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Nueva Caledonia: ¿Surge un nuevo país?

  • Foto del escritor: nacionesenruinas
    nacionesenruinas
  • 10 ago 2025
  • 9 Min. de lectura

Actualizado: 14 ago 2025

Nueva Caledonia es un archipiélago ubicado en el Pacífico Sur, frente a las costas de Australia. Este territorio lleva bajo dominio francés desde 1853. No obstante, la presencia de París en la zona no ha estado exenta de polémicas. A continuación, trataremos uno de los lugares más desconocidos del mundo que, quizás, acabe en un futuro por declararse como país independiente.


Mapa político de la región occidental de Oceanía, centrado en Nueva Caledonia.
Mapa político de la región occidental de Oceanía, centrado en Nueva Caledonia.

Como hemos dicho, la isla se encuentra bajo soberanía actual francesa. Sin embargo, la población local, denominada kanak, ya se encontraba habitando el terreno desde hace mínimo unos 3,000 años, cuando las tribus austronesias comenzaron a poblar las islas de Oceanía. Esta sociedad se organizaba en clanes, manteniendo unos fuertes vínculos ancestrales, espirituales y comunales con el entorno.


Con la llegada de la Francia de Napoleón III, como parte de una expedición colonial a la zona, la isla se convirtió en una colonia penal. Es decir, Francia utilizó Nueva Caledonia como “cárcel”, algo habitual en la zona, similar a la Australia británica. Francia buscaba aislar a criminales, insurgentes políticos y reincidentes lejos del territorio continental, así como de castigo para influenciar en las acciones de la población. Asimismo, la colonización mediante presidiarios servía para poblar y colonizar el territorio a un menor coste, ya que tras cumplir las penas, muchos se quedaban en la zona, consolidando el dominio francés. Mediante todo ello, Francia consideraba que los prisioneros podrían “rehabilitarse” lejos de París, extender las ideas progresistas y civilizadoras; y; rebajar la presión carcelaria en la metrópolis.


La idea de utilizar un territorio lejano como cárcel personal no es un mero invento francés. Los primeros en utilizarlo fueron los británicos, en su forma moderna, claro. Londres enviaba a América a sus presidiarios hasta la independencia de los EEUU, cuando entonces optó por Australia como destino idóneo. El Imperio se encargó de vaciar su exceso de presidiarios enviándolos al otro punto del globo, a cambio, un resguardo seguro del dominio de la zona, mucho antes de que a otra potencia naval se le ocurriera pasar por la zona a tomar el territorio como suyo. En esencia, La Corona utilizaba el trabajo forzado y el exilio interno al puro estilo romano: enviar lejos a los criminales para sacar un provecho de los mismos, como los criminales romanos eran utilizados en minas o islas del Egeo.


El fin de la etapa carcelaria de Nueva Caledonia llegó en 1897, tras haber despojado al pueblo kanak de sus tierras, confinados a reservas concretas y obligados a trabajar forzadamente. Esta situación se agravó además durante los últimos años del siglo XIX, tras los descubrimientos de níquel en la isla, multitud de exploradores mineros y empresarios colonos se establecieron en la zona, empeorando las condiciones de los locales e incrementando el racismo y las desigualdades entre colonos y locales.


Con la llegada de las Guerras Mundiales, los kanak sirvieron al ejército francés. Sin embargo, Francia no les otorgó el mismo reconocimiento en términos de derechos ciudadanos que a los franceses de la metrópolis. En consecuencia, comenzaron las revueltas, reivindicaciones y resultados. En 1957, el pueblo kanak obtuvo ciertos derechos civiles limitados, y en 1946 consiguen que Nueva Caledonia sea declarada como territorio de ultramar francés, obteniendo cierto autogobierno como territorio bajo soberanía francesa, manteniendo la dependencia política y jurídica de París.


Pese a los avances tras la Segunda Guerra Mundial, los kanak seguían sufriendo desigualdades: la lejanía respecto a París, la falta de mano de obra, el menor destino de financiación e inversiones, la falta de infraestructuras, el deterioro de los servicios sanitarios y educativos etc… Como resultado, acabaron surgiendo movimientos independentistas, especialmente durante los años 70´s y 80´s, coincidiendo con otros movimientos de autodeterminación alrededor del mundo, llevando a organizarse en movimientos como el Frente de Liberación Nacional Kanak y Socialista.


Durante la década de los 60´s numerosas colonias francesas lograron la independencia, de hecho, casi todas: Madagascar, Camerún, Senegal, Mali, Burkina Faso, Costa de Marfil, Chad, República Centroafricana, Congo-Brazzaville, Mauritania, Togo, Benín, Argelia, Gabón y Níger. En muchos casos, motivados por movimientos comunistas y socialistas que se encontraban en expansión bajo narrativas revolucionarias y utópicas ante pueblos devastados. De igual forma, Nueva Caledonia pretendió seguir los pasos de las Islas Comoras  y Yibuti, los cuales se independizaron en la década de los años 70´s.


Ante los intentos revolucionarios y las manifestaciones, el Frente de Liberación Nacional Kanak y Socialista proclamó el gobierno kanak en 1984 tras declarar las elecciones como falsas, boicoteando los comicios bajo el lema de que estaban controlados por Francia, estallando los enfrentamientos. Las reyertas se extendieron por el territorio, enfrentando a las fuerzas de seguridad francesas y a la población caldoche –descendientes de europeos– contra los independentistas. La crisis de crispación político-social aumentó hasta los acontecimientos de 1988. Ese mismo año, ocurre la Toma de Ouvéa, un episodio violento y sangriento entre fuerzas de seguridad e independentistas tras tomar los revolucionarios a varios agentes franceses en la isla de Ouvéa para presionar a favor de la independencia. La respuesta de París fue una operación militar contra la cueva donde tenían secuestrados a los gendarmes, acabando finalmente con la vida de 19 revolucionarios kanak y 2 gendarmes franceses. Como resultado, se firmaron los Acuerdos de Matignon, con los cuales se pactó el proceso gradual de autonomía y un referéndum de autodeterminación para la isla.


Una década después, en 1998, se firmaron los Acuerdos de Numea, estableciendo el camino a la descolonización, el traspaso de competencias y el derecho a realizar hasta 3 referéndums de independencia. Desde entonces, se han realizado tres referéndums de autodeterminación entre 2018 y 2021. En el primero, realizado en 2018, la mayoría votó por la permanencia en Francia, pero con un apoyo significativo a la independencia del 43,3%. Seguidamente, en octubre de 2020 volvió a ganar el “No” a la independencia, pese a que el porcentaje independentista aumentó al 46,7%. Finalmente, en 2021 es el año donde todo comenzó a torcerse respecto a los referéndums.


En 2021, ganó el “Sí” a permanecer en Francia por más del 96% de los votos. Es decir, los kanak perdían su última oportunidad amparada en los Acuerdos de Numea de independizarse por las ”buenas”. Pero ¿Por qué cayó tanto el independentismo en la última oportunidad?. Durante los meses previos, los diferentes grupos secesionistas aumentaron la presión y la violencia entre los kanak y los caldoches. A ello, se le sumó la pandemia del COVID-19, por lo que los líderes independentistas reclamaron que la población no iba a reflejar justamente su deseo de autodeterminación por las limitaciones para poder movilizarse o participar en los comicios. Asimismo, observando la inminente pérdida a favor de una Nueva Caledonia independiente, los grupos políticas decidieron boicotear las elecciones no presentándose a votar para deslegitimar el proceso. En consecuencia, tan sólo el 43% de la población votó y llevó a los kanak a exigir una nueva negociación política.


El caso de Nueva Caledonia ejemplifica perfectamente la dualidad inherente a los referéndums de autodeterminación. Aunque estos plebiscitos son frecuentemente demandados por grupos y territorios que buscan expresar su voluntad, rara vez son aceptados por la parte derrotada, que suele insistir en la celebración de nuevos comicios hasta alcanzar sus objetivos. En consecuencia, los referéndums pueden generar ciclos prolongados de consulta y conflicto, poniendo en evidencia la complejidad de resolver disputas territoriales únicamente a través de procesos electorales y políticos.


Tras el boicoteado comicio, el gobierno francés, junto a los grupos políticos independentistas y no independentistas de Nueva Caledonia continuaron negociando para encontrar una vía común que permitiera la estabilidad político-social, lo que se ha denominado como  diálogo “post-Numea”. Durante 2022, las tensiones entre los secesionistas y los leales a París se incrementaron, aunque sin violencia significativa por medio. Mientras, el FNKS se negó a aceptar condiciones derivadas de los resultados obtenidos en 2021, alegando que el tema de la ciudadanía caledonia era un punto clave para el futuro de las negociaciones. Es decir, pretenden escoger quién puede votar en un supuesto futuro referéndum de autodeterminación.


Ante la situación, no se lograron grandes avances durante los años posteriores. Francia propuso un estatuto de autonomía, cediendo ciertas competencias locales, pero sin la independencia. No obstante, el FNKS seguía presionando por la autodeterminación, las protestas se iban incrementando y los grupos políticos proponían comicios sin apoyo del gobierno de París. Mientras, en 2024, el gobierno francés propuso modificar el censo electoral para permitir que nuevos residentes franceses voten en las elecciones locales si llevan 10 años en la isla, lo cual fue visto por los kanak como una provocación contra los derechos de autodeterminación propios y como una colonización demográfica.


En mayo de 2024, estallaron fuertes protestas y disturbios en la capital, Numea, con incendios, bloqueo de rutas de transporte y enfrentamientos con las fuerzas y cuerpos de seguridad. Francia declaró el estado de emergencia y envió refuerzos a las fuerzas de seguridad locales. La tensión aumentó, murieron 14 personas, dos de ellas gendarmes franceses, cientos de heridos, más de 2000 arrestos y pérdidas en casi 3,000 millones de euros, con más de 900 empresas destrozadas y saqueadas durante los disturbios independentistas, acabando con casi 11,000 empleos. El transporte público tuvo que cerrar durante semanas y el aeropuerto internacional cerró vuelos internacionales entre el 14 de mayo e inicios de junio.


La masiva catástrofe política y social llevó a que Francia suspendiera en junio la reforma electoral. El líder independentista Christian Téin y otros activistas fueron arrestados y deportados a Francia, donde iniciaron sus respectivos procesos judiciales. En octubre, se posponen dos veces las elecciones provinciales y el 3 de diciembre se levanta el toque de queda. El gobierno territorial queda en manos de Louis Mapou, primer Presidente del Gobierno de Nueva Caledonia de origen kanak e independentista desde la creación de las instituciones autonómicas caledonias en 1999, cuyo gobierno colapsa tras la renuncia de uno de sus ministros, acabando con la coalición gubernamental, generando una nueva crisis  y un descontento social creciente ante el movimiento.


En consecuencia, en enero de 2025, el Congreso de Nueva Caledonia escoge como Presidente a Alcide Ponga, del bloque pro-Francia, en un intento de estabilizar la situación tan frágil de la isla. Ponga, optó por desplegar entre mayo y junio un mayor número de efectivos y fuerzas de seguridad para evitar los disturbios en favor de las extradiciones y procesamientos de líderes independentistas. Finalmente, tras lograr una cierta estabilidad y un clima de negociación, Ponga actuó como interlocutor confiable del Estado francés con los grupos independentistas.


Como resultado, se acaba logrando la firma del Acuerdo de Bougival el 12 de julio de 2025. En él, se propone que Nueva Caledonia sea un Estado dentro de la República Francesa, logrando una autonomía reforzada, con doble ciudadanía (caledonia y francesa). Asimismo, también se han acabado cediendo competencias locales y proponiendo un referéndum para ratificar el estatuto de autonomía en el año 2026.


El acuerdo fue firmado por figuras moderadas del FLNKS, excluyendo a los líderes del Comité de Coordinación de Acciones en Terreno –radicales–. Así como, a la delegación lealista pro-francesa, incluidos partidos pro-franceses caledonios y a los unionistas; y al propio Estado francés, cerrando el ciclo del Acuerdo de Numea.


Sin embargo, las reacciones no se han hecho esperar. Por un lado, partidos moderados independentistas kanak, lealistas y el gobierno central lo observan como un nuevo “marco estable” y que no cierra del todo el proceso futuro de autodeterminación, viendo la situación como un proceso gradual hacia un futuro soberano. Mientras, los independentistas radicales rechazan totalmente el acuerdo, denunciando la presión militar y política bajo la que se negoció el acuerdo. Estos, exigen un verdadero proceso de descolonización, apoyándose en las autoridades tradicionales kanak, quienes temen que la representación francesa aumente, llevando a cabo un relevo demográfico.


Internamente, Francia también se encuentra dividida. El gobierno y sus votantes defienden el acuerdo, pero la izquierda francesa demanda mayor participación y solidaridad con el pueblo kanak. Los partidos ecologistas y autonomistas piden una consulta más amplia y respeto por los derechos indígenas, dejando en el aire el apoyo a una independencia que sí apoya la izquierda. En cuanto a la derecha francesa, se critica duramente la independencia, demandando que Nueva Caledonia siga perteneciendo a Francia y una línea más dura ante las cesiones a los secesionistas.


Pese a que la opinión pública francesa no está demasiado pendiente de lo ocurrido en la remota isla. Algunos países de la comunidad internacional sí están muy pendientes. De hecho, en 2024, Azerbaiyán apoyó las manifestaciones caledonias kanak contra Francia, lo que derivó en una crisis diplomática con París. El Presidente Macron, criticó la intervención azerí en “asuntos internos franceses”, alegando que Bakú estaba vengándose geopolíticamente por el apoyo de Francia a Armenia en el conflicto en el Cáucaso. De igual forma, pero no tan directamente, Vanuatu, Venezuela, Cuba y otros países ubicados dentro del Movimiento de Países No Alineados se han mostrado favorables a la autodeterminación o al apoyo de los derechos kanak.


En conclusión, Nueva Caledonia representa un ejemplo claro de cómo los referéndums se han convertido en una herramienta política crucial en los procesos de autodeterminación actuales, pero también refleja las complejidades y tensiones inherentes a estos mecanismos, donde los resultados nunca satisfacen a todas las partes involucradas. Este caso pone en evidencia el peso del legado colonial francés, que sigue influyendo en la dinámica interna y en la relación con el Estado central, así como la presencia de intereses geopolíticos y estratégicos en la región del Pacífico motivados por otros movimientos internacionales.


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