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Nueva Caledonia y la crisis de 2024: colonialismo, independencia y guerra híbrida en el Pacífico

Nueva Caledonia es un territorio francés situado en el Océano Pacífico, cuya situación política es única dentro de la ordenación territorial francesa. Se trata de una “Colectividad sui generis”, lo que la sitúa en un limbo entre un país independiente y un territorio de ultramar francés. Por otro lado, junto a Wallis y Futuna, se trata de una de las dos últimas colonias de Francia, según Naciones Unidas.


El territorio en cuestión fue descubierto por el navegante británico James Cook en 1774, bautizándolo como Nueva Caledonia debido al parecido de sus costas montañosas con Escocia. Tras ello, la presencia extranjera en la primera mitad del siglo XIX se limitó a comerciantes de madera y balleneros angloamericanos. Sin embargo, Nueva Caledonia fue colonizada por Francia, bajo la orden de Napoleón III, el 24 de septiembre de 1853, a manos del contralmirante Auguste Febvrier-Despointes, siendo ratificada su anexión el 29 de septiembre en la Isla de Pinos. 


La incorporación del territorio a Francia se realizó sin un tratado con las autoridades indígenas, así como en un contexto geopolítico de marcada competencia entre Francia e Inglaterra por el control de  las rutas marítimas del Pacífico Sur, buscando la nación gala establecer una base naval estratégica y un enclave penitenciario de ultramar. Mediante decreto imperial, en 1863, Francia designó formalmente a Nueva Caledonia como colonia penal, iniciando el envío masivo de presidiarios comunes y deportados políticos que transformó de manera irreversible la demografía del territorio y sentó las bases del despojo territorial a la población originaria. 


Lo anterior produjo una división demográfica, que ha dado lugar a múltiples revueltas y movimientos favorables a la autodeterminación a lo largo de la historia del territorio. Ejemplo de ello fueron las movilizaciones acontecidas en mayo de 2024, contrarias a la modificación del censo electoral por parte de la Francia Metropolitana y a la discriminación socioeconómica de los canacos, pueblo nativo de Nueva Caledonia. En este suceso pudo apreciarse como potencias extranjeras, tales como Azerbaiyán y Turquía, se alinearon y apoyaron dichos disturbios, siendo visibles banderas de este primer país en las manifestaciones, en un intento de debilitar a una Francia que actúa como un gendarme en el Cáucaso, apoyando a Armenia.


El choque sociodemográfico entre Francia y el Pueblo Kanak: las raíces de una fractura histórica

La población originaria del archipiélago es el pueblo Kanak, cuya cultura es milenaria, surgida a raíz de las migraciones de la cultura Lapita. Carecían de un Estado centralizado, emanando la autoridad del Gran Jefe, cuyo poder dependía del consenso tribal, la custodia de la palabra sagrada, la oratoria y la capacidad de redistribuir bienes en las ceremonias comunitarias. Respecto a la propiedad de la tierra, a diferencia del modelo mercantilista occidental, el pueblo Kanak la considera como un organismo vivo, no siendo susceptible de transmisión o venta, lo cual generó un conflicto entre ambas visiones.


Por otro lado, Francia emprendió una campaña de reemplazo poblacional, con el fin de dominar el territorio, mediante la creación de una colonia penitenciaria. En la misma fueron recluidos numerosos presos políticos, destacándose aquellos provenientes de la derrota de la insurrección de la Comuna de París en 1871, como la escritora anarquista Louise Michel. A su vez, cabe destacar que no solo fueron presos franceses, sino también bereberes y árabes, condenados tras el fallido levantamiento de los Mokrani en 1871, dando lugar a la creación, tras el fin de su presidio, de una comunidad árabe-caledonia, forjada mediante matrimonios mixtos.


Dicha campaña de asimilación y reemplazo poblacional se fraguó a medida que los presos liberados fueron recibiendo las tierras que fueron expoliadas a los indígenas mediante los decretos de 1867 y 1899 del gobernador Feillet. Las tribus fueron confinadas en reservas indígenas, siendo expulsadas del 90% del suelo fértil insular, y discriminadas mediante el Code de l’Indigénat de 1887. En este texto legal no ostentaban la condición de ciudadanos franceses, siendo súbditos privados de libertades civiles básicas. A lo anterior se suma la posibilidad, por parte de los administradores coloniales, de imponer castigos físicos, confinamientos domiciliarios, penas de cárcel sin derecho a juicio, toques de queda y trabajos forzados, entre otros abusos, como un impuesto de capitación anual.


Esta situación dio lugar a una de las primeras revueltas del pueblo Kanak, en 1878, cuyo detonante fue la permisividad de las autoridades francesas ante el movimiento de las manadas de ganado vacuno, las cuales penetraban en las tierras de los Kanaks y destruían sus huertos. Ante tal ofensa, el Gran Jefe Atai organizó un ejército guerrillero que arrasó numerosos asentamientos coloniales, puestos militares y explotaciones agrarias, una vorágine que acabó con la vida de más de 200 colonos y soldados. Frente a dichos ataques, la respuesta militar francesa, liderada por el Coronel Cally-Passebosc, consistió en una estrategia de tierra quemada, destruyendo aldeas y plantaciones enteras, terminando la insurrección con 1.200 kanaks muertos y la confiscación total de sus tierras. 


Religión y resistencia: de la asimilación a la teología de la liberación

Previo a la conquista militar, en el archipiélago caledonio aconteció una labor misionera por parte tanto de protestantes como de católicos. Los primeros, británicos de la London Missionary Society, iniciaron el proceso en 1840, promoviendo la traducción de los textos bíblicos a las lenguas nativas de los habitantes de Nueva Caledonia, a la par que cimentaron una estructura asamblearia deliberativa en el seno de las organizaciones tribales. 


Por su parte, los católicos franceses, encabezados por monseñor Douarre y la Sociedad de María, empezaron en 1843 con el respaldo de la administración naval francesa, implementando un modelo educativo afrancesado, con la finalidad de erradicar las creencias originarias y asimilar a la población. Ello generó una fragmentación social y territorial que perdura a día de hoy, puesto que las zonas en las que penetró el protestantismo, especialmente la Islas de la Lealtad y la Costa Norte, mantienen una estructura deliberativa y desconfiante del centralismo, frente al sur y la costa oeste, de tradición católica, y por tanto alineadas con las instituciones públicas coloniales.


Tras la Segunda Guerra Mundial, el marco colonial clásico fue desarticulado, otorgando la ciudadanía francesa a los indígenas con el advenimiento de la Cuarta República Francesa y la abolición del Code de l’Indigénat de 1887. Sin embargo, debido a su exclusión de la vida pública durante décadas, los kanaks carecían de cuadros políticos capaces de liderar sus reivindicaciones, refugiándose en las asociaciones confesionales para canalizarlas. Así pues, nacieron la Union des Indigènes Calédoniens Amis de la Liberté dans l’Ordre (UICALO), de corte católico, y la Association des Indigènes Calédoniens et Loyaltiens Français, dos entidades que se fusionarían en 1953 en torno al partido político Union Calédonienne y pasarían a dominar la política insular gracias a las mayorías adquiridas en la asamblea territorial, un hito que les permitió desarrollar importantes reformas sociales, realizar una eficaz redistribución de la riqueza y reconocer civilmente al pueblo Kanak.


Debido a la influencia desde finales de los 60 de diversos movimientos políticos de izquierdas, como Mayo de 1968, o el Black Power en Estados Unidos, la juventud, especialmente aquellos que regresaban a Nueva Caledonia desde las universidades metropolitanas, comenzaron a recibir la ideología autonomista de Unión Caledonia como insuficiente, apostando por la creación de grupos como los Pañuelos Rojos, cuya aspiración era la proclamación de una independencia socialista en el territorio. Por otro lado, en este ambiente de efervescencia política, la Iglesia Protestante proclamó la incompatibilidad del evangelio con el colonialismo, apostando por la autodeterminación como una exigencia ética y espiritual. Todo ello quedó plasmado en el viraje de Union Calédonienne hacia el independentismo, visible en el discurso de Jean-Marie Tjibaou en el festival Melanesia 2000.


Guerra y arquitectura de la paz: Matignon (1988) y Numea (1998)

Desde principios de 1984, debido al fracaso de los sucesivos estatutos de autonomía transitorios y la radicalización política heredada de las dos décadas anteriores, tuvo lugar la creación del Front de Libération Nationale Kanak et Socialiste (FLNKS) con Jean-Marie Tjibaou a la cabeza. Una de las primeras acciones de la organización fue la creación del Gobierno Provisional de Kanaky, estructura paralela al gobierno afín a París, así como el boicot a las elecciones territoriales del 18 de noviembre de 1984, con el dirigente independentista Éloi Machorro rompiendo una urna con un hacha en un acto televisado.


En respuesta a lo anterior, los sectores blancos de la población se agruparon en milicias de autodefensa, siendo el caso del Rassemblement pour la Calédonie dans la République (RPCR), dando lugar a actos de confrontación entre ambos grupos calificables de guerra civil, conocidos como los Événements, entre 1984 y 1988. Dicho escenario alcanzó un nivel crítico el 5 de diciembre de 1984, cuando diez militantes kanaks desarmados fueron masacrados en una emboscada nocturna, siendo los autores absueltos por un jurado compuesto exclusivamente de ciudadanos blancos. Cabe destacar que, semanas después, francotiradores de élite de la gendarmería francesa abatieron a Éloi Machorro, dando lugar a un estado de excepción y toque de queda militar permanente. 


Sin embargo, aunque la situación se encontraba en un nivel crítico, empeoró en la víspera de las elecciones presidenciales de abril de 1988, que enfrentaron al conservador Chirac contra el socialista Mitterrand, con la muerte de 4 gendarmes y el secuestro de 23 en una cueva de Ouvéa a manos del FLNKS. En respuesta a ello, el gobierno de Chirac llevó a cabo la Operación Victor, que consistió en un asalto militar a la cueva, con el consecuente rescate de los gendarmes, aunque resultó en la muerte de 19 militantes kanaks y 2 militares galos. Cabe resaltar que varios miembros kanaks fueron capturados con vida y ejecutados sumariamente, lo cual situó a Nueva Caledonia al borde del conflicto civil abierto.


En vista de que la continuación de la espiral violenta desencadenaría en un conflicto mayor, Mitterrand, mediante Michel Rocard, negoció con Jean-Marie Tjibaou, así como con el líder lealista Jacques Lafleur (el empleo del término lealista en el presente artículo se refiere expresamente a la población que guarda fidelidad al régimen metropolitano), los conocidos como acuerdos de Matignon del 26 de junio de 1988. En dicho texto se estableció la amnistía para los hechos que tuvieron lugar en los Événements, a la par que una suspensión sobre el debate de la independencia por 10 años, unido a la división del territorio en tres provincias administrativas (Provincia del Sur, Provincia del Norte y Provincia de las Islas de la Lealtad), con autonomía financiera y poder de las fuerzas independentistas. Sin embargo, dicha reconciliación fue interpretada por un sector importante de la población Kanak como una traición a la independencia y los mártires, siendo Jean-Marie Tjibaou asesinado a manos de un radical kanak el 4 de mayo de 1989.


Posteriormente, en 1998, tras la expiración de la moratoria de los Acuerdos de Matignon, se celebraron los Acuerdos de Numea, donde se fijó la celebración de hasta tres referendos, en caso de rechazo inicial, relativos a la autodeterminación del territorio. En consecuencia, se han celebrado los tres referéndums, siendo el primero en 1998 (venciendo el “No” con un 56,7% de los votos), el segundo en 2020 (repitiéndose el resultado con un 53,3% igualmente en contra) y el tercero en 2021, boicoteado por el FLNKS debido al impacto del COVID-19 en las tribus, con un resultado del 96,5% a favor del “No” y una abstención superior al 56%. A su vez, cabe resaltar que dichos acuerdos transfirieron múltiples competencias al gobierno local, como educación y comercio exterior, reservándose el gobierno central la defensa nacional, la justicia, la moneda y las relaciones exteriores. 


La economía del níquel y la brecha socioeconómica

Bajo las tierras de Nueva Caledonia se sitúa entre el 10% y 20% de las reservas mundiales de níquel. Este yacimiento fue descubierto por el ingeniero francés Jules Garnier en 1864, y supone el 90% de las exportaciones del archipiélago, alimentando una red de empleo directo e indirecto que sostiene a una de cada cuatro familias del archipiélago. Cabe destacar que el níquel no es simplemente un mineral que genera ingresos, sino una herramienta geopolítica, pues es fundamental para la tecnología de los coches eléctricos, concretamente las baterías, y la siderurgia, siendo un pilar fundamental en la transición energética. Así pues, las aspiraciones independentistas de Nueva Caledonia suponen no solo un bache político interno, sino geopolítico, tanto para Francia como para la Unión Europea, que buscan reducir su dependencia de las cadenas de suministro asiáticas.


Sin embargo, desde el año 2021, el mercado global del níquel ha experimentado un colapso, con una caída del precio de más de un 40% entre 2022 y 2024 en la Bolsa de Metales de Londres, a causa de las inyecciones masivas de capital estatal y privado chino en la infraestructura minera de Indonesia, que permitieron al país vender níquel a unos costes de extracción y refinado inalcanzables desde los estándares ambientales y laborales occidentales. En consecuencia, las tres fundiciones principales de níquel en Nueva Caledonia entraron en una crisis de liquidez, acumulando deudas operativas millonarias, llegando a suspenderse las operaciones de la planta de la multinacional anglosuiza Glencore, y afectando a 3.000 puestos de trabajo directos e indirectos.


Este suceso no hizo más que ejemplificar la dependencia macroeconómica estructural del níquel y el flujo masivo de transferencias públicas desde la Francia metropolitana hacia Nueva Caledonia. Aunque aparentemente se puede apreciar una elevada renta per cápita, ésta camufla profundas desigualdades sociales y territoriales, pues los complementos salariales a los funcionarios metropolitanos han encarecido los precios de la vivienda, los suministros y la canasta básica de alimentos, castigando fuertemente a aquellos que se encuentran fuera del empleo público, especialmente los kanaks, quienes en muchas ocasiones sobreviven gracias a la pesca y agricultura tradicionales. Se agrega la existencia de una brecha espacial, especialmente visible en la capital, pues en la bahía sur los servicios básicos son equivalentes a la Francia metropolitana, mientras que en la periferia del norte y este de la capital se encuentran barrios con escasos servicios, habitados por kanaks marginados, desescolarizados y con una tasa de desempleo juvenil crónica superior al 35%.


El detonante de 2024: reforma electoral, estallido violento y choque institucional

Los Acuerdos de Numea establecieron un censo restringido temporal para las elecciones territoriales, cuya finalidad era evitar que una emigración masiva desde la Francia metropolitana convirtiera a los kanaks en una minoría en sus propias instituciones. En 2007, debido a las presiones del movimiento independentista y las interpretaciones ambiguas del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, el Parlamento francés aprobó una enmienda constitucional para crear un censo congelado, lo cual implicaba que solo los franceses que estuvieran inscritos en el padrón neocaledonio en 1998 y sus descendientes directos tenían derecho a voto.


Sin embargo, esta situación generó una anomalía democrática en la que 42.000 personas provenientes de Francia, las cuales llevaban más de una década residiendo en el archipiélago y pagando impuestos, no tenían derecho a sufragio. Ante esta situación, y tras la finalización de los tres referéndums pactados sobre la independencia, el gobierno de Emmanuel Macron decidió aplicar una solución unilateral para desbloquear el padrón del archipiélago. En dicha reforma, se planteaba otorgar el derecho de sufragio en los comicios provinciales a cualquier ciudadano francés nativo de Nueva Caledonia o que pudiera acreditar un mínimo de diez años de residencia ininterrumpida en el territorio insular, con la finalidad de restablecer la igualdad de derechos políticos para todos los contribuyentes de Nueva Caledonia.


Dicha maniobra fue interpretada desde el arco político independentista, especialmente el FLNKS, como la ruptura de los Acuerdos de Numea y una declaración de guerra institucional contra el pueblo kanak, cuyo objetivo era minimizar la importancia de los habitantes originarios y sepultar las aspiraciones soberanas del archipiélago, mediante la incorporación de 25.000 nuevos electores de origen metropolitano. Ante la pasividad de las estructuras políticas tradicionales emergió con fuerza la Cellule de Coordination des Actions de Terrain (CCAT), organización de base fundada a finales de 2023 por Christian Tein, que organizó marchas pacíficas multitudinarias en Numea, las cuales llegaron a convocar a más de 50.000 personas.


Sin embargo, la situación giró hacia una espiral de violencia sin precedentes desde 2024 el 13 y 14 de mayo. Ante la aprobación del proyecto de reforma por parte de la Asamblea Nacional francesa, cuadrillas de jóvenes alzaron barricadas en las carreteras más estratégicas del archipiélago, bloqueando el acceso a la capital y el aeropuerto, así como el suministro de alimentos, medicamentos y combustibles. Junto a ello, se llevaron a cabo ataques contra cuarteles de policía, comercios y centros de salud, provocando un daño cifrado en más de 2.000 millones de euros. Las fuerzas de seguridad francesas se vieron desbordadas, organizándose consecuentemente patrullas de autodefensa entre los ciudadanos lealistas  europeos. Debido a esta situación, Emmanuel Macron declaró el estado de emergencia, suspendiendo la red social TikTok (utilizada por los manifestantes para coordinarse), declarando un toque de queda nocturno y desplegando más de 3.500 gendarmes pertenecientes a unidades de élite desde la Francia metropolitana. 


La visita de Macron a Nueva Caledonia el 23 de mayo de ese mismo año, en la cual se reunió con los líderes de todas las fuerzas políticas, no fue suficiente para alcanzar una declaración conjunta, pues los líderes independentistas exigían la retirada completa del texto constitucional. Sin embargo, debido a la disolución de la Asamblea Nacional en junio de 2024, causada por los resultados de las elecciones al parlamento europeo, dejó la reforma en un limbo jurídico, pues para su entrada en vigor debe ser ratificada por mayoría de 3/5 en el Congreso del Parlamento, una reunión conjunta de senadores y diputados, que no pudo ser convocada debido a la disolución de dicho órgano. Sin embargo, pese a esta paralización, los disturbios reavivaron una fractura congelada desde 1988, retrocediendo la cohesión social a las tensiones intracomunitarias de dichos años.


La dimensión internacional del conflicto. Guerra híbrida y el factor Azerbaiyán

Para comprender la presencia de un país del Cáucaso en una colonia francesa del pacífico es imperativo conocer los vínculos de Francia en dicha región. A nivel histórico, Francia ha mantenido una estrecha relación con Armenia, enemigo de Azerbaiyán, la cual se ha visto reforzada por la presencia de una diáspora de 600.000 personas, con una influencia enorme en la política exterior francesa hacia la región, tal como se amplía en el artículo “La influencia de la diáspora armenia en la política exterior de Estados Unidos, Rusia y Francia: lobbies étnicos, nacionalismo transnacional y geopolítica del Cáucaso”. Esta alianza se hizo patente en el apoyo francés a Armenia durante la Segunda Guerra de Nagorno Karabaj en 2020 y la ofensiva militar relámpago de Azerbaiyán en septiembre de 2023, disolviendo la autoproclamada República de Artasaj y expulsando a 100.000 armenios del territorio.


Por otro lado, el gobierno de Macron ha vendido armas avanzadas a Armenia, como vehículos de combate táctico Bastion o sistemas de radar Ground Master 200, lo cual ha sido considerado por Azerbaiyán como una injerencia de Francia en la región con la finalidad de desestabilizarla y boicotear las negociaciones de paz con Armenia. En respuesta a esto, desde Bakú se ha tejido una estrategia de guerra híbrida para represaliar a Francia, utilizando uno de sus talones de Aquiles, los territorios no autónomos de ultramar. Ello es visible en la creación, en julio de 2023, del Baku Initiative Group (BIG), a raíz de una Conferencia Ministerial del Movimiento de los Países No Alineados, cuya finalidad es apoyar la lucha global contra el colonialismo francés.


Así pues, Azerbaiyán ha dado cobertura mediática y diplomática a los líderes independentistas de los territorios franceses de ultramar, como Nueva Caledonia, Guyana Francesa o Córcega, mediante conferencias internacionales en hoteles de lujo en Bakú y Estambul, así como en las sedes de Naciones Unidas de Nueva York y Ginebra, donde Francia proyecta una imagen de respeto a los derechos humanos. Cabe destacar que el régimen de Aliyev utilizó los testimonios sobre la represión colonial en Nueva Caledonia para contraatacar las denuncias francesas sobre la limpieza étnica en Nagorno Karabaj, argumentando ante los países del Sur Global que Francia carecía de autoridad moral para dar lecciones democráticas en el Cáucaso mientras mantenía colonias cautivas en el Caribe y Oceanía. 


Esta injerencia quedó consagrada con el Memorándum del 18 de abril de 2024, firmado por la diputada independentista neocaledonia Omayra Naisseline y el presidente del parlamento azerí (Ilham Aliyev), fruto de la invitación para comparecer de una delegación de Union Calédonienne en el Parlamento de Azerbaiyán. En dicho documento se formalizó el compromiso de promover el intercambio educativo y cultural, así como de coordinar acciones de presión en foros internacionales para denunciar la política colonial del gobierno francés en el Pacífico Sur. Este acuerdo desató una tormenta política de alta intensidad en Francia, siendo calificado por el ministro de Interior y Ultramar, Gérard Darmanin, como una injerencia extranjera inadmisible, acusando al independentismo kanak de venderse a una dictadura sanguinaria.


Todo lo anterior quedó plasmado en las maniobras de ciberinjerencia y desinformación ejecutadas desde Azerbaiyán durante los disturbios de 2024 en Nueva Caledonia. El estado caucásico, según los servicios de información franceses, articuló una red de más de 1.600 cuentas automatizadas en X y Facebook, administradas por personas vinculadas al ecosistema mediático del estado azerí, mediante la cual se amplificaba la difusión de vídeos e imágenes de los disturbios, asociándose a una narrativa según la cual la policía francesa estaba masacrando a civiles indefensos. Para aumentar el impacto, se utilizaron hashtags como #FrenchColonialism, #KanakyFreedom y #StopFrenchImpunity. Cabe destacar que, durante el transcurso de la revuelta, diversos reporteros internacionales observaron como algunos manifestantes portaban la bandera de Azerbaiyán y camisetas con las siglas de Baku Initiative Group (BIG), demostrando la efectividad del régimen de Aliyev para proyectar su influencia geopolítica a más de 14.000 kilómetros.


Conclusión: fuego en el Pacífico, hilos en Bakú

La crisis desatada en Nueva Caledonia en 2024 no constituye un estallido espontáneo ni un simple episodio de desórdenes públicos, sino que responde a una situación de marginación y discriminación estructural del pueblo Kanak. Así pues, durante estos acontecimientos tuvo lugar un triple colapso: el consenso institucional nacido de los Acuerdos de Numea, la viabilidad del modelo económico basado en la exportación de níquel y la impermeabilidad de los territorios franceses de ultramar ante las dinámicas de la geopolítica global. 


París cometió el error estratégico de creer que el movimiento independentista estaba de facto debilitado tras el fracaso de sus aspiraciones en los tres referéndums de independencia, procediendo a una descongelación del censo que llevaría, finalmente, a la asimilación del archipiélago mediante la inclusión de franceses metropolitanos. Sin embargo, la respuesta de los kanaks reabrió la fractura sociodemográfica de los años 80, a la par que una ventana de oportunidad para que potencias hostiles, como Azerbaiyán, aprovecharan la situación para debilitar a Francia.


Superar este laberinto exigirá mucho más que el despliegue de fuerzas de seguridad metropolitanas o la congelación táctica de una ley en Versalles. Mientras Francia no logre articular un pacto de soberanía compartida genuino que reconcilie la dignidad y los derechos colectivos del pueblo originario kanak con el arraigo democrático de las poblaciones no autóctonas, y en tanto persista la ruina del mercado del níquel, Nueva Caledonia seguirá siendo un polvorín vulnerable. En un orden internacional cada vez más multipolar y hostil, el Pacífico ha dejado de ser una periferia aislada para convertirse en el espejo donde las contradicciones imperiales de Occidente quedan expuestas al escrutinio y la manipulación global.

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