República Centroafricana: el Emperador caníbal
- nacionesenruinas
- 18 ago 2025
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Jean-Bédel Bokassa será probablemente uno de los líderes más controvertidos y excéntricos jamás recordados, especialmente en la política contemporánea africana. Militar de formación y político autoritario, sus trece años de régimen en la República Centroafricana –1966 a 1979– estuvo marcado por una ambición desmedida, el lujo más extravagante, la represión brutal y los episodios de violencia que traumatizaron a toda una nación. Autoproclamado emperador al estilo de Napoléon Bonaparte, Bokassa es recordado tanto por su ascenso al poder como por sus atrocidades inhumanas que cometió durante su mandato.
Bokassa nació en 1921, cuando el territorio todavía era una colonia francesa, Ubangi-Shari. Este, posteriormente se convertiría en la República Centroafricana. Proveniente de una familia humilde, Bokassa se unió al ejército francés y sirvió durante la Segunda Guerra Mundial y en la Guerra de Indochina entre 1946 y 1954, donde adquirió experiencia militar y ascendió en las filas.
Con la independencia del país en 1960, encabezada por David Dacko, Bokassa ocupó puestos claves dentro del ejército nacional centroafricano, llegando a ser comandante del mismo. Aprovechando la inestabilidad política derivada de la falta de una estructura estatal, conflictos internos y su falta de apoyo popular, así como por el descontento por el gobierno civil, Bokassa organizó un golpe de Estado en 1966, derrocando a Dacko y asumiendo el control del país. Su ascenso fue respaldado inicialmente por Francia, que veía en él un aliado para mantener la influencia en la región rica en diamantes, oro, uranio y coltán.
Tras tomar el poder, Bokassa se declaró presidente vitalicio en 1972, consolidando un régimen autoritario donde eliminó cualquier oposición política y centralizó el poder. Sin embargo, su ambición no se limitó tan solo a ello. En 1976, tras organizar una coronación extremadamente excéntrica e inspirada en la de Napoleón, se proclamó emperador de la República Centroafricana, renombrada como Imperio Centroafricano. La ceremonia costó más de 20 millones de dólares, una suma desproporcionada para un país pobre que contaba con escasos recursos, gastando más dinero que el equivalente a la mayor parte del presupuesto anual de todo el país.
![Visita del presidente rumano Ceaușescu a RCA en julio de 1970, a su lado se encuentra Jean-Bédele Bokassa. Crédito foto: Online communism photo collection [photo #Z260].](https://static.wixstatic.com/media/672c54_93462848103342a4b5ad3bd5e3dd9fb2~mv2.png/v1/fill/w_980,h_732,al_c,q_90,usm_0.66_1.00_0.01,enc_avif,quality_auto/672c54_93462848103342a4b5ad3bd5e3dd9fb2~mv2.png)
La ceremonia contó con diseñadores y organizadores franceses para replica el fasto y el lujo del evento imperial francés. Se invitó a delegaciones de multitud de países, pese a que la mayoría no asistió. Asimismo, la coronación duró varias horas y se hizo retransmitir en todas las radios y televisiones del país. De igual forma, se dice que, durante la recepción, Bokassa hizo un comentario inquietante al ministro francés de Cooperación, Robert Galley, insinuando que la carne que se servía en el evento era humana, lo que alimentó los rumores de canibalismo.
El evento simbolizó el extremo derroche y la megalomanía de Bokassa, que gastaba los recursos del Estado en lujos personales y proyectos faraónicos, mientras la mayoría de su población vivía en la pobreza más extrema, muriendo de hambre y por epidemias. Bokassa mandó construir un enorme palacio imperial en Bangui, convirtiéndolo en residencia oficial y símbolo del poder absoluto. También erigió numerosas estatuas y monumentos en su persona alrededor del país, copiando estilos europeos clásicos. Asimismo, creó títulos nobiliarios, órdenes de caballería y otros símbolos de una monarquía imperial, intentando emular las estructuras europeas clásicas. De tal forma, el dinero se fue en proyectos innecesarios, organizando a su vez celebraciones y eventos de gran gasto, como desfiles militares y festivales culturales, que consumían gran parte del presupuesto nacional anual.
Durante los primeros años de su gobierno, Bokassa intentó implementar ciertas reformas para modernizar la infraestructura nacional. Construyó carreteras e instalaciones públicas de carácter gubernamental, realizó ciertas obras urbanas en la capital, modernizó y fortaleció el ejército nacional aumentando su tamaño y capacidades, mejoró ciertos servicios públicos y promovió la educación, intentando dar una imagen de progreso.
Además, mantuvo relaciones diplomáticas con Francia y otras potencias occidentales, asegurando ayuda financiera y apoyo internacional. Esta relación con Francia fue crucial para lograr mantenerse en el poder, aunque con el tiempo, las denuncias por violaciones de derechos humanos y corrupción acabaron por erosionar la relación. Bokassa no promovió un programa político basado en ideologías políticas. Su principal objetivo era consolidar y mantener el poder. Su gobierno se basó en el control absoluto del Estado, como un régimen dictatorial de liderazgo pragmático, populista y personalista.
El lado oscuro del régimen de Bokassa fue la represión sistemática y las atrocidades contra su propio pueblo. La persecución de opositores políticos era constante, con encarcelamientos, torturas, violaciones sexuales a jóvenes y mujeres de la élite política y militar y ejecuciones extrajudiciales. Uno de los episodios más sangrientos y trágicos fue la masacre de estudiantes de 1979, cuando fuerzas del gobierno reprimieron violentamente una protesta estudiantil, dejando decenas de muertos.
Además, existen testimonios que sugieren que Bokassa estuvo involucrado en actos macabros, incluyendo rumores de canibalismo, los cuales nunca se han podido probar formalmente en un juicio pero sí se sospecha de su evidencia. La brutalidad del régimen generó un clima de miedo y descontento generalizado, tanto dentro como fuera del país.
Algunos exfuncionarios, opositores y periodistas reportaron que el líder habría participado en rituales que incluían el consumo de carne humana, o que habría ordenado actos similares para infundir miedo. Aunque se piensa que muchos de los rumores están exagerados o difundidos como propaganda desacreditadora.
El despilfarro desproporcionado del emperador, junto a la corrupción y la mala gestión, llevaron al colapso económico. La inflación se disparó, la pobreza se extendió y el sistemas sanitario y educativo se deterioraron. La extravagancia de Bokassa contrastaba dolorosamente con la miseria de su población.
A medida que las denuncias por abusos aumentaban, la comunidad internacional se distanciaba. Francia, principal aliado, retiró su apoyo y facilitó un golpe de Estado en 1979, poniendo fin al régimen macabro.
Después de ser derrocado, Bokassa huyó al exilio, primero en Francia y luego en otros países como Senegal y Costa de Marfil. Fue capturado y juzgado en 1987 por diversos crímenes, incluyendo asesinatos y abuso de poder, y fue condenado a cadena perpetua, aunque posteriormente fue indultado por su estado de salud y la presión internacional para conseguir una transición pacífica hacia la democracia. La orden de arresto las emitió el entonces presidente André Kolingba, quien estaba al mando de la República Centroafricana cuando Bokassa regresó al país en 1986, viéndolo como una amenaza a la estabilidad y autoridad de sí mismo. Murió finalmente en 1996 en Bangui, su ciudad natal y capital del país centroafricano.
Su legado es profundamente recordado. Por un lado, su gobierno representó uno de los períodos más oscuros de la historia de la República Centroafricana, con violaciones gravísimas a los derechos humanos, corrupción y ruina económica. Por otro lado, dejó una marca imborrable en la identidad política nacional, recordando los peligros del autoritarismo y la concentración excesiva del poder.
Jean-Bédel Bokassa personifica la complejidad de la historia política de muchos países africanos poscoloniales: la lucha por la estabilidad y el desarrollo, mezclada con la ambición personal desmesurada. Su reinado imperial es una advertencia internacional sobre los riesgos del poder sin control y la importancia de los sistemas políticos estables, así como por el respeto de los derechos humanos.







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