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El sistema de castas en India: desigualdad social, discriminación y política en el siglo XXI

India es la mayor democracia del mundo por población, la quinta economía del planeta y uno de los países con mayor diversidad cultural, lingüística y religiosa, sin embargo, la India también es el país donde tres jóvenes en el estado de Uttar Pradesh obligaron a un niño dalit de quince años a beber orina, donde un pastor cristiano fue atacado por una turba en Chhattisgarh, donde excavadoras del gobierno derriban sin orden judicial las casas de musulmanes acusados de disturbios y donde los hombres de casta alta pueden acudir a los tribunales con certificados falsificados que los acreditan como dalits para acceder a plazas universitarias reservadas.


Estas noticias no son excepciones de momentos concretos o de zonas específicas del país, forman parte de un patrón documentado por Human Rights Watch, Amnistía Internacional y docenas de organizaciones de derechos humanos que consideran en todos estos casos un patrón en común, el sistema de castas. Un sistema que lleva más de dos mil quinientos años estructurando la sociedad india, que fue declarado ilegal en 1950 pero que sigue siendo profundamente real en la vida cotidiana de cientos de millones de personas, y que en el siglo XXI ha encontrado nuevas formas de reproducirse, algunas de ellas con el respaldo del Estado.


El origen: Purusha, los varnas y la justificación cósmica de la desigualdad

El sistema de castas indio tiene sus raíces en los textos sagrados del hinduismo, la primera referencia explícita se encuentra en el Purusha Suktam, un himno del Rig Veda, el texto más antiguo de la tradición védica, escrito entre el 1500 y el 1200 a.c, según ese himno, el universo y la sociedad nacieron del sacrificio del dios cósmico Purusha, cuyo cuerpo fue desmembrado para crear el mundo y así de su boca nacieron los brahmanes, de sus brazos los kshatriyas, de sus muslos los vaishyas y de sus pies los shudras. La división social no era, según esta cosmología, una construcción humana ni una imposición arbitraria: era el orden natural del universo, inscrita en la propia creación.


En estas cuatro categorías, los varnas, organizaban la sociedad en grupos jerárquicos con funciones bien definidas, los brahmanes, en la cúspide, eran los sacerdotes, maestros e intérpretes de los textos sagrados, custodios del conocimiento y del ritual; por su parte, los kshatriyas eran guerreros y gobernantes, responsables de la protección y la administración; los vaishyas eran comerciantes y agricultores; y, los shudras, en el último peldaño, estaban destinados a servir a las otras tres castas. Sin embargo, por debajo de todo este esquema, fuera de él y sin lugar dentro de la jerarquía reconocida, había un quinto grupo, los llamados "intocables", cuya condición de impureza era considerada tan radical que su simple contacto, o incluso su sombra, podía contaminar a los miembros de las castas superiores, hoy en día se les conoce como “dalits” que en sánscrito significa "oprimidos" o "rotos".


Con el paso de los siglos, el sistema original de cuatro varnas se ramificó en miles de subgrupos llamados jatis, determinados no solo por la ocupación sino por la región, las tradiciones locales, las reglas matrimoniales y la herencia familiar. En este sentido, los jatis son grupos endógamos, es decir, que solo contraen matrimonio entre sí, se estima que hoy en día existen entre tres mil y cuatro mil jatis distintos en toda la India, cada uno con su propia posición en la jerarquía local, sus propias normas y sus propias tensiones internas con los grupos vecinos. 


El pilar teológico de toda esta estructura es la doctrina del karma y la reencarnación, esto debido a que según dicha lógica, el lugar que una persona ocupa en la jerarquía de castas no es accidental ni injusto sino la consecuencia necesaria de sus acciones en vidas anteriores, es decir, si alguien nace dalit, es porque en sus vidas pasadas actuó de formas que merecen ese renacimiento en el escalón más bajo, al contrario, quien cumple fielmente con su dharma, las obligaciones propias de su casta, mejorará su posición en la siguiente reencarnación. 


El papel del colonialismo británico

Así como pasó en Ruanda, que durante la colonización del territorio por parte de Bélgica, se utilizó a favor de las elites las diferencias entre hutus y tutsis, en la India, el Reino Unido usó el sistema de castas para tener un mayor control sobre la población. El colonialismo británico contribuyó de forma decisiva a uniformizar y volver más rígido este sistema en todo el país, cuando el British Raj se consolidó como administración colonial a partir de 1858, sus funcionarios enfrentaban el problema de gobernar una sociedad de una complejidad y diversidad enormes. 


La solución fue aplicar al subcontinente la misma lógica clasificatoria que los imperios europeos aplicaban en todas sus colonias, un sistema que consistía en registrar, catalogar y ordenar a toda la población, de esta forma, los censos coloniales realizados a partir de 1871, intentaron capturar y codificar la estructura de castas de toda la India en categorías administrativas uniformes, causando que se tomaran realidades locales muy diversas, en las que la misma jati podía tener posiciones completamente distintas en regiones diferentes, y las convirtió en categorías fijas y legibles, por otro lado, al convertir la casta en la característica social definitoria de cada ciudadano indio y utilizarla como base para la asignación de recursos, empleos administrativos y acceso al derecho, los británicos otorgaron al sistema una rigidez institucional que antes no tenía.


Ambedkar y la Constitución

Cuando la India se independizó en 1947, el debate sobre cómo tratar el sistema de castas en la nueva nación fue uno de los más intensos y difíciles de la historia constituyente del país. El personaje central de ese debate fue Bhimrao Ramji Ambedkar, un hombre que en su propia persona encarnaba la contradicción del sistema que quería eliminar, nacido en 1891 en una familia dalit, fue uno de los primeros miembros de su comunidad en acceder a la educación superior, estudió derecho y economía en Columbia y en la London School of Economics, y se convirtió en uno de los juristas más importantes de la India, pero por mucho que ascendiera intelectual y profesionalmente, la casta lo seguía en su vida cotidiana. 


Ambedkar fue designado presidente del comité de redacción de la Constitución de la India y utilizó ese cargo para introducir en el texto fundacional del país uno de los marcos legales de igualdad más ambiciosos de la época. La Constitución de 1950 declaró ilegal la discriminación por casta, abolió formalmente la intocabilidad en todas sus formas y prohibió cualquier restricción al acceso a espacios público, además, estableció un sistema de "reservas", equivalente a cuotas, dando un porcentaje de escaños parlamentarios, plazas universitarias y puestos en la función pública a los grupos históricamente marginados. 


Descontento con el ritmo del cambio, renunció al gobierno en 1951 y en octubre de 1956, semanas antes de morir, protagonizó uno de los actos políticos más radicales de la India moderna, se convirtió públicamente al budismo junto a más de 400.000 personas, gesto que desde su punto de vista tenía una lógica aplastante, ya que según Ambedkar, si la casta estaba inscrita en el hinduismo de forma innata y no podía ser cambiado, la única forma de romper con ella era romper con el hinduismo. Hoy el neobudismo ambedkariano, conocido como el movimiento Navayana, tiene varios millones de seguidores en India y se encuentra en auge. 


La casta en la vida contemporánea: más allá de la ley

Actualmente, en el campo político, el sistema de reservas ha permitido que líderes dalits y de otras castas desfavorecidas lleguen a posiciones de poder que habrían sido impensables en la India colonial, por ejemplo, Narayanan fue el primer presidente dalit de la nación en 1997 hasta el 2002 y decenas de líderes de castas bajas han alcanzado la jefatura de gobierno en varios estados. En el ámbito económico, la combinación de reservas universitarias, urbanización y crecimiento de la clase media ha generado una capa de profesionales que han roto individualmente los techos de cristal que durante siglos los confinaban a determinados oficios.


Sin embargo, los datos siguen mostrando una brecha enorme entre los dalits y las castas altas en casi todos los indicadores de bienestar, los dalits tienen tasas de mortalidad infantil, analfabetismo y malnutrición muy superiores a la media nacional, están sobrerrepresentados en los trabajos más precarios y peligrosos. En zonas rurales, especialmente en el norte y el centro de la India, los incidentes de violencia de casta siguen siendo cotidianos, por ejemplo, se reportan casos de dalits que son golpeados por entrar a un templo, por pasear a caballo en su propia boda, por llevar bigote o beber del mismo pozo que un miembro de casta alta.


Los políticos de todos los partidos, incluyendo aquellos que teóricamente abogan por la igualdad, cultivan los votos de castas concretas prometiendo incluirlas en los beneficios del sistema de reservas o ampliándolas, en algunos estados, como Tamil Nadu, más del 69% de los empleos públicos y plazas educativas están reservados para una u otra categoría de castas desfavorecidas, lo que ha generado una dinámica perversa en la que comunidades enteras, incluso aquellas que en términos relativos han prosperado, compiten por la etiqueta de "desfavorecidas" para acceder a esos beneficios, el resultado es que el sistema ha creado sus propias dinámicas que en ocasiones refuerzan, en lugar de disolver la conciencia de casta.


Hindutva, el BJP y la instrumentalización de las castas

Para entender la situación actual del sistema de castas en India es imposible no hablar del Bharatiya Janata Party (BJP) y de su ideología, el Hindutva o nacionalismo hindú. El BJP, que gobierna India de forma ininterrumpida desde 2014 bajo el liderazgo de Narendra Modi,  que ganó un tercer mandato en las elecciones de junio de 2024, tiene sus raíces ideológicas en el movimiento del Hindutva fundado por Savarkar en los años veinte del siglo XX y articulado organizativamente por la RSS (Rashtriya Swayamsevak Sangh), una organización paramilitar hindu de derechas con la que Modi tiene vínculos desde su juventud.


El Hindutva es una visión de India como nación esencialmente hindú, una "Hindu Rashtra" en la que el hinduismo no es solo una religión entre otras sino la identidad civilizatoria constitutiva del país. En esa visión, las minorías religiosas, especialmente los musulmanes y los cristianos, son tratadas como comunidades cuya lealtad nacional está en debate, ya que son formas de fe que tienen sus raíces fuera de India.


La relación entre el BJP y el sistema de castas es, sin embargo, más compleja, por un lado, el Hindutva aspira a crear una identidad hindú unificada que trascienda las divisiones de casta, justificando que si todos los hindúes son parte de la misma "civilización", las jerarquías internas deberían subordinarse a esa identidad común frente al enemigo musulmán. En la práctica, esto exige a los seguidores del Hindutva eliminen la discriminación de castas que ocurre dentro de las propias comunidades hindúes, porque la propia segregación en castas erradica el sentimiento de unidad. 


El BJP ha construido parte de su éxito electoral precisamente en la capacidad de movilizar a las castas bajas ofreciéndoles un sentido de dignidad dentro de la gran nación hindú, condición que el partido del Congreso Nacional Indio, históricamente dominado por élites de casta alta, no había sabido ofrecerles. Por otro lado, el Hindutva ha mostrado una y otra vez una tolerancia sistemática hacia la violencia de casta cuando sus perpetradores son parte de la base social del BJP. 


Human Rights Watch documentó en 2024 que funcionarios del gobierno no tomaron medidas adecuadas contra los responsables de ataques, y que en varios casos las víctimas, incluyendo familias dalits y musulmanas cuyos hogares fueron demolidos sin orden judicial, fueron tratadas como delincuentes. La Ley de Enmienda a la Ciudadanía de 2019 (CAA), que ofrece vías aceleradas de naturalización a refugiados de varios países vecinos pero excluye explícitamente a los musulmanes, fue el primer caso en la historia de la India independiente en que la religión se convirtió en criterio formal de acceso a la ciudadanía, en contradicción directa con el espíritu laico de la Constitución. 


La aprobación en 2025 de la Ley de Reforma del Waqf, que afecta a la gestión de los bienes religiosos musulmanes, fue interpretada por la mayoría de organizaciones de derechos civiles como un nuevo paso en la erosión del estatus de la comunidad musulmana. y en marzo de 2025, Nagpur fue escenario de violentos enfrentamientos entre grupos hinduistas y musulmanes a raíz de demandas de demoler la tumba del gobernante mogol Aurangzeb, con un resultado de decenas de heridos y la imposición de un toque de queda.


Castas y comunidades religiosas

Un aspecto interesante del sistema de castas, es que ha sido capaz de permear dentro de otras comunidades religiosas, los musulmanes indios, por ejemplo, presentan internamente estructuras de estratificación social que replican la lógica de las castas hindú, aunque bajo denominaciones distintas, que reivindican descendencia de inmigrantes árabes, persas o afganos y se consideran de origen más elevado, frente a los ajlaf, personas convertidas al islam desde castas hindúes bajas, cuyo estatus sigue siendo inferior dentro de la propia comunidad musulmana. 


La comunidad musulmana en la India, así como otros grupos religiosos, presentan una notoria discriminación institucional y social, por parte del estado, uno de los principales problemas es que de facto otras comunidades religiosas no entran en los beneficios que se les puedan dar a las castas mas defavorecidas, el argumento oficial es que el islam y el cristianismo, por ejemplo, son religiones que predican la igualdad y por tanto no tienen castas, la consecuencia práctica es que un dalit que se convierte al islam o al cristianismo pierde el acceso a las reservas de las que se beneficiaría como dalit hindú, lo que convierte la conversión religiosa en un acto con coste económico y político. 


Este mecanismo va más allá y también está presente este tipo de hostilidad institucional en varios estados gobernados por el partido BJP donde se han aprobado leyes anti-conversión que en la práctica se aplican casi exclusivamente contra las conversiones al islam y al cristianismo, penalizando lo que en teoría es un derecho constitucional. Así mismo, la violencia comunal entre hindúes y musulmanes tiene en India una historia larga y convulsa, Human Rights Watch documentó que entre mayo de 2015 y diciembre de 2018, al menos 44 personas, 36 de ellas musulmanas, fueron linchadas por grupos hinduistas radicales, que en la mayoría de los casos, dichos atacantes no tuvieron repercusiones legales. 


El sistema de reservas en el siglo XXI

El debate en India sobre el futuro del sistema de reservas es uno de los más complejos dentro del país, hay quienes argumentan, desde posiciones progresistas, que las reservas deben ampliarse y hacerse más rigurosas en su implementación, puesto que la discriminación estructural sigue siendo tan profunda que cualquier reducción del apoyo agravaría aún más la situación de las comunidades marginadas, por su parte, hay quienes argumentan desde distintas posiciones ideológicas, que el sistema se ha convertido en una maquinaria política que perpetúa las identidades de casta en lugar de disolverlas, que ha generado sus propias formas de injusticia y que debería sustituirse por criterios económicos universales independientes de la casta.


En 2019, el propio gobierno del BJP añadió una nueva categoría al sistema, las EWS (Economically Weaker Sections), una reserva del 10% para ciudadanos de castas altas en situación de pobreza económica, la medida fue controversial, ya que, por un lado se ve como una dilución del principio de acción afirmativa, debido a que las reservas originales no eran para pobres en general sino para víctimas de discriminación histórica específica, mientras que sectores de castas altas la celebraron como una forma de acceder a beneficios que hasta entonces eran monopolio de castas bajas. 


Desde 2024 se habla también de la posible realización de un "censo de castas" a nivel nacional, el primero desde 1931, la demanda impulsada principalmente por partidos de oposición, busca obtener datos actualizados sobre la distribución de la población por castas para diseñar mejor las políticas de acción afirmativa. El BJP ha mostrado resistencias a la idea, en parte porque los datos podrían revelar que la proporción de población en las castas bajas es mayor de lo que se asume, lo que generaría presión para ampliar las reservas más allá de los límites actuales. 


Sin solución a la vista

El sistema de castas indio es una de las construcciones de desigualdad social más duraderas de la historia humana, y no hay razones para pensar que vaya a desaparecer en las próximas décadas, siendo una construcción social profundamente arraigada en la identidad religiosa, cultural y familiar de cientos de millones de personas, que además, ha sido instrumentalizada electoralmente por prácticamente todos los partidos políticos, incluidos los que teóricamente combaten la discriminación. 


Sin embargo, también sería injusto ignorar las voces que desde dentro de la sociedad india llevan décadas cuestionando, resistiendo y transformando ese sistema. El movimiento dalit inspirado por Ambedkar sigue siendo una de las fuerzas de cambio social más poderosas del subcontinente, los jóvenes dalits que acceden a la universidad a través de las reservas y que desde esas posiciones producen literatura, periodismo y activismo político están creando una cultura de resistencia, además, las conversiones masivas al budismo, al islam y al cristianismo siguen siendo una forma de rechazo explícito a la jerarquía hindú y los movimientos feministas dalits, que articulan la doble opresión de género y casta, han generado uno de los cuerpos de pensamiento político importantes de la India actual.  


El sistema de castas es una herida que la India lleva en su cuerpo desde hace tres mil años, la constitución de Ambedkar intentó curarla, sin embargo, con el actual avance del BJP, su politica nacionalista y la popularidad del primer ministro, Narendra Modi, queda por ver si gana terreno el discurso identitario o la busqueda de la igualdad.

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