destitución del ministro de Energía e Hidrocarburos, Olivier Jean Baptiste, fueron insuficientes para apaciguar las revueltas. La medida apunta más a controlar el estallido inmediato que a transformar plenamente la estructura política y económica que generó el malestar.


Una generación que cuestiona el status quo

La Generación Z malgache ha combinado la conciencia política y las herramientas digitales, logrando movilizarse en universidades y plazas, demandando servicios básicos, transparencia y justicia social. Aunque la protesta fue en gran parte pacífica, la presencia de actores externos provocó saqueos y violencia, lo que el gobierno utilizó para justificar la represión contra los manifestantes e imponer el toque de queda nocturno.


La reacción juvenil malgache ha estado inspirada en las últimas movilizaciones en Nepal, Indonesia o Kenia, caracterizadas por las altas tasas de participación juvenil, sobre todo, por parte de estudiantes universitarios. En este nuevo caso, los manifestantes vitoreaban “Miala Rajoelina”, es decir, lárgate, Rajoelina –presidente del país–. 


Implicaciones políticas y sociales

En primer lugar, se ha disuelto el gobierno para calmar momentáneamente las calles, pero Madagascar requiere de reformas profundas para paliar las tensiones, las cuales persistirán.

La dimisión del gobierno se hizo pública a través de la comparecencia del presidente en la televisión nacional, donde reconoció y pidió disculpas por el incumplimiento de su gobierno respecto a las tareas que tuvieron que haber sido cumplidas.

 

Seguidamente, la represión ha fortalecido la madurez política juvenil, lo que favorece la identidad política de la Generación Z y su capacidad de organización cara al futuro nacional. Estos hechos, profundizan en las capacidades sociopolíticas, favorecen la libertad de expresión, el multipartidismo y el respeto de ideas críticas frente al poder establecido.


Por su parte, diversos gobiernos globales han manifestado sus condolencias y expresado su apoyo a las familias de las víctimas. Entre ellos: Francia, Estados Unidos –elevando el nivel de alerta de viaje–, Japón o Alemania. También se ha sumado la Unión Europea, quién ha instado al respeto de los derechos humanos y al diálogo. 


Por último, la condena por parte del alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, junto a la de observadores externos ha limitado la discrecionalidad del gobierno –la cual tiende a usar debido al bajo perfil de Madagascar en la política global– y aumenta la presión sobre futuras decisiones políticas.


Conclusión

Madagascar enfrenta un momento crítico: una generación desesperada que exige derechos y justicia social confronta un Estado ineficiente y corrupto, donde los servicios básicos no están cubiertos. La respuesta de Rajoelina ha sido reactiva, pero la verdadera prueba será si el país logra implementar reformas sostenibles y progresivas, en vez de continuar atrapado en un ciclo de protestas, pobreza, represión y frustraciones sociales.


Créditos foto: Vatican News.

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