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Sáhara Occidental: traición, abandono y resistencia

  • Foto del escritor: Álvaro Aguiló de la Plaza
    Álvaro Aguiló de la Plaza
  • 2 nov 2025
  • 7 Min. de lectura
Introducción

La causa saharaui ha sufrido uno de los mayores golpes de su historia. El 31 de octubre, la ONU aceptó el Plan de Autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental como una de las posibles opciones para conseguir una supuesta paz y poner fin a este conflicto, el cual, cumple este año medio siglo. Todo esto se debe a los enormes esfuerzos de los EEUU y a la administración Trump, que ve en Marruecos un gran aliado ¿Qué esconde esta nueva postura? ¿Por qué ahora? ¿Dónde está España en este conflicto? ¿Qué va a pasar en el futuro con la cuestión saharaui? Trataremos de resolver estas cuestiones, pero, antes de empezar, conviene hacer un ejercicio de verdadera memoria histórica para comprender cómo se ha llegado a esta situación y por qué debería importarnos.

 

Contexto histórico

El pueblo saharaui tiene una cultura e historia fascinante que no podremos tratar con su merecida profundidad, pero sí podemos conocer lo necesario para situarnos en este conflicto geopolítico. Los saharauis ya existían como una sociedad nómada y tribal en el territorio del actual Sáhara Occidental, así como en las regiones limítrofes al sur del actual Marruecos, el norte de Mauritania y el suroeste de Argelia, entre los siglos VII y XIX. Es crucial recordar que estas tierras nunca estuvieron bajo la autoridad de Marruecos, por dos razones fundamentales: en primer lugar, Marruecos no existía, el país, en su forma moderna, se creó en 1956, y, en segundo lugar, las tribus saharauis se regían por sus propias leyes y jefaturas locales, no pagaban tributos ni se reconocían como parte de los pueblos originarios “marroquíes”. En este contexto, los saharauis se dedicaban al pastoreo de camellos, cabras y ovejas, y al comercio caravanero, convirtiéndose en un puente entre el África subsahariana y las costas atlánticas del Magreb. Es aquí donde entra el contacto con Europa, comenzando con la Corona de Castilla, que en 1478 estableció la fortaleza de Santa Cruz de la Mar Pequeña en la región, marcando el inicio de relaciones comerciales entre las monarquías ibéricas y las tribus saharauis, sin que esto implicase una subordinación política.

 

España no profundizó sus relaciones con el pueblo saharaui ni otros pueblos africanos debido a que sus esfuerzos estaban centrados en los Virreinatos de América, pero una vez independizados la gran mayoría de ellos, España quiso virar a África centrándose en el Rif, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial. Todo en un intento de seguir el ritmo de las demás naciones europeas en África, pero no de la misma forma. De hecho, en el caso del Sáhara Occidental, se oficializó la presencia española con la creación del protectorado del Sáhara Español en 1884 con un tratado redactado en los dos idiomas de las dos partes, árabe hassanía y español –ninguna otra potencia europea se tomó la molestia de redactar sus tratados en los idiomas de todas las partes– y fue reconocido por el resto de países que formaron la Conferencia de Berlín en 1885.

 

El estatus como protectorado del Sáhara Occidental se mantuvo hasta que, después de la Segunda Guerra Mundial, la recién creada ONU comenzó los procesos de descolonización amparándose en el Capítulo 11 del artículo 73 de la Carta de Naciones Unidas en el que los firmantes se comprometían a velar por la libre autodeterminación de los TNA (Territorios No Autónomos). Dicho término es la forma que usa la ONU para referirse a territorios que no han alcanzado su derecho a elegir su estatus de manera plena y reconocida por la ONU y, por lo tanto, siguen administrados por otro estado como, por ejemplo, las Malvinas, Gibraltar o, el Sáhara Occidental. España, para evitar hacer un referéndum de libre autodeterminación declaró al Sáhara como provincia española en 1958, es decir, que el Sáhara Español tendría el mismo estatus que Madrid o Valencia y los saharauis pasaban a ser españoles de pleno derecho. Así se mantuvo durante casi 20 años, hasta que España, en 1974, prometió realizar el referéndum de libre autodeterminación, pero, en ese momento, dos frentes se abrieron: las pretensiones marroquíes por ocupar el territorio y el nacionalismo saharaui.

 

Como se mencionó anteriormente, Marruecos nunca mostró interés en el territorio saharaui, pero la situación cambió cuando España y los saharauis comenzaron a explotar sus recursos estratégicos, pesqueros y minerales, especialmente las minas de fosfatos. Fue entonces cuando un Marruecos ya independizado, bruscamente, se percató de que el Sáhara Occidental, entonces Sáhara Español, debía formar parte de su territorio. En aquel entonces, la maquinaria marroquí comenzó a activarse, al igual que los saharauis, influenciados por los procesos de independencia africanos, comenzando a buscar su emancipación de España, con el Frente Polisario como representante de la RASD (República Árabe Saharaui Democrática).

 

Pese a que Marruecos inicialmente intentó reclamar el territorio por vía diplomática, presentando supuestas pruebas de su soberanía ante la Corte Internacional de Justicia, todas sus reclamaciones fueron rechazadas. Asimismo, estos movimientos también coincidieron con un periodo de cambio en España, con un Franco al borde de la muerte y una sociedad española en transición hacia el que sería Régimen de 1978. Aprovechando este contexto y tras asegurar el apoyo de Francia y Estados Unidos, alegando que la independencia del Sáhara Occidental crearía un foco soviético en África por su cercanía a Argelia, Marruecos llevó a cabo la Marcha Verde el 6 de noviembre de 1975, en la que miles de civiles y militares marroquíes invadieron al Sáhara Español.

 

El “papel” de España

España, ante los hechos, no solo no actuó en favor de la legalidad internacional ni de los saharauis que, recordemos, eran españoles de pleno derecho, sino que el 14 de noviembre de 1975 se reunió con los gobiernos de Marruecos y Mauritania para negociar la partición del territorio, abandonando así su papel de potencia administradora, o eso se pretendía. Estos acuerdos son conocidos como los Acuerdos Tripartitos de Madrid, de los cuales, en 1979, Mauritania se salió de ellos. Cabe destacar que son ilegales tanto desde la perspectiva del derecho internacional, al no ser reconocidos por la ONU, como desde la legislación española, ya que nunca se publicaron en el BOE, requisito fundamental para que una norma jurídica entre en vigor en España. Desde entonces, Marruecos ha continuado ocupando el Sáhara Occidental, desplazando a los saharauis a campos de refugiados en Tinduf, Argelia, mientras que los saharauis habitantes del territorio ocupado viven oprimidos bajo un sistema de miedo, segregación y discriminación. Mientras, España sigue siendo, de iure, la Potencia Administradora del territorio, y como tal, tiene la responsabilidad de garantizar la libre autodeterminación del pueblo saharaui y la protección de sus derechos humanos. Esto no lo ha cambiado la nueva resolución de la ONU.

 

Durante todo este tiempo, España no se ha pronunciado más allá que en discursos en defensa del derecho internacional, sin realizar esfuerzos concretos para llevar a cabo el referéndum prometido. Hubo intención durante el mandato de Aznar, pero tras el 11-M y la llegada del PSOE al poder de la mano de Zapatero en 2004, esos planes se frenaron. La situación empeoró para el pueblo saharaui cuando Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, envió al rey Mohamed VI de Marruecos, en marzo de 2022, una carta apoyando el Plan de Autonomía de Marruecos para el Sáhara Occidental. Este hecho sorprendió, ya que España se enteró a través de una filtración y no mediante un comunicado oficial, rompiendo así con la posición histórica de la ONU, que nunca había respaldado este plan, hasta ahora, pero ¿En qué consiste este plan?

 

El Plan apoyado por la Casa Blanca

El Plan de Autonomía marroquí, propuesto por Mohamed VI en 2006, ofrece al territorio una autonomía limitada bajo la soberanía marroquí, permitiendo instituciones locales, pero imponiendo la aceptación de la bandera marroquí, las leyes y el control en defensa y justicia por parte de Marruecos. El plan no contó con apoyo internacional hasta que intervino Estados Unidos, que mediante los Acuerdos de Abraham reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental a cambio del respaldo de Marruecos a Israel. Con el tiempo, el plan ha recibido apoyo de otras naciones como España, Francia, Alemania, Dinamarca e Israel, consolidando su influencia en instituciones internacionales, gracias, en gran parte, a un impulso significativo de la administración de Donald Trump.

 

Actualmente, en Europa se debe entender que el mayor aliado de Estados Unidos en el Mediterráneo no es España ni Italia, sino Marruecos. Ante un África cada vez más independiente y fuerte, Estados Unidos, y Francia, buscan mantener influencia en el continente, y Marruecos, con una geografía estratégicamente útil y con acceso a recursos naturales(gran parte extraídos del Sáhara Occidental), se convierte en un aliado clave. Por todo esto, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 2797, tomando como una de las bases la Propuesta de Autonomía marroquí para las negociaciones. Esto representa un cambio que rompe con lo que siempre ha defendido la ONU ya que, no debemos olvidar que Marruecos ha ocupado militarmente el Sáhara Occidental, donde muchos saharauis han muerto y siguen muriendo por defender su derecho a la autodeterminación. Dicho esto, la resolución 2797 no contradice resoluciones anteriores, como la 1514 (XV) o la 2229 (XXI), que apoyan rotundamente la libre autodeterminación del Sáhara Occidental.


También la MINURSO (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental) ha renovado su mandato por un año más, manteniendo la posibilidad del referéndum, misión que por cierto lleva existiendo desde 1991. Por lo tanto, aunque Marruecos y sus aliados celebren esta resolución, la ONU no ha modificado lo fundamental: el pueblo saharaui conserva su derecho a decidir su futuro. Lo que cambia es que, por primera vez, la autonomía marroquí no es rechazada explícitamente, lo cual tampoco es de menos. 


Conclusión

En conclusión, a pesar de este cambio de la ONU y de que Marruecos y sus aliados celebren la resolución 2797 como un reconocimiento de su plan de autonomía, la victoria marroquí y de sus aliados sigue lejos. Naciones Unidas sigue manteniendo que el Sáhara Occidental es un Territorio No Autónomo pendiente de descolonización, con el derecho inalienable del pueblo saharaui a la autodeterminación intacto y la MINURSO manteniendo su mandato para organizar un referéndum libre.


Aunque este proceso no podrá llevarse a cabo mientras España no asuma seriamente su papel como Potencia Administradora. Tampoco se logrará con un Marruecos que, con respaldo de los Estados Unidos de Trump y el apoyo militar de Israel, mantiene un proyecto expansionista que representa un grave riesgo para la estabilidad regional. Estas alianzas refuerzan sus pretensiones sobre Ceuta, Melilla, Canarias, Mauritania e incluso partes de Argelia, amenazando la soberanía de los Estados vecinos y complicando cualquier futuro proceso de negociación basado en la legalidad internacional y la libre autodeterminación saharaui.


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