Cumbre Xi Jinping-Trump: comercio, inteligencia artificial y tensiones geopolíticas
El presidente chino, Xi Jinping, ha concluido este viernes su visita de Estado a Estados Unidos, donde durante tres días se ha reunido con Donald Trump en su segundo encuentro bilateral del año. La cumbre ha estado marcada principalmente por temas clave como Taiwán, la inteligencia artificial, las relaciones comerciales e inteligencia, cuatro de los principales ámbitos en los que Washington y Pekín mantienen una intensa competencia, aunque también se han abordado cuestiones como la energía, el fentanilo, Ucrania y el control de armamento.
La visita, desarrollada entre el 23 y el 25 de septiembre a raíz de una invitación directa de Trump, ha supuesto el primer viaje de Xi a la Casa Blanca desde el regreso del mandatario estadounidense al poder. El encuentro se ha producido apenas cuatro meses después de la cumbre celebrada en Pekín los días 14 y 15 de mayo, cuando ambos presidentes acordaron trabajar en una relación basada en la denominada «estabilidad estratégica constructiva», la cual ya fue tratada en Naciones en Ruinas.
La fórmula, empleada desde entonces por Pekín para describir el marco de sus relaciones con Washington, pretende establecer un principio de estabilidad para una relación marcada por la rivalidad económica, tecnológica y geopolítica. El director del Centro para la Seguridad Internacional y la Estrategia de la Universidad de Tsinghua, Da Wei, señaló que el concepto proporciona un marco común para una relación especialmente compleja y puede contribuir a evitar una deriva hacia escenarios de confrontación.
La nueva cumbre no ha resuelto las principales diferencias entre ambas potencias, pero sí ha permitido mantener abierto el diálogo y alcanzar algunos acuerdos concretos, especialmente en materia comercial y tecnológica.
La inteligencia artificial se convierte en uno de los ejes de la cumbre
La inteligencia artificial ha adquirido un protagonismo especial durante las conversaciones. China y Estados Unidos han acordado crear un canal específico de diálogo sobre “superinteligencia”, destinado a intercambiar puntos de vista sobre los riesgos y beneficios asociados al desarrollo de esta tecnología.
Según el comunicado de la Casa Blanca sobre los acuerdos alcanzados durante la visita, el próximo encuentro del denominado Diálogo EEUU-China sobre Superinteligencia (SI) tendrá lugar en noviembre de 2026. Ambos países también han acordado establecer un canal bilateral de comunicación para abordar posibles incidentes relacionados con esta tecnología (The White House, 2026).
El término “superinteligencia” ha adquirido además una dimensión política durante la visita. Los dos países han acordado utilizar esta denominación para referirse a la tecnología emergente, después de que Trump empleara el término durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas. El presidente estadounidense había defendido antes de la llegada de Xi que Washington no debía ralentizar el desarrollo de la inteligencia artificial. Trump considera que Estados Unidos mantiene actualmente una posición de liderazgo tecnológico frente a China y otros países.
La posición de Xi ha incorporado un matiz diferente. El presidente chino ha defendido durante las conversaciones que el desarrollo de estas tecnologías debe mantenerse bajo control humano y orientarse hacia su utilización en beneficio de la población. El mandatario se mostró partidario de que Washington y Pekín “mantengan el control humano sobre la tecnología de la inteligencia artificial, adhiriéndose a un enfoque centrado en las personas y de carácter benévolo, para garantizar que dicha tecnología sirva al progreso de la humanidad” según el Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China.
La cuestión tecnológica tiene especial relevancia porque ambos países compiten por el liderazgo en inteligencia artificial. Mientras las empresas estadounidenses mantienen una posición destacada en el desarrollo de los modelos y sistemas más avanzados, China trata de acelerar su propio desarrollo tecnológico pese a las restricciones estadounidenses sobre el acceso a determinados chips avanzados.
Antes de la visita de Xi, los dos países ya habían establecido durante el viaje de Trump a Pekín en mayo un mecanismo de consultas sobre inteligencia artificial, aunque este canal había avanzado poco. Entre las propuestas estadounidenses se encontraba, precisamente, la creación de un sistema para comunicar incidentes relacionados con la IA.
Trump afirmó posteriormente que la reunión con Xi había sido muy positiva y destacó especialmente el consenso alcanzado sobre la denominación de la nueva tecnología. “Una reunión muy productiva con el presidente Xi, tanto para Estados Unidos como para China. Van a pasar cosas extraordinarias” afirmó Trump en su red Truth Social (TruthSocial, 2026).

Comercio: extensión de la tregua y nuevos compromisos
El segundo gran eje de la reunión ha sido la relación comercial. Washington y Pekín han acordado prolongar la tregua arancelaria que había permitido contener parte de la escalada comercial entre ambas potencias. El acuerdo inicial expiraba el próximo 10 de noviembre, pero la nueva prórroga extiende su vigencia hasta enero de 2027. De este modo, ambas partes mantienen suspendidas determinadas medidas arancelarias y restricciones que habían afectado a sectores estratégicos como las tierras raras y los productos tecnológicos.
Además, durante la visita se han puesto en marcha el Consejo de Comercio EEUU-China y el Consejo de Inversión EEUU-China, organismos creados durante la visita de Trump a Pekín en mayo y destinados a mantener canales institucionalizados de negociación económica entre ambos países. China también se ha comprometido a importar al menos 10 millones de toneladas métricas de carbón estadounidense en 2027, volumen que volvería a adquirir en 2028.
Washington y Pekín han alcanzado asimismo un consenso sobre recomendaciones para aplicar un tratamiento arancelario más favorable a bienes no sensibles por valor de unos 30.000 millones de dólares en cada dirección. Entre los productos estadounidenses incluidos figuran productos agrícolas, madera y cosméticos, mientras que entre las mercancías procedentes de China se encuentran electrodomésticos y juguetes.
Las tierras raras continúan, no obstante, siendo una cuestión pendiente. El comunicado estadounidense señala que ambas partes continuarán trabajando sobre las preocupaciones de Washington relacionadas con las exportaciones chinas de tierras raras y minerales críticos, con el objetivo de que los niveles de suministro hacia Estados Unidos vuelvan a situarse en niveles adecuados.
La cuestión es especialmente relevante debido a la dependencia estadounidense de determinados minerales estratégicos controlados en gran medida por China y al papel que estos materiales desempeñan en sectores tecnológicos, industriales y de defensa.
Taiwán, el principal punto de fricción
Frente a los acuerdos alcanzados en comercio y tecnología, Taiwán ha representado uno de los principales puntos de desacuerdo entre Trump y Xi. Durante su reunión, el presidente chino pidió a Trump que Washington adopte la que Pekín considera la “posición correcta” respecto a la independencia de Taiwán y mantenga una postura contraria a cualquier intento de independencia de la isla. El comunicado estadounidense sobre los resultados de la cumbre no incluye referencias a Taiwán, pese a la importancia que la cuestión tuvo durante las conversaciones.
La política estadounidense hacia la isla se mantiene basada en una ambigüedad estratégica. Washington no reconoce formalmente a Taiwán como Estado independiente y mantiene relaciones diplomáticas con Pekín, pero tampoco reconoce la soberanía de la República Popular China sobre la isla en los términos que reclama el Gobierno chino. Al mismo tiempo, la legislación estadounidense permite mantener relaciones con Taiwán y proporcionar armamento para su defensa. Trump ha mantenido suspendida una nueva transferencia de armamento defensivo para Taipéi, una decisión que ha llegado a presentar como una posible moneda de cambio en sus negociaciones con Pekín.
La posición estadounidense respecto a una eventual defensa militar de Taiwán en caso de una invasión china tampoco ha quedado definida de forma explícita, lo que mantiene la denominada ambigüedad estratégica como uno de los elementos centrales de la política de Washington en el estrecho. La respuesta de Taipéi a las declaraciones de Pekín fue inmediata. El Gobierno taiwanés acusó a China de presentar de manera unilateral sus reclamaciones y defendió que el futuro de la isla corresponde a su población. El Ministerio de Exteriores taiwanés añadió:
“El Partido Comunista Chino no tiene derecho a representar al pueblo taiwanés, y el futuro de Taiwán solo puede ser determinado por el pueblo taiwanés a través de medios democráticos” (Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán, 2026).
Energía y relaciones con Irán
La energía también formó parte de las conversaciones, especialmente por la guerra en Irán y sus efectos sobre los mercados internacionales. La Administración Trump ha tratado de presionar a China para que reduzca sus relaciones energéticas con Teherán. Washington considera problemático que Pekín continúe realizando negocios con Irán y ha advertido de posibles consecuencias. China, por su parte, mantiene relaciones energéticas con Irán, Rusia y Venezuela y se ha beneficiado de su posición como uno de los principales compradores internacionales de petróleo.
El conflicto en Oriente Medio ha contribuido además a elevar los precios energéticos internacionales, con el barril de petróleo situado en torno a los 100 dólares durante esta semana. Pekín ha defendido también la reapertura del estrecho de Ormuz, la protección del transporte energético y la recuperación de las negociaciones entre Washington y Teherán. Al mismo tiempo, Estados Unidos pretende que China utilice su influencia sobre Rusia para favorecer una salida a la guerra de Ucrania.
Fentanilo y control de armamento
Otro de los asuntos incluidos en el comunicado estadounidense ha sido la lucha contra el fentanilo. Su inclusión resulta especialmente significativa por la dimensión que ha adquirido el consumo de opioides sintéticos en Estados Unidos. Según datos provisionales de los Centers for Disease Control and Prevention (CDC), en 2025 se produjeron aproximadamente 38.084 muertes por sobredosis en las que estuvieron implicados opioides sintéticos, principalmente fentanilo, frente a las 48.913 registradas en 2024. Aunque estas cifras reflejan un descenso considerable, el fentanilo continúa representando una parte importante de la mortalidad asociada a las drogas en el país (CDC, 2026).
La dimensión internacional del problema ayuda a explicar su presencia en la agenda bilateral entre Washington y Pekín. De acuerdo con la Drug Enforcement Administration (DEA), las organizaciones criminales mexicanas utilizan redes transnacionales para obtener precursores químicos procedentes de China e India y trasladarlos posteriormente a México, donde son empleados para fabricar fentanilo y otras drogas sintéticas. La DEA identifica además a proveedores químicos radicados en China como una fuente relevante de estos precursores y señala que los grupos criminales mexicanos han desarrollado mecanismos para adquirirlos mediante intermediarios y empresas aparentemente legítimas (DEA, 2025).
La presión sobre estas cadenas de suministro parece haber comenzado a producir algunos efectos. La DEA señala que durante 2024 se observó una disminución de la pureza del fentanilo, que podría estar relacionada con las dificultades de algunos productores mexicanos para acceder a determinados precursores químicos. Paralelamente, algunos proveedores químicos establecidos en China habrían mostrado una mayor cautela a la hora de suministrar sustancias controladas a clientes internacionales, en un contexto de refuerzo de los controles sobre estos compuestos. Sin embargo, estas dificultades no implican necesariamente una reducción de la peligrosidad del fentanilo que llega al mercado estadounidense. Las organizaciones dedicadas al tráfico de drogas continúan recurriendo a otras sustancias para adulterarlo, entre ellas tranquilizantes veterinarios, anestésicos y nuevos opioides sintéticos. Además, la DEA advierte de una progresiva diversificación de los precursores utilizados: algunos proveedores estarían recurriendo a sustancias químicas modificadas, conocidas como precursores de diseño, que pueden presentar mayores dificultades para su detección y regulación y que en determinados casos, tienen usos legítimos en productos industriales o de consumo (DEA, 2025).
Esta capacidad de adaptación de las redes de suministro añade complejidad a los esfuerzos internacionales de control y ayuda a explicar la importancia de la cooperación con China. Por ello, Washington pidió a Pekín que mantenga sus esfuerzos para combatir la producción y exportación de precursores químicos utilizados para fabricar esta droga sintética. Estados Unidos también instó a China a incrementar la producción de productos petrolíferos con el objetivo de contribuir a estabilizar el suministro energético mundial.
Estados Unidos también instó a China a incrementar la producción de productos petrolíferos con el objetivo de contribuir a estabilizar el suministro energético mundial. En materia de seguridad internacional, Trump defendió además la posibilidad de establecer negociaciones trilaterales de control de armamento entre Estados Unidos, Rusia y China.
Una visita marcada por los gestos diplomáticos
Más allá de los acuerdos, ambos Gobiernos han utilizado la visita para proyectar una imagen de estabilidad en la relación bilateral. Trump recibió a Xi destacando la “extraordinaria amistad” que, según afirmó, existe entre ambos dirigentes mientras que el presidente chino defendió una relación basada en una competencia que no desemboque en conflictos y que pueda resultar beneficiosa para las dos partes. Durante la cena de Estado celebrada el jueves, los dos líderes intercambiaron elogios y mensajes favorables a mantener el diálogo.
El viaje de Xi terminó este viernes con otro gesto de marcado contenido simbólico. Trump y la primera dama estadounidense, Melania Trump, acompañaron al presidente chino y a su esposa, Peng Liyuan, a los Archivos Nacionales donde se conservan la Declaración de Independencia, la Constitución y otros documentos fundamentales de la historia estadounidense. La visita puso el cierre a tres días de reuniones y actos oficiales en Washington en los que ambos Gobiernos han tratado de mostrar que, pese a la rivalidad existente, mantienen abiertos los canales de comunicación.
El presidente chino defendió que ambos países deben continuar y reforzar el diálogo para alcanzar nuevos acuerdos y mantener bajo control las áreas de mayor riesgo. Queda por ver si este nuevo impulso al diálogo abre una etapa diferente en las relaciones entre Washington y Pekín o si constituye, una vez más, un intervalo dentro de una rivalidad de carácter estructural.





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