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Trinidad y Tobago: el estratégico puente entre Estados Unidos y Venezuela en el Caribe

  • Foto del escritor: Álvaro Aguiló de la Plaza
    Álvaro Aguiló de la Plaza
  • 30 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Trinidad y Tobago: el puente de Trump a Venezuela Desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962, las tensiones en el Caribe no habían sido tan altas. Todo esto se debe a la inestabilidad venezolana, que Trump, sin duda, no ha tardado en aprovechar y, amparándose en la carta estadounidense de «liberador», todo parece apuntar a un antes y un después en el poder de Estados Unidos en la región. Y aunque aún está por verse cómo se marcará ese antes y después, hay una nación clave en este conflicto: Trinidad y Tobago. Este país vecino de Venezuela está sirviendo a la Casa Blanca para ejercer presión sobre el régimen de Maduro, y la razón por la que se ha convertido en una pieza tan crucial va mucho más allá de su geografía. Para entender la complejidad del papel geopolítico de Trinidad y Tobago, debemos tener en cuenta que se trata de una nación compuesta por dos territorios distintos, no solo porque son dos islas, sino porque cada una tiene una historia diferente y una unificación históricamente muy interesante.

 

En primer lugar, la isla más grande de esta nación es Trinidad, la cual, durante siglos, fue habitada principalmente por dos pueblos americanos: los arahuacos y los caribes. Los primeros eran más sedentarios y se dedicaban a la agricultura, mientras que los segundos, los caribes, eran más guerreros y se dedicaban a la exploración de otros territorios. Como nos ha enseñado la Historia, cuando un pueblo guerrero se encuentra con uno sedentario, el sedentario no suele salir muy bien parado. Así, aunque entre los arahuacos y los caribes hubo intercambios y comercio, también se produjeron grandes conflictos, pero todo cambió con la llegada de Colón en 1498, con su integración a la Monarquía Hispánica.


Durante la época de los Habsburgo, aunque Trinidad formara parte de la Audiencia de Santo Domingo, no hubo una presencia española significativa ni una conquista como en otros territorios americanos. Más tarde, con cambio dinástico a los Borbones, como ocurrió en muchas otras partes del Imperio, Trinidad fue incorporada al Virreinato de Nueva Granada y se concedió permisos para que la isla fuera poblada por franceses y sus esclavos africanos.


Por otra parte, Tobago, aunque fuera considerada española, no hubo un gran esfuerzo por integrarla como otros territorios, y su dominio pasó por manos de empresarios holandeses y piratas franceses. Tras la cesión de Trinidad a Inglaterra por parte de España en 1802, los ingleses se hicieron con Tobago, y así fue como Trinidad y Tobago pasó a ser un territorio unificado. 

Durante más de un siglo como colonia inglesa, logró su independencia en 1962 y, al principio, la nueva nación gozó de gran prosperidad gracias a la industrialización y a una buena gestión de sus recursos, sobre todo del gas. Esto llevó al país a convertirse en un miembro clave de la Commonwealth, garantizando la influencia británica en el Caribe, y de la CARICOM (Comunidad del Caribe), pero en las últimas décadas, aunque la nación sigue siendo rica, la corrupción y la violencia están a la orden del día. Esto se debe a que la riqueza de los recursos se distribuye de manera muy desigual entre una clase política y una élite empresarial que acaparan gran parte de los beneficios, mientras que la población permanece pobre y además racialmente discriminada, derivando en una de las tasas de violencia más altas del Caribe anglosajón y de América en general.


A pesar de estos problemas internos, Trinidad y Tobago es un aliado clave de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico, especialmente contra el Tren de Aragua, una de las mayores organizaciones criminales de Venezuela. Este conflicto compartido se ha convertido en uno de los motivos principales por los que Trinidad y Tobago mantiene una posición alineada con Trump. El narcotráfico venezolano también ha incrementado la criminalidad en Trinidad y Tobago, por lo que este enemigo común refuerza la alianza entre los dos países. Además, la nación caribeña no tiene muchas más opciones si quiere prosperar, y Trump, consciente de ello, ha sabido aprovecharlo para consolidar la influencia estadounidense en la región. Esto nos sitúa en la actualidad, con un Donald Trump acorralado políticamente en Estados Unidos, con una popularidad por los suelos y una política exterior que ha traicionado gran parte de los motivos por los que los republicanos lo apoyaron; un Nicolás Maduro viendo sus últimas horas de poder; y, por último, una Trinidad y Tobago dispuesta a todo para no convertirse en un nuevo Haití.

 

Ante esta situación, Estados Unidos movió ficha, obteniendo el permiso de Trinidad y Tobago para desplegar buques de guerra bajo la excusa de realizar ejercicios militares y Maduro, interpretando esto como una amenaza, canceló la compra de gas a Trinidad y Tobago. Como respuesta, lejos de intentar presionar a Estados Unidos para reducir su presencia militar (algo a lo que EEUU probablemente tampoco hubiera accedido), Trinidad y Tobago ha permitido que los estadounidenses traigan más barcos, cazas y portaaviones, ubicándolos incluso en costas más al sur, es decir, más cerca de Venezuela. La estrategia trinitense es clara y es que, si Estados Unidos logra presionar más a Venezuela, la compra de gas podría reanudarse, y además se incrementa la seguridad en la zona, ya que es por el sur donde entran las embarcaciones del Tren de Aragua. De esta forma, Trinidad y Tobago, a pesar de ser una nación joven y pequeña, se ha convertido en un actor imprescindible entre Venezuela y Estados Unidos que, consciente tanto de sus limitaciones como de sus ventajas, está velando por su propia supervivencia. Al final, se trata de un país situado entre dos naciones con relaciones actualmente muy deterioradas y, de ellas, Estados Unidos sigue siendo, por ahora, la primera potencia mundial.

 

Entonces, mientras Estados Unidos moviliza billones de dólares en despliegues militares y Venezuela, ya sumida en una grave inestabilidad política, económica y social, parece al borde de una intervención, Trinidad y Tobago está reduciendo su tasa de criminalidad, asegurando sus aguas y recuperando su posición como uno de los mayores exportadores de gas del Caribe. Así que, al final, puede que no sea Trump quien esté utilizando a Trinidad y Tobago, sino que, en cierto sentido, está siendo al revés.

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