Pueblos indígenas de Australia: historia, discriminación y lucha por la igualdad
- Pepe Jiménez Nogués

- hace 5 horas
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Las primeras naciones, indígenas del territorio austral
Australia, potencia mundial y líder a nivel regional, constituye una prueba fehaciente del multilateralismo bajo el que nos encontramos. Un eje a nivel económico y político con estrechos vínculos con el mundo occidental, dada su pertinencia a la Commonwealth, que supone un ejemplo de progreso tecnológico dentro del continente. Una nación que sin embargo, dentro de sí, embarga una cruda realidad desde sus orígenes, puesto que en su entramado social, dentro de los aproximadamente 27 millones de habitantes que la pueblan, existe una cruenta e histórica brecha, una separación física y social que justifica la animadversión del pueblo aborigen y los isleños del Estrecho de Torres hacia la presente Australia y más concretamente respecto a su propia administración.
Bajo el propósito de indagar en los desencadenantes que han motivado este sentimiento, es indispensable enmarcar las principales vulneraciones, agresiones y conductas discriminatorias a las que ambos colectivos se han visto sometidos ya no actualmente, sino a lo largo de todo el periplo que ha conformado la construcción del Estado australiano. No obstante, previamente ha recapitular ciertos acontecimientos es necesario presentar la población perjudicada y matizar que Australia ha llevado y está en proceso de mejorar ciertas desigualdades todavía presentes.
Conjuntamente, la población aborigen y los isleños del Estrecho de Torres, suponen en torno a un 3,8% (unas 984.000 personas) de la población total australiana y representan los colectivos originarios del país oceánico. Son parte de la amplia riqueza cultural del país, que cuenta con más de 250 grupos lingüísticos y 400 tribus nativas que constituyen el legado aborigen australiano. Entre dichas tribus se localizan etnias como la: arunta, koori anangu, murri, noongar, yamarji o palawah entre otras. No obstante, ambas comunidades tienen un pasado distinto, pues mientras que la población aborígen lleva residiendo más de 65.000 años en la propia Australia, los isleños del estrecho, que habitan 38 de las 133 islas que configuran el entramado, son de ascendencia melanesia (Papúa Nueva Guinea e islas aledañas) y han vivido en el territorio por un período tan sólo superior a los 10.000 años.
Actualmente, si bien en parte de la sociedad aborigen perduran ritos ancestrales, creencias y religiones tradicionales, la veneración de seres totémicos y un fuerte lazo con la naturaleza que los rodea, la mayor parte de la comunidad se encuentra inmersa dentro del sistema australiano, habitando en grandes ciudades y compartiendo aspectos culturales ordinarias como la práctica del rugby. Ahora bien, dicha inmersión no significa inclusión, pues los agravios a los que históricamente se han visto expuestos, han marcado una marginalización sistemática visible en elevadas tasas de alcoholismo, abandono escolar y sobre todo en el ingreso en prisión, aspecto en el que principalmente los jóvenes aborígenes multiplican por quince la posibilidad de la comunidad blanca australiana de ingresar en el sistema carcelario, un fenómeno justificado tanto por la marginalización como, en palabras de los líderes aborígenes, por la supuesta persecución policial hacia la comunidad.
Marginalización, un proceso prolongado durante siglos
Tras enmarcar sutilmente la casuística, con el objetivo de realizar un análisis sustantivo, es pertinente proseguir enumerando las conductas discriminatorias y violaciones previamente ya mencionadas.
El inicio de los episodios llegó con la colonización de la tierra austral tras la llegada del Imperio británico de la mano del navegante James Cook, en misión expedicionaria financiada por la Royal Navy y la Royal Society. A fecha de 1788, cuando inició la etapa colonizadora, en Australia vivían en torno a un millón de aborígenes australianos, una población que en los años venideros se vería totalmente mermada al ser asolada por las epidemias y al sufrir constantes enfrentamientos contra el nuevo poder (guerra de frontera), llegando a quedarse en tan sólo 30.000 personas.
En referencia a los enfrentamientos con los pobladores británicos, remarcar la inclusión de numeroso excarcelarios como método de reinserción y asentamiento por parte de la corona británica, la denominación del territorio como terra nullius (expresión latina que determina que el terreno en cuestión no es propiedad de nadie, lo que licitaba a los pobladores para ocuparlo sin miramientos) y las más de 270 masacres de aborígenes australianos registrados durante los 140 primeros años de Australia; clave exhibición de la aniquilación y casi exterminio al que se vió expuesto el pueblo aborígen. Una consecución de acontecimientos que incluso ciertos colectivos denominan como genocidio.
Las Generaciones Robadas, una comunidad sin descendencia
A dicha cruenta intromisión y apropiación del territorio austral, le sucedería una constante discriminación hacia el colectivo, destacada por sucesos como las Generaciones Robadas, una conducta prolongada y orquestada por el estado australiano entre 1910 y 1970, en el que conventos, la propia administración o familias acaudaladas extrajeron y expulsaron de sus hogares entre el 10% y el 33% de menores aborígenes australianos, recolocándolos en familias de adopción, instituciones o al servicio de familias pudientes, un proceso que consecuentemente, lastró a gran cantidad de menores hacia el trabajo infantil, promocionó el abandono de lenguas nativas y el desarraigo identitario (era común incluso el cambio de nombre de los menores) y generó irreversibles daños y perjuicios psicológicos a los propios menores y a las familias al completo. Un apunte importante consiste en matizar que eran más proclives a sufrir dichas injerencias los menores de ascendencia mixta, visto que su tez más clara hacía que los infractores vieran con mejores ojos la introducción de los mismos en la sociedad blanca.
Desgraciadamente, esta intromisión sobre los núcleos familiares sigue siendo una constante en territorio australiano, aunque en mucho menor grado y gravedad, puesto que estadísticamente los niños aborígenes pese a representar únicamente el 7% de los menores en el país, constituyen cerca del 60% de la población infantil extraída del hogar. Un acontecimiento claramente influenciado por la precariedad salarial y el alto nivel de adicción y encarcelamiento de la población aborigen, hechos que todavía son retos a solventar por el Estado, siendo; en ocasiones, reforzados por el mismo, en cuanto que en vez de plantear medidas como un proyecto de intervención temprana, un plan de integración laboral, la dotación de asistencia legal o la proporción de servicios mínimos a los necesitados (tales como seguro médico, educación de calidad, apoyo a las víctimas de violencia de género, una vivienda digna o medidas de conciliación familiar); adopta un constante y restrictivo registro sobre las familias de las primeras naciones, una ruta que en vez de primar el bien del menor y la comunidad, simplemente incrementa y perdura la marginalización y los estereotipos.
Dentro de este tenso contexto, es remarcable asimismo el reniego de las familias en buscar auxilio económico o médico, una medida de autoprotección fundada en el temor de que una aproximación a la administración pueda desencadenar una investigación de seguridad infantil que llegue a arrebatarle a sus hijos.
Discriminación y avances en el plano legislativo
Paralelamente, la discriminación hacia la población aborigen históricamente se hacía latente en otros campos, como por ejemplo en el legislativo, dónde además de proliferar leyes que sostenían la sustracción de menores aborígenes y del Estrecho de Torres, la comunidad de las primeras naciones se localizaba en un segundo plano, al no encontrarse reconocida como parte del pueblo australiano en la Constitución de 1901, casuística que permitía al Estado crear políticas específicas de opresión y control sobre el colectivo, vulnerando así incluso derechos fundamentales reconocidos al resto de la sociedad australiana. Otra vulneración en dicho ámbito consistió en que las poblaciones primigenias no contaron con derecho a voto en la totalidad del territorio nacional hasta 1962, cuando dicho reconocimiento se amplió finalmente a las regiones de Queensland, Australia Occidental y los Territorios del Norte.
En dicho plano recalcar que se acabarían integrando como ciudadanos australianos y consecuentemente parte de la Commonwealth en 1967 tras el referéndum constitucional. Un acto que si bien es válido y positivo, no sofoca desigualdades a nivel estructural como el hecho de que actualmente no haya ninguna referencia ni a los Pueblos Aborígenes ni a los isleños del Estrecho de Torres en la constitución nacional, ni que Australia sea el único país parte de la Commonwealth que aún hoy día no cuenta con ningún tipo de acuerdo con las primeras naciones del territorio colonizado.
Dicha dinámica de intento de compensación y búsqueda de igualdad, perduraría durante las siguientes décadas, en las que destacan eventos como la abolición de leyes que apoyaban la sustracción de menores aborígenes en 1970; la aprobación del Racial Discrimination Act en 1975, que establecía como ilegal toda discrimación por raza, color, origen étnico o nacional, descendencia o estatus como inmigrante; el retorno a la población aborígen de Arnhem Land, 35.000 millas cuadradas previamente poseídas por las primeras naciones, que el estado australiano finalmente devolvió en 1976 a partir del Aboriginal Land Rights Act for the Northern Territory; la disculpa pública del primer ministro australiano (The Apology), Kevin Rudd, hacia la población aborígen en 2008, en referencia a las Generaciones Robadas y a todo el dolor y daño que las comunidades primigenias han sufrido durante siglos. Tal última disculpa tuvo un gran calado sobre la ciudadanía australiana, suponiendo un emotivo y necesario reconocimiento de las atrocidades e injusticias acometidas, a la par que una herramienta de instigación para incrementar las vías de actuación que buscan reducir y acabar con las disparidades sociales a las que se enfrentan los aborígenes australianos.
En coherencia con este sendero, son remarcables dos eventos de esta década. Por un lado, el referéndum nacional acontecido en 2023, derivado del Uluru Statement from the Heart y promovido por el primer ministro Anthony Albanese, un proceso relativo tanto al reconocimiento de los aborígenes dentro de la Constitución, como al establecimiento de un órgano consultivo (Makarrata Commission) para el gobierno, que le apoye en aquellas cuestiones que específicamente traten o guarden relación con los propios aborígenes o isleños del Estrecho de Torres, una votación que finalmente se saldaría con una negativa a la instauración de un organismo de dicho calado y un retraso sin precedentes en el camino hacia la igualdad en tierras australes. Mientras que por otro lado, es igualmente notable la confección por parte del Estado de Victoria de la Estrategía antirracismo de Victoria 2024-2029, un programa de enfoque integral antirracismo del gobierno regional, que busca no sólo eliminar la discriminación y racismo en Victoria hacia las primeras naciones, sino tratar un problema que se traslada incluso hacia buena parte de la población de procedencia extranjera de ascendencia no occidental.
Aún percibiendo una clara voluntad de avance en el proceso restaurativo e igualitario que se ha ido gestando dentro de la sociedad australiana, es evidente que aún hay un largo camino a recorrer, visto que la misma votación del 2023, que pausó todo intento de establecimiento de un grupo consultivo (en cuanto que el 60% de los australianos votaron en contra de la medida), no solo reflejó la realidad del pensamiento de la mayoría del país, sino que el fracaso fue un duro golpe para la moral y aspiraciones de la población aborígen (puesto que tras la negativa, algunos líderes incluso llegaron a proclamar una semana de reflexión y silencio), que ve todavía más lejos si cabe la posibilidad de sanar las heridas e injusticias del pasado y de construir un futuro basado en la igualdad y respeto de la mano del estado australiano.
Igualdad, una búsqueda liderada por la comunidad aborigen
Una vez analizada la situación en que las poblaciones primigenias se encuentran, sólo quedaría por definir las bases de una posible vía de progreso que habilite en palabras de la historiadora y escritora aborigen Jackie Huggins, reparar el tejido mismo de la sociedad australiana, un logro que sin embargo, como es perceptible para ser plenamente eficaz requiere aún más que un mero tratado, puesto que un acuerdo de tal entidad sería insuficiente para curar las profundas heridas que dejó la época colonial.
En pos de conseguir dichos avances y compensar todo un pasado de discriminación, desplazamiento y desigualdad, que arrebató la ciudadanía a la comunidad aborigen en su propio territorio y además ha llegado a lastrarla hasta tal nivel, que hoy día existe una divergencia de ocho años entre la expectancia de vida del grupo en sí y el resto de la población australiana, es necesario tomar como guía y ancla la labor de múltiples organizaciones, asociaciones y corporaciones en el territorio, entre las que encontramos a: the Healing Foundation, the Australian Institute of Aboriginal and Torres Strait Islander Studies, the International Work Group for Indigenous Affairs o Australians Together. Teniendo todas ellas como principal propósito dar valía a sus tradiciones y lugares sagrados así como a su entramado económico. Una labor que desarrollan en todo momento con la intención de conseguir un estado igualitario en el que ya ni el respeto ni las disculpas sean buscadas, en cuanto que en el mismo las vejaciones y traumas de la población indígena ya habrían sido tratadas y seguirían siendo abordadas.
Algunos programas o acciones que representan esta movilización social son la elaboración del Uluru Statement from the Heart, como petición de reforma constitucional; la configuración de sistemas de apoyo a nivel psicológico y de integración social para la población aborigen, como el Localities Embracing and Accepting Diversity; y la participación y liderazgo en proyectos de ámbito nacional como el de conservación medioambiental en las Áreas Indígenas Protegidas, un conjunto de 75 reservas con una extensión de 65 millones de hectáreas que se encuentran bajo administración de las comunidades aborígenes locales.
Para comprender se ha de ir más allá
Tras este último punto, subrayar que la intención de un artículo de estas características no es el mero traslado de una narrativa o una realidad, sino que el propósito final es concienciar, además de forzar al lector a reflexionar de la misma manera que lo hace quien investiga, pues a menudo para comprender, se ha de indagar más allá de lo subliminal. Una consideración aplicable concretamente al propio legado aborigen, ya que la imagen que siempre nos ha llegado de la presente Australia dista en sobremanera de aquella en la que viven las primeras naciones, de ahí que sea indispensable recapitular y reconocer el pasado y los avances del presente, a fin de que atrocidades e injerencias como las sufridas no caigan en el olvido, y se pueda conformar un futuro consciente de lo vivido en el que la autodeterminación, el reconocimiento cultural, la provisión de recursos y la no discriminación no sean conceptos ajenos al sistema.




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