Donald Trump vs Nicolás Maduro
- nacionesenruinas
- 27 ago 2025
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Estados Unidos ha incrementado significativamente su presencia militar en el Caribe, desplegando destructores de misiles guiados, buques anfibios, submarinos nucleares y aviones de vigilancia P-8 Poseidon frente a las costas de Venezuela. La operación incluye unos 4,500 efectivos, de los cuales 2,200 son marines, y busca oficialmente combatir el narcotráfico internacional, en particular el Cártel de los Soles, vinculado al régimen de Nicolás Maduro.
Aunque la Casa Blanca presenta estas maniobras como una misión antinarcóticos, analistas y medios alrededor del mundo destacan que la escala del despliegue sugiere posibles y realistas objetivos militares y de presión política. La administración Trump ha calificado al Cártel de los Soles como organización terrorista, lo que le permite desplegar todos los recursos de inteligencia y militares necesarios. Además, se han duplicado las recompensas por información que conduzca a la captura de Maduro, alcanzando los 50 millones de dólares.
En respuesta, el gobierno de Maduro anunció el despliegue de 4,5 millones de milicianos, aunque la efectividad de esta movilización masiva es cuestionada. Caracas interpreta la presencia de buques norteamericanos y franceses como una forma de presión militar y diplomática que amenaza la estabilidad regional. Francia, por su parte, reforzó la vigilancia en el Caribe, mientras Trinidad y Tobago, Ecuador y Paraguay han expresado su apoyo a la operación estadounidense, reconociendo al Cártel de los Soles como una red criminal transnacional.
La oposición venezolana, liderada por figuras como María Corina Machado, considera que el respaldo de Estados Unidos puede ser clave para un cambio democrático en el país. Según sus declaraciones, el objetivo es transformar Venezuela en un país seguro y con oportunidades energéticas y económicas.
Este despliegue se enmarca en un contexto histórico complejo. Analistas recuerdan precedentes como el incidente del Golfo de Tonkin en 1964 o la invasión de Panamá en 1989, episodios en los que EEUU utilizó incidentes para justificar intervenciones militares. Dentro de EEUU, la acción refuerza la imagen de liderazgo audaz de Trump frente a su base política, proyectando decisión tanto en política exterior como en iniciativas de seguridad interna en Washington D.C.
La crisis venezolana combina operaciones militares, presión política y cooperación internacional, con riesgos legales y políticos significativos. Mientras EEUU busca frenar el narcotráfico y aumentar la presión sobre Maduro, la oposición venezolana intenta capitalizar el aislamiento internacional del régimen para impulsar un cambio democrático.
Cártel de los Soles
El Cártel de los Soles es una organización criminal vinculada al narcotráfico en Venezuela. Su nombre proviene de los soles dorados que algunos altos mandos militares venezolanos usaban como insignia en sus uniformes, lo que indica la participación de oficiales en actividades ilícitas.
Se cree que en el Cártel se incluye a altos cargos oficiales de las fuerzas armadas y funcionarios del gobierno venezolano, lo que le da protección interna y acceso a recursos estatales. Teóricamente, funciona como una red descentralizada, con ramificaciones en diferentes regiones del país y conexiones internacionales.
Sus principales actividades van desde el tráfico de drogas, especialmente cocaína, hasta el lavado de dinero y la colaboración con guerrillas. La droga se transporta hacia Colombia, México y luego a Estados Unidos y Europa, utilizando negocios legítimos, de importaciones y exportaciones y cuentas bancarias internacionales para ocultar ganancias ilícitas. Así, según denuncias de la DEA, el Cártel trabaja con grupos como el ELN o las FARC para facilitar el transporte y lucrarse.
A nivel internacional, EEUU y países aliados consideran al Cártel como un riesgo para la seguridad regional y global. Su clasificación como organización terrorista permite que EEUU use recursos militares, de inteligencia y judiciales para perseguirlo. Asimismo, este Cártel contribuye directamente al debilitamiento institucional y la corrupción dentro de Venezuela.
Su existencia fortalece al régimen de Maduro al financiar y proteger a ciertos sectores del gobierno. Genera violencia y tráfico de drogas que afecta a países vecinos y a países terceros. Además, la lucha contra el Cártel ha sido el justificante del despliegue militar y de las sanciones para algunos países como los Estados Unidos.
Armamento estadounidense en la región
Destructores de misiles guiados (clase Arleigh Burke):
USS Jason Dunham (DDG-109).
USS Gravely (DDG-107).
USS Sampson (DDG-102).
Características:
Sistema Aegis: avanzado sistema de radar y misiles.
Misiles Tomahawk: para ataques de largo alcance.
Misiles SM-2 y SM-6: para defensa aérea y de misiles.
MH-60R Seahawk: helicópteros para operaciones antisubmarinas y de rescate.
Costo de construcción aproximado: entre 2,5 y 3,5 mil millones de USD por unidad.
Costo de operación anual: aproximadamente 100 millones de USD por buque.
Buques de asalto anfibio:
USS San Antonio (LPD-17).
USS Iwo Jima (LHD-7).
USS Fort Lauderdale (LPD-28).
Características:
Capacidad de transporte de tropas y vehículos blindados.
Plataformas para helicópteros y aeronaves de ala fija.
Equipamiento para operaciones de desembarco anfibio.
Costo de construcción aproximado: entre 1,5 y 3,5 mil millones de USD por unidad.
Submarino de ataque nuclear (clase Virginia):
USS Delaware (SSN-791).
Características:
Propulsión nuclear.
Capacidades de ataque de precisión y guerra antisubmarina.
Operaciones encubiertas en aguas profundas.
Costo de construcción aproximado: entre 3,0 y 3,5 mil millones de USD.
Costo de operación anual: aproximadamente unos 110 millones de USD.
Aviones de vigilancia y patrullaje:
Aviones de patrullaje marítimo P-8 Poseidon.
Características:
Sensores avanzados para detección de submarinos y embarcaciones.
Capacidad para misiones de inteligencia y vigilancia.
Costo de adquisición aproximado: 300 millones de USD por unidad.
Costo de operación anual: aproximadamente 20 millones de USD por unidad.
Fuerzas terrestres y apoyo logístico:
Aproximadamente unos 4,500 militares desplegados, incluyendo marines y personal de apoyo.
Equipamiento terrestre:
Vehículos blindados LAV-25: vehículos de combate ligero.
Vehículos de transporte de personal AAV-7: para desembarco anfibio.
Helicópteros CH-53E Super Stallion: para transporte pesado y operaciones especiales.
Costo de adquisición aproximado:
LAV-25: 2,3 millones de USD por unidad.
AAV-7: 3,0 millones de USD por unidad.
CH-53E: 80 millones de USD por unidad.
Costo de movilización y operación:
Costos de movilización:
Transporte marítimo y aéreo: aproximadamente 50 millones de USD.
Despliegue de personal y equipos: aproximadamente 30 millones de USD.
Costos operacionales diarios estimados:
Entre 5 y 10 millones de USD por día, dependiendo de la intensidad de las operaciones y el número de activos desplegados.
¿Quién apoya al Tío Sam?
El despliegue militar de Estados Unidos frente a las costas venezolanas cuenta con apoyo internacional y regional limitado pero relevante, según los últimos acontecimientos, algunos países que se han mostrado a favor son:
Trinidad y Tobago: Ofrece su territorio y aguas para posibles operaciones de EEUU. Además, apoya la lucha contra el narcotráfico y la presión sobre el régimen de Maduro.
Ecuador y Paraguay: Ambos reconocen que el Cártel de los Soles opera como una red criminal transnacional. Asimismo, respaldan medidas internacionales contra el narcotráfico vinculado al gobierno venezolano.
Francia: Actualmente está reforzando la vigilancia en el Caribe, enviando buques a Guadalupe y Martinica. La medida se alinea con la ofensiva internacional contra las redes de narcotráfico y sirve de acercamiento hacia la administración Trump.
¿Quién podría apoyar la operación en caso de escalada?
Si la situación frente a Venezuela se escalara hacia un conflicto abierto o intervención más directa, es probable que algunos gobiernos internacionales y regionales se muestran favorables a EEUU, por motivos de seguridad, política o interés económico. A continuación, presentamos algunos Estados que podrían llegar a ser favorables a la Casa Blanca:
Colombia: históricamente ha colaborado con EEUU en la lucha contra el narcotráfico. Bogotá podría apoyar logísticamente a Washington. No obstante, el actual roce entre Petro y Trump podría dificultar una colaboración igual de estrecha que en el pasado, llevando a que Colombia se pudiera abstenerse o negarse ante medidas o acciones para revertir la situación, lo cual le costaría probablemente más de un “quebradero de cabeza” a la administración colombiana en el futuro. Actualmente, el Presidente Petro ha afirmado que el “Cártel de los Soles” no existe y ha entrado en roces con el presidente francés Emmanuel Macron, lo que apunta a que los años de colaboración entre Bogotá y Washington han llegado a su fin.
Argentina: El gobierno pro-EEUU de Javier Milei podría sumarse a acciones, apoyo logístico, envío de equipos o cooperación en inteligencia con otros países de la región y con EEUU. El fuerte rechazo que el gobierno argentino siente por el actual gobierno venezolano, más aún tras el incidente de la embajada en Caracas, podría desembocar en que Buenos Aires fuera un protagonista y socio muy relevante ante una escalada. Si bien, Argentina no tendría el peso militar ni las capacidades directas para intervenir de forma unilateral, sino como apoyo multilateral. Estos hechos cobran todavía más fuerza tras la declaración de grupo terrorista al Cártel de los Soles por parte del gobierno argentino.
Europa: Probablemente algunos gobiernos como el de Hungría o Eslovaquia podrían ser ambiguos a la hora de salir a favor de las medidas norteamericanas ante el régimen venezolano, pese a que probablemente lo apoyasen por cuestiones económicas y de interés político, pese a que pueden darse “sorpresas”. Mientras, países como Alemania, España o Dinamarca podrían optar por una vía de condena sin acciones directas, apostando más por las sanciones o el apoyo indirecto y diplomático. Otros gobiernos como el de Reino Unido o Países Bajos podrían también brindar apoyo logístico, vigilancia y respaldo diplomático, sobre todo al ser dos de los Estados europeos que tienen territorios en la zona: Aruba, Antillas Neerlandesas, Islas Caimán etc…
¿Quién no estaría a favor de la intervención?
Cuba y Nicaragua: Ambos respaldan al régimen chavista y condenarían cualquier acción militar estadounidense. Las dos dictaduras podrían servir de punto de entrada de exiliados venezolanos y altos cargos gubernamentales, así como puntos de apoyo en inteligencia.
Bolivia: Podría expresar oposición diplomática y solidarizarse con Maduro en caso de que la izquierda boliviana se perpetúe en el poder, hecho que tras la primera vuelta electoral no parece posible, al menos de forma democrática. En caso de ganar la derecha, Bolivia podría sumarse al claro apoyo norteamericano.
Rusia, Irán y China: Respaldan al régimen de Maduro por intereses estratégicos, comerciales y geopolíticos. Probablemente condenarían las acciones y sancionarían a EEUU, pero no es probable el apoyo militar directo en caso de intervención.
Otros países BRICS+: Algunos países como Brasil, Sudáfrica, Indonesia o Egipto podrían posicionarse en contra o como neutrales ante la situación en Venezuela. Muchos de ellos buscan una neutralidad geopolítica entre Occidente y Oriente, por lo que sus decisiones estarán más motivadas por las exigencias internacionales que por sus propios pensamientos.
¿Realmente EEUU piensa intervenir en Venezuela?
Por el momento, no hay evidencia oficial de que EEUU tenga planes concretos de invadir o intervenir en Venezuela, pero sí existen acciones y despliegues militares que generan preocupación sobre una posible escalada.
Sin embargo, no hay orden oficial de invasión o intervención militar total. Los despliegues se presentan oficialmente como operaciones antinarcóticos, aunque la escala y el armamento sugieren que EEUU se prepara para posibles contingencias o presión estratégica. Además, cualquier intervención abierta requeriría aprobación del Congreso de los EEUU y tendría enormes implicaciones legales y diplomáticas.
De igual forma, pese a que el despliegue es llamativo, 4,500 hombres no bastarían para acabar con el régimen venezolano. No obstante, no hay que subestimar las capacidades estadounidenses, las cuales son mucho superiores a lo ya desplegado, pero tampoco las venezolanas. Venezuela podría llevar a cabo ataques o acciones coercitivas contra el ejército estadounidense, lo cual sí podría desembocar en un conflicto directo, haciendo estallar un polvorín regional en el que diversos países podrían verse involucrados directa e indirectamente.
A Washington le interesa presentarse implacable ante las injerencias venezolanas, las cuales, junto a Nicaragua y Cuba, representan el ala más antiestadounidense y antioccidental del continente bajo gobiernos dictatoriales y regímenes autoritarios. Para Trump, invertir tiempo, dinero y equipos en esta disuasión es sinónimo de una proyección tanto internacional como nacional de su lema: “Make America Great Again”, devolviendo a EEUU el papel de potencia hegemónica que lucha por los ideales de la libertad y la democracia.
Trump ha introducido de nuevo el concepto de disuasión, ligada a la incertidumbre de sus propias acciones, en el que trata con naciones opositoras sin llegar a la guerra –hecho destacable para las administraciones republicanas estadounidenses–, abogando por sus capacidades de negociación y mostrando a sus votantes y al mundo que puede mantener el orden sin disparar ni una sola bala.
Conclusión
EEUU está aumentando la presión militar, legal y diplomática, pero no hay indicios de una intervención militar abierta e inminente. La estrategia parece más orientada a la coerción, vigilancia y preparación ante contingencias, no a una guerra directa. Por ahora, es un método de disuasión y de tensión ante otras potencias “aliadas” de Caracas, como Moscú, Pekín y Teherán.







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