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Pax Silica: EE.UU. lidera alianza global por minerales críticos para frenar a China y dominar la era tecnológica

  • Foto del escritor: Francesca Beretta Jerez
    Francesca Beretta Jerez
  • hace 9 minutos
  • 7 Min. de lectura

En las salas del Departamento de Estado en Washington, el 3 de Febrero de 2026, altos funcionarios de todo el mundo firmaron un nuevo pacto para el futuro. Durante la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos 2026, encabezada por el Secretario de Estado Marco Rubio, junto a el vicepresidente estadounidense JD Vance, recibieron a 54 países y la Comisión Europea dejando claro que el tablero geopolítico ya no gira en torno al petróleo, sino al silicio, al litio y a las tierras raras. Con 11 memorandos de entendimientos firmados con países como Argentina, Perú, Marruecos, Filipinas, las Islas Cook (Nueva Zelanda), los Emiratos Árabes Unidos, Guinea o Uzbekistán, entre otros, Estados Unidos expresa su intención de cooperar en este sector buscando blindar cadenas de suministros esenciales para baterías de vehículos eléctricos, energías renovables y chips de inteligencia artificial frente a su adversario más directo, China (U.S. Department of State, 2026).


La lista de socios revela las prioridades socioeconómicas estadounidenses: Argentina y Perú por el litio andino; Guinea y la República Democrática del Congo por el cobalto; Marruecos como puente africano que también puede ofrecer fosfatos para baterías, mientras que Uzbekistán y Filipinas son los nodos euroasiáticos que traen el níquel.  Más que simples acuerdos comerciales, estos  MOUs (memorandos de entendimiento) buscan crear un ecosistema para el procesamiento de materia prima local, integrando a esos países en cadenas occidentales y reduciendo la dependencia a otros mercados orientales. Aunque también mediante el financiamiento, condiciona las empresas que participan y construye una forma de cooperación a través de la jerarquía, denominada interdependencia asimétrica (Keohane & Nye, 2011).


Sin embargo, las ausencias, o más bien las presencias incompletas pesan. España no fue partícipe y, aunque la Comisión Europea pudo estar invitada en su calidad de órgano ejecutivo, la Unión Europea no actuó como bloque político a través del Consejo de la Unión Europea o del Consejo Europeo. Además, varios miembros como Francia, Alemania, Polonia, Grecia o Suecia, entre otros, participaron de forma individual, priorizando sus agendas nacionales. Tampoco se tuvo la aparición de Chile o Bolivia, donde el primero es de los mayores productores mundiales de litio y el segundo posee una de las mayores reservas, formando el “triángulo del litio” junto con Argentina (Nueva Minería & Energía, s.f).

 

Finalmente, la exclusión de China y Rusia no es menor y habla por sí sola como un reflejo de las tensiones que subyace en el control por los minerales críticos. Esta arquitectura emergente de acuerdo bilaterales configura lo que se denomina “Pax Silica”, un orden internacional donde el control de los insumos tecnológicos sustituye al crudo como fuente primaria de poder, acercándonos al inicio de una nueva era geopolítica que conviene entender en detalle. 


La nueva alianza tecnológica en la Era del Cómputo

El nombre “Pax Silica” no es casual. “Pax” proviene del latín, evocando estabilidad, tranquilidad y prosperidad a largo plazo, mientras que “silica” hace referencia al silicio refinado, componente clave de los chips que alimentan el aprendizaje automático o la IA. Esta alianza se concibe como la nueva “Pax Americana” para esta era, compuesta inicialmente por Estados Unidos, Japón, Corea del Sur, Singapur, Países Bajos, Israel, Emiratos Árabes Unidos, Reino Unido y Australia, presentada formalmente el 11 de diciembre de 2025 en Washington.


Sus objetivos se centran en construir cadenas de suministro tecnológicas seguras, resilientes y confiables, desde la extracción de minerales críticos y el procesamiento de energía, hasta la fabricación avanzada de semiconductores y la infraestructura de inteligencia artificial. Washington busca disminuir la dependencia de China en estas cadenas de valor y asegurar prácticas de mercado justas frente a el dumping, que es cuando una empresa o país vende sus productos por debajo del valor normal para eliminar competencia o rivalizar con otros oponentes (World Trade Organizations, s.f.), y ante los excesos de capacidad en la economía global. 


Mientras que los países occidentales depositaron su confianza en la globalización, deslocalizando sus centros de producción a países con menor costo laboral y regulaciones, la República Popular China pasó décadas construyendo una economía de integración vertical de los sectores que más depende como la educación y la industria, hasta la defensa. La pandemia de COVID-19 evidenció la vulnerabilidad de la globalización ante los riesgos por la guerra arancelaria y los controles de exportación, llegando a cuestionar la dependencia excesiva a terceros países como resultado de las políticas del siglo 21 (Instituto Español de Estudios Estratégicos, 2026).


Frente a esto, la Administración Trump ha anunciado la creación del Foro de Participación sobre Recursos y Geoestrategias (FORGE), que sustituye a la anterior Asociación de Seguridad para los Minerales. Este nuevo mecanismo, presidido hasta junio por la República de Corea, tendrá como objetivo coordinar regulaciones, impulsar proyectos conjuntos y fortalecer cadenas de suministro seguras y sostenibles entre países aliados. No se trata solo de diálogo político, el gobierno estadounidense ha impulsado mediante el Banco de Exportación e Importación de Estados Unidos (EXIM), el Proyecto Vault, que contempla hasta 10.000 millones de dólares para crear una reserva estratégica interna de minerales críticos (Baskaran, 2026).


Más que una simple estrategia de resiliencia económica, estas medidas evidencian un giro competitivo. Estados Unidos decidió pasar a la ofensiva al percibir que estaba perdiendo terreno frente a China por la primacía tecnológica global. El Subsecretario de Asuntos Económicos, Jacob Helberg (U.S. Department of State, 2025) resume esta nueva lógica como “el siglo XX funcionó con petróleo y acero, el Siglo XXI funciona con capacidad de cómputo y los minerales que la alimentan”.


Del subsuelo al chip: las consecuencias humanas detrás de la tecnología

La extracción de tierras raras y otros minerales no es un proceso limpio. La minería moderna, incluida la de tierras raras, litio, níquel y cobalto, está asociada a generar residuos radiactivos como son los del plomo o el uranio que pueden persistir durante décadas o siglos si no se gestionan adecuadamente. También pueden causar la acidificación de aguas y la contaminación del aire y suelos. Además, también puede afectar a la deforestación, la erosión y la pérdida de biodiversidad. Detrás del discurso de innovación y autonomía regional se esconden grandes impactos ambientales y sociales que rara vez ocupan un lugar central en las narrativas de memorandos de entendimiento y acuerdos de inversión. 


En la Cumbre Climática de la Organización de las Naciones Unidas del 2025 en Belém (Brasil), los delegados incorporaron por primera vez los riesgos ambientales y sociales asociados a la extracción de minerales críticos en la transición energética, subrayando que una expansión mal gestionada puede replicar los daños del modelo fósil si no se aplican salvaguardias claras. Es decir, que si solo se cambia el recurso pero se mantiene el mismo modelo de extracción intensiva y poco regulada, se pueden repetir los mismos errores  ambientales y sociales que dejó la economía previa, basada en el petróleo y el carbón.


 Este contexto tiene importantes repercusiones para las comunidades locales. En las cuencas de Salinas Grandes y Laguna de Guayatayoc, al norte de Argentina, la Corte Suprema de Justicia se declaró competente para intervenir ante la denuncia de la pérdida irreversible de tierras fértiles y fuentes de agua dulce por la extracción de litio y borato. Esta causa iniciada en 2019, compromete actividades agrícolas, la biodiversidad única del ecosistema y las formas de vida cultural de las comunidades que dependen de ese territorio. Los demandantes solicitaron no solo la evaluación de impacto ambiental acumulativa adecuada, sino también la suspensión de permisos mineros vigentes y la prohibición de otorgar nuevos sin garantizar esos estudios y la participación efectiva de las comunidades (Fundación Ambiente y Recursos Naturales, 2025). 


Por otro lado, en Perú, comunidades quechua de Puno y Cusco enfrentan el avance de megaproyectos de cobre y litio en cuencas estratégicas como Inambari, donde la explotación minera ha generado relaves que contaminan los ríos con arsénico, mercurio y otros metales pesados. En Guinea, los pueblos Fulani del interior han rechazado proyectos de bauxita y tierras raras, argumentando la pérdida de sabanas fértiles y la interrupción de sus medios de vida tradicionales. Asimismo, situaciones similares ocurren en Ecuador, donde comunidades indígenas y campesinas en provincias como Imbabura, Zamora-Chinchipe y Morona Santiago enfrentan programas de minería de oro, cobre y litio en cuencas vitales, causando daños a la agricultura, deslizamientos y contaminación por mercurio, afectando a la salud de las personas (Landin, 2025).


Finalmente, en la República Democrática del Congo, se encuentra la capital mundial del cobalto, con el 70% de las reservas globales. Estas, alimentan las baterías de vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos, especialmente desde la región de Katanga. Es uno de los casos más extremos de contaminación debido a las consecuencias que se han visto, tales como: intoxicación crónica, daños renales, problemas respiratorios y afecciones neurológicas en niños. Esta situación se agrava por la tensión creciente entre mineros locales y las empresas industriales, como la suiza Glencore o la china COMMUS, que tras el decreto de diciembre de 2025 del ministro Louis Watum fueron expulsadas. La suspensión temporal del procesamiento levantada en enero de 2026, no resolvió la falta de zonas oficialmente reguladas, exponiendo a riesgos letales a los mineros informales, como lo fue el colapso del 31 de enero de 2026, el cual mató a más de 200 personas tras el deslizamiento de tierra en las minas de coltán de Rubaya, controlada por el grupo armado M23 (Sanchez, 2026).


Conclusión: una reflexión hacia el futuro

Estos casos ilustran cómo la minería de recursos estratégicos, aunque clave para la transición energética global y para la competencia tecnológica entre potencias como Estados Unidos y China, genera desastres ambientales y humanos de magnitud histórica, dejando a las comunidades locales como las principales víctimas. Los “platos rotos” los pagan quienes viven en países con altos niveles de pobreza, mientras que las grandes potencias aseguran cadenas de suministro y ventaja tecnológica, planteando un dilema mucho más allá de la ética: la supremacía de unos pocos se construye a costa de la supervivencia y dignidad de muchos.

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